Martes 06 de diciembre de 2016,
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De la ciudad al pueblo, como una maldición

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El paro, los deshaucios y los precios de la vivienda están ‘obligando’ a una parte de la población a emigrar al campo

El paro y los desahucios, fundamentalmente, están prodigando un cambio de actitudes, la necesidad de abandonar las ciudades para vivir en pueblos que, la mayoría de las veces, no llegan a mil habitantes. Lo que en un principio obedece a una necesidad real, o medida de urgencia, acaba convirtiéndose en un arma de doble filo.

Es cierto que existe una manipulación encubierta hacia la ciudadanía, mayormente dirigida a los emigrantes, para ocupar o poblar zonas rurales con escasas posibilidades de incorporación a la vida real. Los precios de adquisición de vivienda, o bien de alquiler, resultan irrisorios, recursos fáciles para las inmobiliarias sabedoras de un filón del que poder tomar nota y obtener suculentos ingresos.

Aterrizar en algunos pueblos puede suponer enfrentarse al aislamiento, la falta de inquietudes, el anacronismo o la desconfianza

A río revuelto, ganancia de pescadores. El gobierno, como benefactor de estas medidas, pretende ignorar las desventajas morales, psicológicas y sociales que genera dicho cambio, aprovechando subvenciones de la UE e incentivando el autoempleo, en unas condiciones que resultarán dificilísimas y hasta imposibles.

Aterrizar en un pueblo de estas características supondrá enfrentarte a una población pequeña que, nada más empezar, despreciará al ‘forastero’. Asumir el caciquismo y la tiranía de la alcaldía, que vigilará tus pasos con la intención de adivinar la ideología política, y de si su voto cae en saco roto, para darte o no trabajo después. Mostrar abiertamente las tendencias sexuales originará conflictos insalvables. La dificultad de enormes distancias solo suplidas con coche, el aislamiento, la falta de inquietudes, el anacronismo, la desconfianza ante lo diferente o novedoso, son algunos de los factores que limitarán el ritmo cotidiano y asfixiante del supuesto cambio ‘dorado’.

Decía José Martí, “cuando los pueblos emigran, los gobernantes sobran”. Resulta evidente la falta de rigor e inoperancia del gobierno pretendiendo vender paraísos inexistentes a una abrumadora masa desfavorecida por las circunstancias que, en busca de un milagro, creerá a pies juntillas, nuevas alternativas y falacias de tres al cuarto. Magnífica forma de silenciar y eludir problemas desgastando la moral e iniciativas de familias o individuos que dejarán la piel en su intento por sobrevivir, acumulando, si cabe, aún más, humillaciones, desprecios y amenazas, de un pueblo que nunca fue suyo, ni lo pretendieron.

Charlie Pujol


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