Viernes 09 de diciembre de 2016,
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De ascos y excrementos

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OPINIÓN/ El Presidente extremeño, Fernández Vara, cita en su blog de la palabra “Asco”. Nos adentramos en ella

Por error con uno de mis blogs, acabo de entrar en otro muy visitado: el del presidente autonómico extremeño, Guillermo Fernández Vara. Aunque ya no me sorprende nada de este gobierno extremeño, de su dirigente e incluso de quienes quieren sucederle, he de decir que cuando leo:

[blockquote]IV QUEDADA. Asco.

(…) Por otra parte, una noticia de las que pasan inadvertidas por el gran público. En Alemania se ha valorado en 50.000 los niños que sufrieron palizas, escarmientos humillantes, vejaciones, abusos sexuales, tranquilizantes en las comidas y trabajos forzados entre 1950 y 1975 en los orfanatos . Sin más comentario que mi asco y mi repulsa.
Un abrazote
Guillermo”[/blockquote]

 

… no me queda más remedio que recordar a este ‘pájaro blanco’ (consúltese aquí) lo que representa la palabra ‘asco’:

 

Asco.

(De asqueroso).

m. Alteración del estómago causada por la repugnancia que se tiene a algo que incita a vómito.

 

Como ese asco que sentí en mi interior el pasado 21 de abril, al comprobar quien representaba a la Comunidad Autónoma Extremeña, cuando tuve que tragar in situ, en una absurda reunión, que no “quedada” (pues no fui yo quien la solicitó) la nula preocupación, banalización e insensibilidad hacia los derechos de una niña maltratada y vejada, sometida al destierro de tenerse que quedar sin un colegio que la admitiese y llevase a la praxis lo que la famosa L.O.E.  contempla para alumnado con necesidades educativas específicas, así como el más elemental respeto al honor y dignidad hacia una niña (Repásese: ¿Saben de quién hablo?).

 

Asco repugnante y con un alto grado de vergüenza ajena por contemplar la mala siesta del ‘mirlo blanco’, del perdido ignorante que trivializaba con la asquerosa y ruin fórmula de que ante injusticias acudiese a la vía judicial; no habiéndose enterado de que incluso ésta se me había denegado en múltiples ocasiones: unas veces por el intento represivo y obstruccionista de negarme justicia gratuita; otras con el condicionamiento de una Fiscalía medrada por lo que denunciaba; no a un colegio determinado, sino a varios y a todos aquellos cargos y cuerpos represivos del Sistema Educativo que sustentaban informes falsos, narraciones polucionadas y con una enorme carga de falacias y errores fácilmente comprobables, pero que eran pasados por alto cual banal cuestión, pues sólo se trataba de una vulgar jodida niña y su familia frente a la todopoderosa, “virginal y sacrosanta” institución regional extremeña.

 

Asco.

m. Impresión desagradable causada por algo que repugna.

 

Como ese asco obligado tras desnudar de compromisos a quien incómodamente se escudaba en una justicia, que nunca puede serlo porque llega muy tarde si lo hace, o nunca llega porque no hay medios, ni ética, ni equilibrio e igualdad social.

 

No hacer frente a posibles injusticias (hablamos en este caso de injusticias muy graves sobre menores en clara situación de riesgo social, afectivo y psicológico) y mostrar la enorme desidia de lavarse las manos en una sucia palangana de escandalosa agua sucia pública es ética y deontologicamente complaciente y cómplice; por ende cobarde. Cobardía con un tinte que salpica, como ese asco maloliente, producto del desagradable y embustero hedor que envuelve a bellacos y mierdas.

 

m. coloq. miedo.

 

Miedo.

(Del lat. metus).

m. Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario.

 

Como ese miedo, resultado del asco que fluye sin saberlo ni quererlo, al comprobar desanimadamente en qué manos estamos; y lo peor, nuestros vástagos ante afrentas y violaciones de los más elementales derechos humanos, pero que lejos de alertar y preocupar son ninguneados y despreciados mientras se tiran balones fuera, pues no se estaba ni se está preparado para afrontar el deber de quien debería exigir que se cumplan con dignidad y empatía las necesidades de una niña.

 

Asco, mucho asco, siento en estos momentos que con miedo y terror temo sigan estos mierdas dirigiéndonos; mierdas de distintos olores, texturas y formas, procedan de una u otra parte del arco parlamentario, pero en definitiva, mierdas. Asco por tanto obligado, pues mi desánimo por este angustioso daño real a mi hija y mi familia son notorios y continuados.

 

Aún a sabiendas de saber que me la juego en este caprichoso puzzle, mal denominado sistema democrático, donde las normas se targiversan al antojo y capricho de quienes las violan, modifican y permutan; los mismos que se denominan ejecutores institucionales, espero que éstos sepan discernir entre la mierda ecológica y estiércol de la otra; adjetiva y calificadora de quien no sabe, ni quiere ni admite una mínima transparencia (de esos personajes que se descalifican a sí mismos).

 

Quede pues constancia de la necesidad mínima de una adecuada comprensión lectora; esa que parece estar viuda entre tanto y tanto trepa y deficitario de una mínima ética ante compromisos con la ciudadanía y, en este caso, con la infancia, de la que este ‘pájaro encantado’, en este caso, comenta tan ‘preocupadamente’ en ese artículo de su reveladora bitácora de achuchones descafeinados, en forma de “abrazotes”.

 

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