Miércoles 07 de diciembre de 2016,
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Cuando empiezo a teclear en mi PC

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El primer ordenador digital del siglo XX, el ‘Univac’, fue desarrollado en la Universidad de Pensilvania (EE.UU.) por J.P. Eckert y J.W. Mauchlyl. Presentado públicamente el 15 de febrero de 1946, pesaba 30 toneladas y ocupaba un piso

Estamos siendo continuamente hostigados por las nuevas tecnologías que nos manifiestan -día y noche, noche y día- qué debemos hacer y qué no debemos hacer, si es bueno y cómo trabajar desde casa para ahorrarnos tiempo y gastos de desplazamientos, como si el permanecer en nuestros hogares fuese algo beneficioso y provechoso para nuestra vida afectiva, dado que la soledad que advertimos en los rostros de nuestros semejantes es visible todos los días que acudimos a desempeñar nuestras cotidianos trabajos.

Puedo y debo decir que mi ordenador es mi amigo. “El que tiene un verdadero amigo puede afirmar que posee dos almas”. A. Graf, Ecce homo, 243

Y es que el/la hombre/mujer es sociable por naturaleza, y nos damos cuenta perfectamente de que los aparatos tecnológicos del día a día están cambiando de formas y maneras drásticas nuestros comportamientos personales y para con los demás: soledad y más soledad en el interior de nuestros humanos corazones.

La burocracia cada día crece a pasos agigantados, se complica y nos complica al mismo tiempo. Hemos de hacer mil gestiones para resolver la más sencilla de nuestras rutinarias tareas: comprar un coche, gestionar un préstamo para la adquisición de un piso, obtener el DNI (documento nacional de identidad), tramitar y recoger un simple padrón municipal, etc. Y no digamos -más debo decirlo- el arduo trabajo que nos supone hacer, y hablo concretamente de los españoles, la declaración de Hacienda de todos los años del Señor (cada vez más complicada, con apartados bastante confusos para el españolito medio y más que medio), para la que precisamos interpretar y no equivocarnos en el monto de lo que ganamos y lo que gastamos: papeles, datos, y más papeles para no cambiar y guardar, al menos, durante un período de cinco años por si el ministerio de Hacienda así nos lo solicitase para cualquier comprobación rutinaria.

Porque cuando apago la luz de la mesita de noche, al objeto de dormir unas pocas horas -son pocas las horas de sueño que se aprovechan, y nos tenemos que amparar en los ansiolíticos del grupo de las benzodiacepinas (léase trankimacin, lexatín, Diacepan, orfidal, dorken, etc., etc.), que casi todo el mundo toma, mi cerebro que no duerme –y saliendo de la noche oscura de mis pensamientos– entre sueños y ensueños, me habla y me recuerda qué he de hacer mañana. Me habla y me recuerda los peces de mil colores; de la mujer asesinada por su pareja sentimental sin que nadie ponga solución efectiva a estas muertas violentas, etc.

Me habla y me recuerda que he tenido un día francamente penoso: hablar con amigos que no lo son, saludar a personas que casi no conozco, recomendar a ciertos jóvenes –tunantes por naturaleza– que se presentan  a oposiciones del Estado (lo cual hice por mero compromiso, aunque no puse mucho interés en tales recomendaciones, y entiendo que resultarán ineficaces), escuchar mentiras que luego se convertirán en verdades.

Me habla y me recuerda que he tenido un día francamente penoso: hablar con amigos que no lo son, saludar a personas que casi no conozco, escuchar mentiras que luego se convertirán en verdades

Siento, a veces, las pisadas de alguien que camina cerca de mí, y creo –ilusión perdida- que me están espiando, que saben –algo o todo– de mi cita que tuve ayer con la señorita, por así llamarla, dado que está casada, con marido y escopeta, con escopeta y marido.

No tropecé con almas que amé –hombres y mujeres, compañeros míos–, porque habían fallecido. Y pensar que pude haber sido el último hombre/mujer sobre la tierra, si al salir por la mañana temprano la ciudad estuviera ya muerta… Y pensar que pude haber sido el último hombre/mujer sobre la tierra, sin llegar a tener el tiempo necesario para escribir mi último poema. ¡Día infeliz el por mí pasado!

Pero cuando empiezo a teclear en mi PC, y a la mañana siguiente, me enseña tantas y tantas cosas… El primer ordenador digital del siglo XX, el ‘UNIVAC I‘, fue desarrollado en la Universidad de Pensilvania (EE.UU.) por J.P. Eckert y J.W. Mauchlyl. Presentado públicamente el 15 de febrero de 1946, pesaba 30 toneladas y ocupaba un piso. Puedo y debo decir que mi ordenador es mi amigo. “El que tiene un verdadero amigo puede afirmar que posee dos almas”. A.Graf, Ecce homo, 243.

En nuestros días, menos de 65 años después, existe ya el ordenador personal del tamaño de un folio que, al abrirse en forma de libro, muestra una base o teclado y una pantalla visionaria de todas las operaciones llevadas a cabo por el mismo. ¡Algo maravilloso! El adelanto, en cuanto a la técnica y su funcionamiento, ha sido enorme: sí, es cierto que suprimió puestos de trabajo, pero no es menos cierto que, a la larga, creará muchos más.

Los prodigios de esta máquina maravillosa son incalculables, y para muestra un botón: unas obras completas de William Shakespeare, que en un libro cualquiera viene a ocupar 2.200 páginas en papel Biblia, puede almacenarse en varios ‘disquetes’. Este soporte hoy está en desuso, y eran de un tamaño parecido a los casetes, hoy por hoy nos podemos valer de DVD para este menester. ¡Increíble!

Ahora está pasado que nadamos en informaciones, por lo que los consumidores de prensa, radio, televisión e Internet corren el riesgo de atiborrarse con exceso de las mismas

El cerebro humano, ese gran centro nervioso insustituible, contiene 100 billones de conexiones perfectamente sincronizadas, pero para aprender de memoria las obras anteriormente mencionadas, sin duda, necesitaría más de 4 años. Debemos reconocer que nuestra querida máquina trabaja con la información suministrada por la mano de su descubridor –el hombre/mujer-, sin la cual sería un mero juguete; no omitamos que funciona mediante hilo telefónico, y cuando las líneas están sobrecargas queda paralizado.

A nuestro amigo ‘El Ordenador’ o ‘Computadora’ tenemos que considerarlo como un valioso auxiliar de nuestra inteligencia; cada día necesitamos más conocimientos para sobrevivir y poder ayudar a nuestros semejantes. Por amistad se adquieren conocimientos, que sin concurso de ella serían caros y tardíos.

¡Ah, se me olvidaba!, el ‘milagro’ logrado por este aparato –almacén de datos–, se ha logrado, conseguido, gracias al ‘chip’ –circuito electrónico de tamaño diminuto–, que hoy ya ofrece garantía plena de fiabilidad tecnológica.

El mundo sigue caminando –corre que vuela– y ya apareció en nuestras pantallas el amplio espectáculo que es Internet. Hay que navegar con un rumbo prefijado, no vaya a ser que temibles piratas entren en las amplias carreteras-mares-espacios aéreos que se ven y se vislumbran en Internet. Mas ahora está pasado que nadamos en informaciones, por lo que los consumidores de prensa, radio, televisión e Internet corren el riesgo de atiborrarse con exceso de las mismas. Y bueno es que los particulares, las empresas, los poderes públicos, etc., traten de influenciar en la opinión pública, pero siempre ha de hacerse bajo dos premisas importantísimas: veracidad y limpieza. Pero la realidad es que éstas deben adornar todo el currículum vitae de cualquier periodista que se considere como tal, y que sea leal a sus convicciones y deontología periodística.

Habría de hacerse un seguimiento sobre Blogueros/as y Webs privadas: si existe un filtro –que no digo censura– para la Prensa profesional, uno se pregunta por qué no para ellos, y para los que escribimos en Internet tratando en todo momento de entretener. Ya no digo enseñar: esto es más difícil. Hoy todos entendemos que Internet está fuera de todo control. Desde luego abogo por la libertad de opinión y la libertad de expresión, pero respetando unas reglas de juego éticas y profesionales.

Mariano Cabrero es escritor


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Sobre el autor

(...)He nacido en Madrid, 8 de Noviembre de 1938. Estoy casado y con dos hijos. Soy esscritor, poeta y ensayista. Funcionario de La Administración del Estado(escala Ejecutiva), jubilado, pero con unas ansias enormes de seguir escribiendo para aprender de los demás. Informar, tratar de ilustrar y entretener forman parte de mi bagaje cultural, que renuevo a diario. Y en todo momento trato de transmitir tranquilidad y esperanza a la sociedad actual: todo dentro de una ética periodística adecuada a cada momento. Busco como articulista el informar cuanto antes lo que acontece a mi alrededor. Lo demuestro con mis humildes obras( hijos propios salidos de mis sueños): "Periodismo: ¡Difícil profesión!" (1995) y "Mi compromiso con el periodismo" (1998). Intento penetrar en el difícil mundo de la poesía, y lo lleva a cabo con silencios, diálogos con muertos y con la exaltación del amor a la mujer: el ser más maravilloso sobre la tierra. Trato de demostralo con mis libros de poemas : “Reminiscencias de mi juventud, Poemas" (1994), "Miscelánea de muertes, sueñosy recuerdos, poemas" (1995), "La realidad de mis silencios, poemas" (1997) y "La travesía de la vida, poemas" (2001).Siempre escribo para aprender de los demás, de sus críticas, de sus consejos...He tratado de no mentir, más uno lo haría en dos casos muy concretos: a) para salvar la vida de un ser humano, y b) para elogiar la belleza de una mujer –parto de la base de que para uno existen tan sólo mujeres menos guapas, pues toda mujer tiene su encanto...-.

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