Jueves 03 de abril de 2014,
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De la vida y sus antojos

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OPINIÓN/ La negación de la naturaleza humana no deja sino hipocresías, moralismo fariseo y una colosal ridiculez

Se me antoja degustar.

A los 21 años se puede llegar a considerar que es esencial antojarse de la vida, pero es más importante aún no quedarse en el antojo sino pasar a degustar, a ver si después del deguste, gusta usted seguir con lo mismo. No estoy diciendo que esto sea bueno o malo, simplemente considero que en la vida hay que probar muchas cosas a ver si le agradan: “probar, la tierra caliente y la tierra fría, los poemas y la prosa, lo dulce y lo salado. Y después de probar uno decide si eso se acomoda a su vida, a sus inclinaciones, a su gusto, a lo que quiere seguir siendo y haciendo”.

“Hay que tener cuidado de no combatir con demasiado ahínco los propios defectos, porque éstos tienen su gracia escondida. Uno es mal juez de sí mismo”

Dejar atrás los miedos y permitirse cosas. Permitirse decir y vivir cosas que de pronto lo hagan a uno arrepentirse cuando esté viejo, cuando no se puedan hacer, esas cosas que generarían abatimiento, cuando ya las rodillas sufran dolor para ir a cualquier sitio, cuando ya nadie quiera simplemente estar con usted. Pero igual lo ha hecho. Luchar cada día por ser y existir, luchar cada día por vencer esos frenos, luchar cada día por que fluya lo que se siente. ¿Si volviera a vivir? bueno… “volvería a hacer las cosas que hice. Porque uno es como es ¿no? Y además mis errores y mis aciertos son lo que me han llevado a ser lo que soy hoy”.

Y a propósito de los defectos, bueno, como diría uno de mis escritores favoritos, Héctor Abad Faciolince, ”hay que tener cuidado de no combatir con demasiado ahínco los propios defectos, porque éstos tienen su gracia escondida. Uno es mal juez de sí mismo. Pensemos en esto: nuestros amigos más queridos, sin los defectos que les son característicos, perderían la mitad de su encanto. Lo que somos, lo somos también, y en buena medida, por nuestros defectos. El que tenga un defecto, que lo cuide. He conocido personas que, de tanto vapulear su vanidad, se quedan sin amor propio. Mujeres que por domar su gula con demasiado esfuerzo, han terminado anoréxicas, y otras que a fuerza de vigilar su buena conducta, se volvieron frígidas”. “Eso es lo humano y así nos crearon. No siempre es sano buscar ser, a toda costa, un dechado de virtudes, que a la larga, es más bien un duchazo de antipatía”.

No olvide que “los besos no son contratos y los regalos no son promesas”, y que las derrotas se enfrentan con la cabeza alta y los ojos abiertos

Así soy yo, llena de virtudes, y defectos: Soy verdad y soy error, soy perdón y soy rencor, insensatez y razón, soy sabia intuición e imprudente pasión, soy así, riesgo y temor, soy mujer, cruel y compasiva a la vez, contradicción, claridad y oscuridad.

Es decir, a lo que quiero llegar con todo esto es a aceptar que en cualquier momento de la vida se puede perder el camino, pero lo importante es llegar al destino con dignidad. A considerar que la familia no es uno. Ésta, junto a uno, compone parte del mundo, pero no es la propia identidad. Es por esto que de vez en cuando puede resultar bueno darse permisos. “Rebelarse contra los demás es más o menos natural, pero no obedecerse a sí mismo es más importante”; no obedecer a esa conciencia excesivamente tiránica en la que a veces nos ha envuelto el propio ego, porque el ego es vanidoso y además peligroso: niega la naturaleza humana. Recordemos entonces que la negación de la naturaleza humana no deja sino hipocresías, moralismo fariseo y una colosal ridiculez.

Ahora bien, pasando al tema de los antojos, mucho ojo con lo que voy a mencionar, me he atrevido a considerar que parte de la liberación de la mujer, una gran parte en realidad, se basa en poder superar los propios escollos que la sociedad puso en el camino. Simplemente permitirse ser mujer es poder gozar sin culpa, sin darle la espalda a la palabra sexo, sin tener que justificar por qué se hace o cuantas veces se hace.

Pero no olvide que “los besos no son contratos y los regalos no son promesas”, y que las derrotas se enfrentan con la cabeza alta y los ojos abiertos. Así que si, a veces usted gusta de un antojo, que no es nada más ni nada menos que un deseo vivo y pasajero de algo, un objeto que aparece frente a los ojos, es mejor que aprenda a “plantar su propio jardín y decorar su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores”.

Entonces recuerde que cuando se pierde el camino siempre es posible llegar al destino con dignidad.


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2 Comentarios

  1. Anónimo 10/09/2010 en 3:20

    Yo por eso no peleo con mis defectos! Me queda claro que están ahí por una buena razón. Engañar a otro es muy fácil, pero a uno mismo.. no lo creo!.. Nice mi bro!!.. Siempre algo bueno que leer sobre ti!

  2. Anónimo 09/09/2010 en 19:38

    Amigaaaa!!!!!! me quito el sombrero!!!
    Realmente cada palabra que has escrito, refleja la realidad de los seres, que aunque nos esforcemos por ocultarla… como sea se abrirá paso nuestra escencia.
    Me siento completamente identificada y decidida a afrontar decisiones.

    Un gran abrazo!!

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