Viernes 30 de septiembre de 2016,
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Darwin: la desconocida capital de los territorios australianos del norte

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Cullen Bay

Cullen Bay

FOTORREPORTAJE / Situada en una zona costera del norte del país, Darwin se encuentra a muy pocos kilómetros de los espectaculares parques nacionales de Litchfield y Kakadu

Por regla general todos aquellos turistas que se acercan hasta esta población lo suelen hacer para visitar los magníficos parques naturales de Litchfield y Kakadu, o paisajes con encanto como por ejemplo los de Katherine Gorge. No obstante lo que el viajero debería saber antes de visitar esta zona es que esta pequeña ciudad, pese a no ser en absoluto espectacular, bien merece una visita puesto que sin lugar a dudas existen diferentes zonas de la misma que tienen un peculiar encanto.

Darwin está construida de forma horizontal y no vertical, es decir, que la mayoría de sus edificaciones son de pocas alturas

Así pues, les recomendaría que empezaran la visita por ‘The Mall’, en pleno corazón de la ciudad. Allí encontrarán por una parte Mitchell Street, en donde las tiendas, bares y lugares de ocio se suceden uno tras otro, mientras que si toman la calle Smith en dirección al ‘Waterfront’, hallarán un coqueto puerto en el cual podrán disfrutar de una pequeña playa artificial para los más pequeños e incluso de una piscina de olas que hará las delicias tanto de niños como de mayores. Todo ello, evidentemente, rodeado de un sinfín de bares y restaurantes, así como también de una gran extensión de césped y árboles para poder relajarse del ajetreo urbano. Aunque bien pensado, esta no es una ciudad en absoluto estresante, ya que a su reducida población hay que añadir que Darwin está construida de forma horizontal y no vertical, es decir, que la mayoría de sus edificaciones son de pocas alturas y entre ellas casi siempre hay zonas ajardinadas y grandes explanadas que sirven de parking para los vehículos a motor. Sí, aquí casi todo el mundo se desplaza a cualquier parte de la ciudad en coche, por lo que a excepción de las ya mencionadas calles Mitchell y Smith, y alguna que otra más, en la mayor parte de sus amplias avenidas tan sólo encontrarán turismos, autobuses y alguna que otra motocicleta.

Otra buena opción que tienen en Darwin es dar un relajado paseo a la hora del atardecer por la llamada ‘Esplanade’, paralela a la calle Mitchell, pues desde allí contemplarán una espectacular y cautivadora puesta de sol. Aunque eso sí, para verdaderamente espectacular, no deben perderse en absoluto el atardecer desde la playa de Mindil Beach. Los jueves y domingos de 17 a 22 horas, esta bonita playa acoge un encantador mercadillo callejero en donde los puestos de comida, artesanía y souvenirs de todo tipo se suceden unos tras otros mientras sus oídos se relajarán al son de los músicos callejeros y su mirada se regocijará admirando las proezas de los ‘faquires’ o de los malabaristas nocturnos.

Sí, Darwin tiene rincones que bien merecen ser visitados y admirados, pues a estos que les acabo de resumir brevemente deberíamos también añadir la coqueta Bahía de Cullen Bay y los magníficos jardines botánicos de George Brown que, sin ninguna duda, merecen una visita antes de que en los días sucesivos dirijan sus pasos hacia los magníficos parque naturales que rodean a la capital de ‘los territorios del Norte’.

Para verdaderamente espectacular, no deben perderse en absoluto el atardecer desde la playa de Mindil Beach

Y ya para acabar, un último pero significativo apunte. Si tienen pensado viajar por esta zona del mundo, puesto que el planeta nos pertenece a todos los seres humanos sin excepción, no se asusten si tanto al entrar o al salir del país en los controles policiales australianos les hacen un sinfín de preguntas, les registran exhaustivamente e incluso les entran en una pequeña sala para hacerles un interrogatorio, pues al menos por lo que parece, este país además de estar separado del mundo de una forma geográfica, también lo está en cuestiones de seguridad. Por la expresión de sus caras y sus gestos, hay algunas policías que más que agentes de aduanas parecen carceleras, y continuamente están haciendo entrar a las salas a personas con aspecto totalmente normal y tan sólo para que otros agentes les pregunten cosas del estilo de si ya tienen, por ejemplo, los billetes de regreso a su país, cosa que pueden hacer perfectamente ellas evitando así el correspondiente susto que se lleva el viajero.

Cuando yo visité este país, en cuestión de tres o cuatro minutos les pusieron problemas a un matrimonio de franceses con sus dos hijas adolescentes (incomprensiblemente dejaban entrar a los padres pero no a las menores), a una pareja de italianos (a uno lo dejaban entrar directamente y al otro lo hacían pasar a la sala), y también a una familia de españoles que a pesar de pasar el control los tres juntos, a la mujer y a la hija les sellaron el pasaporte de inmediato pero sólo a él le dijeron que debía entrar en la sala para preguntarle simplemente si tenía su billete de regreso, cosa que ni tan siquiera llegó a mostrar puesto que, por su aspecto tan normal, al decir que sí lo llevaba este segundo agente de aduanas le insistió repetidamente en que no se tomara la molestia de sacarlo de su cartera pues creyó a pies juntillas sus palabras.

Bien, pues he querido hacerles esta pequeña matización para que no se asusten si les entran en una sala o les dicen que tienen que pasar un aleatorio control especial por si llevan explosivos en su equipaje de mano (curiosamente después de haber pasado ya un riguroso control policial). La verdad es que jamás había tenido que pasar tantos controles seguidos (uno de ellos consistía en cachearme para comprobar si llevaba agua), ya que ni tan siquiera al entrar en los EE.UU., los cuales presumen actualmente de tener un buen sistema de seguridad, me tuve que someter a tantas molestias y a los males modales de alguna que otra policía. Incluso a la salida de Australia en dirección a Singapur me preguntaron que cuántos días pensaba estar precisamente en dicha Ciudad-Estado (¿y qué les importa a ellos, si ya he salido de su país, los días que yo pueda pasar en Singapur?).

No se asusten si tanto al entrar o al salir del país en los controles policiales australianos les hacen un sinfín de preguntas

En fin, como les decía, y al menos por lo que parece, algunos de estos agentes además de estar separados del mundo de forma geográfica también lo están a nivel de mentalidad, pues da la impresión de que todo el mundo es sospechoso para su propia seguridad. Yo les recomendaría que viajasen más, que saliesen más al exterior y que comprobasen que el resto del planeta no está urdiendo continuos complots contra ellos, y más si quieren fomentar una fuente de ingresos tan importante para cualquier país como es el caso del turismo.

Sí, a estos agentes de aduanas les recomendaría que viajasen, pues viajar no es tan sólo disfrutar o aprender geografía, sino que viajando se abre la mente y se aprende a ser más tolerante al comprender que lo diferente o lo desconocido no tiene por qué ser peligroso o dañino, y que con amabilidad y una sonrisa sincera se consiguen muchas más cosas de las que en un principio uno se puede llegar a imaginar.

Víctor J. Maicas es escritor

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Editado por la Redacción:
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Sobre el autor

Viajero incansable y escritor, mis novelas publicadas son “La playa de Rebeca”, “La República dependiente de Mavisaj”,“Año 2112. El mundo de Godal” y "Mario y el reflejo de la luz sobre la oscuridad". Son, principalmente, novelas comprometidas y de crítica social. Además, he escrito artículos para la prensa escrita así como también para diferentes publicaciones digitales. En la actualidad soy miembro del Consell de Cultura de la ugt-pv y socio o colaborador de diferentes ONG’s

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