Jueves 27 de marzo de 2014,
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Crónicas de un viaje a Bolivia. Sucre

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El recorrido por Sucre incluye el mejor alojamiento por el momento, huellas del pasado en forma de pisadas de dinosaurios, libros y nuevas caras para el recuerdo

[span class=doc]Este artículo forma parte de una serie. Al final del mismo encontrarás los enlaces a las partes anteriores[/span]

Casa de huéspedes
Su apellido me recuerda un terremoto. Nació en Austria y llegó a Bolivia hace décadas. Aquí conoció a Tania y tuvieron a Basti, un chico silencioso que juguetea en los tejados de la casa de huéspedes ‘Al Tronco’: el reino de Ebo Richter.

A unos 200 metros están las huellas de los dinosaurios. Se entiende que por ese imnenso farallón caminaron Anquilosaurios, Terópodos, etc.

Apenas llegamos, Ebo nos entrega un libro escrito por su puño en el cual relata la historia de la casa e indica los lugares imperdibles de Sucre. Marina ha permanecido callada desde que partimos de Potosí. Ahora, cuando descubre la luminosa y amplia cocina, se asombra pero no dice nada.

Ebo nos deja a solas. Marina sale a la terraza y yo ojeo un álbum que encontré sobre una mesa. Son fotos caseras: Tania y Ebo en el living, Basti en el patio, etc. Pasan páginas. Una imagen me frena de golpe: Ebo, sonriendo, posa desnudo mientras cocina un bistec. Tiene el trasero blanco y lampiño.

Huellas del pasado
- No se ve nada- dice Marina.

A unos 200 metros están las huellas de los dinosaurios. Se entiende que por ese inmenso farallón (una pared de 100 metros de alto y más de un kilómetro de ancho) caminaron Anquilosaurios, Terópodos, etc. Y dejaron más de 5.000 huellas para la posteridad. Es decir, estamos ante una carretera de la prehistoria. El problema es que si no se usan prismáticos sólo se aprecian unas insignificantes manchitas a lo lejos.

Seguimos dando vueltas por el ‘Parque Cretácico’. Han instalado réplicas a escala natural de una serie de dinosaurios. El más solicitado es el Brontosaurio. Los turistas se sacan fotos debajo de sus colosales piernas de fibra de vidrio. Todo se parece demasiado a ‘Jurassic Park’. Pronto Marina quiere regresar a la casa.

Otros habitantes
Los ojos de Tina son azules y su rostro serio demuestra que ella es capaz de abandonar su natal Eslovenia, viajar cuarenta días en barco, internarse en la selva o renunciar al hombre de su vida, porque era un borracho. Tina es periodista y vive en el último piso de la casa. Se pasea en bata y escribe sus notas en la cocina. “Aquí tengo el calor de las ollas”, le dice a Marina. Ambas leyeron ‘Mujeres que corren con los lobos’ y quizás por eso en poco tiempo comparten las historias de sus vidas. Dos meses ha permanecido la eslovena en Sucre. Tiempo suficiente para saber que en el Mercado campesino se vende la mejor ropa usada o que Marina no puede  dejar  de comprar tejidos de Tarabuco.

Un libro
Salgo de la cocina y camino hacia el centro por calles empedradas. Comienza a llover. La gente corre en busca de un techo. Yo entro a una galería donde hay una feria de libros. Repaso con la vista los títulos. Uno atrapa mi atención: ‘Borracho estaba, pero me acuerdo’. Siempre, antes de comprar un libro, leo la primera página. Ésta me golpea al mentón. Victor Hugo Viscarra se va en el bolsillo de mi corta vientos.

Un baño de luna
A punto de abrir la puerta de nuestra habitación alguien me habla:

- Hola, Diego. Hermosa noche, ¿viste la luna?

Yo miro hacia arriba y aprecio una pelota blanca en el firmamento.

Ebo observa las luces del casco colonial desde la terraza de su pieza.

- ¿Te sirvieron los libros que te presté?

- Sí, están muy interesantes.- le contesto y apurado abro la puerta.

Afuera queda Ebo y los rayos de luna acariciando su cuerpo desnudo.

Pequeños planetas
Tina se despide de Marina como si fueran hermanas. Luego, agradecemos a Ebo, porque éste ha sido el mejor lugar en el que nos hemos alojado. En el taxi pienso en pequeños planetas vistos a través de la ventana de una nave espacial. Mundos que sólo podremos vislumbrar durante un instante y luego desaparecerán en el rotundo universo.

Nos vamos a la Paz. Marina aún no me ha perdonado el asunto del anillo.

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3 Comentarios

  1. Anónimo 04/03/2010 en 15:16

    es muy interensante tal como narra,tranmite al lestor la sensacion de vivirlo como si estubiera alli dejando huella en la persona al igual q eso saurios en el pasado y el tiempo no a borrado como tu relato,dificil de olvidar, maxime teniendo el pueblo un nombre tan dulce”SUCRE”das una leccion de historia relatando lo que paso alli me encanta la forma en que relatas lo sucedido,de una manera virtual ilustra al lector lo q alli sucede y sucedio.
    mostrando un grupo de amigos tal como son,me fascina tu forma de ver el mundo empezaste por sucre y pronto relataras lo que paso el la luna,animo i sigue con tus relatos son buenisimos.

  2. Anónimo 03/03/2010 en 18:52

    esta buenisismo todo esto, muy interesante, seria una experiencia totalmente nueva e inolvidable.

  3. Anónimo 03/03/2010 en 18:31

    Muy buen archivo escribes muy bien y me translade a bolivia con tan solo leer tu articulo, que tengas mucho exito y te deseo lo mejor sigue haciendo articulos asi de interesantes :)

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