Sábado 10 de diciembre de 2016,
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Creo en tí

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La soledad de la marginación y exclusión hacia una niña que hoy cumple 13 años

Hoy hace 13 años que nació un ser muy especial, curiosamente prevista meses antes por una extraña intuición personal que no puedo explicar. El caso es que apareció en mi vida una preciosa niña de ojos verdes oscuros; de mirada tímida (hoy día ya asustadiza por las vivencias de la niña) pero llamativa y profunda; exageradamente despistada, pero muy inteligente y serena.

Hoy cumple 13 años esa excelente, noble e ingenua joven que nunca hizo ni habló mal de nadie, ni siquiera un simple ademán de rencor, a pesar de ser el blanco frecuente de muchas burlas y marginaciones. Sólo se pregunta por qué le pasa siempre a ella, por qué muchos mayores que decían unas cosas luego hacían lo contrario, refiriéndose a supuestos “conductores de su aprendizaje”, que cobardemente, una y otra vez, la exiliaron.

Hoy cumple 13 años esa excelente, noble e ingenua joven que nunca hizo ni habló mal de nadie, a pesar de ser el blanco frecuente de muchas burlas y marginaciones

Hoy, tras 13 años de caminar en su, aún, breve viaje, sigue siendo incomprendida por una multitud que le continúa dando la espalda y la desprecia; lo que ha dado lugar a que demasiadas veces siga perdida y desubicada en esta absurda y vacía sociedad que le ha tocado sufrir y de la que se siente nada partícipe; pues tiene entre sus enemigos a un débil desarrollo de la empatía, del lenguaje interno, los dobles sentidos e incluso de la malicia propia de los seres que hoy día frecuentan esta selva competitiva y de trepas sin escrúpulos.

Hoy, a pesar de sus ya 13 otoños, sólo sigue teniendo como compañía, además de a su escasa familia, a una acompañante que jamás la ha abandonado, a pesar de no ser ni invitada ni bien recibida, pero desgraciadamente, ya eternamente presente; aún a sabiendas que esta compañía ingrata, dañina y tirana seguirá en su vida durante demasiado tiempo, me temo.

Hoy, a escasas horas de esa celebración, celebración obligada lamentablemente a ser muy discreta, mínima, íntima y reservada por el aislamiento, falta de apoyo e incomprensión hacia esa niña, escribo estas palabras, haciendo un pequeño paréntesis, tras intentar ayudar a este ser tan especial a resolver su día a día; en este caso académicamente, planificando y resumiendo determinados materiales para su mejor comprensión y  aprendizaje, sabiendo que el regalo que ella se merece es muchísimo mayor que el escasísimo coro que le cantaremos ‘cumpleaños feliz’, donde esa invitada eterna y sordomuda, pero despreciada, de la que antes hablé, ni cantará ni soplará ni sonreirá a esa niña que ya va convirtiéndose en mujer. Y es que su mayor compañía, como ya lo fuese desde su más tierna edad es la impuesta y obligada soledad, aquella que nada infrecuentemente le recuerda y produce el llanto amargo de saberse sin amig@s, sin compañía grupal.

Espero que sepas perdonarme por prometerte que conseguiríamos esa amistad que tanto anhelas; eso y mucho más, a pesar de que nada aún logré y que ayer mismo lamentabas con el dolor de quien se siente sola, vapuleada y rota, esa falta de cariño y amistad con tus lágrimas amargas.

Espero que, al menos, sepas que seguiré luchando y confiando en ello.

Y es que creo en ti.

Silvia, hija mía, va por ti.


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