Lunes 26 de septiembre de 2016,
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De Madrid al cielo, pasando por la ‘Cañada Real’

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Todo un mundo separa el Palacio Real de la Cañada Real

Todo un mundo separa el Palacio Real de la Cañada Real

OPINIÓN / La distribución de la riqueza y del poder es absolutamente injusta y para comprobarlo no es necesario salir de nuestras propias ciudades

No hay excusas posibles para no intentar hacer una mejor y más justa redistribución de la riqueza en todo el mundo.

No hace mucho se publicó en Bottup uno de mis artículos cuyo título era ‘Nueva York y los contrastes sociales en pleno primer mundo‘. Pues bien, si algunos piensan que tal situación es excepcional, que miren de puertas hacia adentro y comprobarán que esto es algo habitual en muchos de los países pertenecientes al llamado primer mundo.

En demasiadas ocasiones he escuchado esa afirmación de que “por desgracia, no hay para todos, y unos deben vivir mal para que otros puedan vivir mejor”. Bien, pues si esto fuera algo científico, es decir, que realmente no hay para todos, lo primero que se debería hacer, bajo mi punto de vista, es empezar a controlar de forma lógica y solidaria la natalidad para de esa forma evitar al menos el sufrimiento gratuito de mucha gente que tan sólo nacerá para malvivir en la precariedad y en la miseria más absoluta.

En demasiadas ocasiones he escuchado esa afirmación de que “por desgracia, no hay para todos, y unos deben vivir mal para que otros puedan vivir mejor”

Pero claro, cuando uno empieza a escuchar que sí hay suficientes alimentos (al menos de momento) para todos los que habitamos este planeta, que sí existen también suficientes avances médicos para erradicar muchas enfermedades, que con tan sólo el 1% que se ha destinado para salvar a la banca se hubiese podido eliminar toda la deuda de los organismos de Naciones Unidas destinados a combatir el hambre en el mundo, que con parte del dinero destinado a armamento se podrían mejorar las energías alternativas menos contaminantes, que el 20% de la población mundial consume el 80% de los recursos del planeta frente a ese 80% de seres humanos que tan sólo se reparten el 20% restante, que con sólo el 0,7% de aportación de los países ricos se podría…

Sí, podría llenar páginas y páginas hablando del injusto y mezquino reparto de la riqueza del planeta, y es por tal motivo por el cual me indigno al oír que “debemos ser conscientes de que no hay para todos”. No, evidentemente no hay para todos si en el mundo consentimos que existan ‘milmillonarios’ mientras en determinados continentes las gentes se mueren literalmente de hambre, tampoco habrá para todos si consentimos que sigan existiendo los paraísos fiscales para que, quizá, unos cuantos especulen con ese dinero sobre el precio de los alimentos, y menos aún habrá para los más débiles si los países ricos explotan los recursos naturales de las naciones subdesarrolladas mientras encima muchos se quejan de que hay demasiados inmigrantes en nuestras calles. Y, por supuesto, seguirá sin haber menos para la gente en general si hacemos caso omiso a las reivindicaciones salariales de los trabajadores mientras determinados ejecutivos ingresan millones y millones de euros anualmente, y evidentemente tampoco habrá para todos si… Así es, la lista se puede incrementar probablemente hasta el infinito, y es entonces cuando sí será verdad que no hay para todos (con esta brutal crisis económica originada por la locura económica neoliberal, hasta los ciudadanos del llamado primer mundo están sufriendo ya las consecuencias de ese avaro e injusto reparto de la riqueza).

En realidad no es cierto que no haya para todos, sino que lo que realmente sucede es que probablemente preferimos mirar hacia otro lado

Y es por todo esto por lo que les he recordado el artículo de Nueva York en este que lleva por título ‘De Madrid al cielo, pasando por la Cañada Real’, puesto que en realidad no es cierto que no haya para todos, sino que lo que realmente sucede es que probablemente preferimos mirar hacia otro lado si a nosotros no nos afecta directamente una determinada situación para así, además de no perder ni un sólo miligramo de calidad de vida, no dar opción a nuestra conciencia a rebelarse frente a nuestra pasividad. Una pasividad que, por cierto, no es capaz de inmutarse ni tan siquiera teniendo la realidad a escasos minutos de nuestro hogar, tal y como sucede en Madrid, Nueva York y en tantas y tantas ciudades a lo largo y ancho del mundo. Pero tiempo al tiempo, pues según las últimas estadísticas en España ya existen más de nueve millones de pobres (más del veinte por ciento de la población y eso que estamos entre los países más industrializados del mundo; así que imagínense cómo deben de estar los demás).

¡Vaya!, perdón, se me había olvidado, la Puerta del Sol de Madrid dista apenas unos 14 kilómetros de la Cañada Real, un barrio en donde la miseria y la precariedad campan a sus anchas a tan sólo unos minutos del lujo y la ostentación de unos cuantos privilegiados.

Víctor J. Maicas es escritor

Editado por la Redacción: subtítulo y destacados

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Sobre el autor

Viajero incansable y escritor, mis novelas publicadas son “La playa de Rebeca”, “La República dependiente de Mavisaj”,“Año 2112. El mundo de Godal” y "Mario y el reflejo de la luz sobre la oscuridad". Son, principalmente, novelas comprometidas y de crítica social. Además, he escrito artículos para la prensa escrita así como también para diferentes publicaciones digitales. En la actualidad soy miembro del Consell de Cultura de la ugt-pv y socio o colaborador de diferentes ONG’s

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