Domingo 04 de diciembre de 2016,
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Debería dar marcha atrás

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Debería dar marcha atrás el Ejecutivo francés, que preside Nicolás Sarkozy, por haber establecido, la prohibición del ‘burka’ y el ‘niqab’

Todos sabemos que la integración de los inmigrantes, y concretamente los musulmanes, ha sido bastante mal hecha en todo el continente europeo, pero esta medida prohibitiva, quizás no ayude a solucionar los problemas de éstos.

Prohibir hacer algo a unas personas, equivale en cierta manera a anular libertades de éstas; proponer a las mujeres musulmanas, y por motivos de seguridad para las personas y las cosas, que sigan usando el burka y el niqab pero con la cara descubierta es más razonable y justo: claro está que, de no hacerlo, incurrirían en una ‘falta’ con sanción pecuniaria. Mas nunca ingresarán en ningún centro penitenciario por esta razón… Es mi opinión personal… que puede estar equivocada.

El señor Sarkozy, y con su prohibición del burka y el niqab, posiblemente esté tratando de recuperar lo votos que corren que vuelan hacia Marine Le Pen (abogada y política francesa, y presidenta del Frente Nacional) y la extrema derecha, que defiende ideas xenófobas. El recobrar los votos de éstos, legitima en cierto modo al ‘Frente Nacional’.

Cierto es que en una sociedad abierta y democrática (y la UE los es), hemos de andar con nuestros rostros (caras) al descubierto, al igual que llevamos nuestras partes íntimas tapadas: son normas establecidas que todos debemos respetar. Entiende uno que, quien no sepa respetar éstas, ha de abandonar el país donde reside: es ley de vida y convivencia al mismo tiempo, diría uno.

El señor Sarkozy, con su prohibición del burka y el niqab, posiblemente esté tratando de recuperar lo votos que vuelan hacia Marine Le Pen y la extrema derecha, que defiende ideas xenófobas

Sin embargo, el hecho de que a las mujeres musulmanas -nacidas en Francia- les guste llevar las prendas femeninas citadas con anterioridad, ha de entenderse como un actuación que cae dentro del derecho a la libertad de expresión, que ha de presidir en todas la naciones democráticas. Liberté, égalité, fraternité (‘Libertad, igualdad, fraternidad’): lema oficial de la República francesa.

Vemos con mucha frecuencia, por más que ambicionemos el evitarlo, que estamos tratando a los emigrantes con cierta desidia, arrogancia y, en cierto modo, mala educación: les abrimos unas puertas y les cerramos otras. [Me viene a la memoria el insigne escritor y sacerdote Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), quien dejó escritas -entre muchas obras– una que se conoce por el título de ‘Casa con dos puertas, mala es de guardar’]. Y existen miles de puertas en Europa que están mal abiertas y mal cerradas.

Los flujos y reflujos migratorios son inherentes a la persona humana. Porque no debe existir ley, ni muro… que impidan la entrada de inmigrantes que, mediante el objetivo primordial de alimentar a sus familias, anhelen introducirse en país con mejores perspectivas económicas que el propio. Y, sin embargo, el miedo a la inmigración corre por los países europeos: esto es así de simple. Porque la pura y llana realidad consiste en que hemos establecido unos estereotipos que relacionan la inmigración con la delincuencia, mas hemos de convenir que no todas las personas que llegan a nuestras costas españolas y europeas son delincuentes: las Fuerzas de Seguridad de los Estados europeos, guiadas por sus respectivos ministerios de justicia, son los que tienen que diferenciar entre unos y otros: los emigrantes que vienen a delinquir y aquellos otros que portan en sus pensamientos más íntimos la idea del trabajo por el trabajo.

“Vivimos en el valle de los muertos callejeros”, me decía un viejo amigo -indigente hoy-, que fue antes un estupendo médico inmigrante, y que había ido a dar con sus huesos contra las baldosas de las calles, como consecuencia de un desafortunado desengaño amoroso, que le causó una tremenda depresión, de la que nunca jamás llegó a salir. Y continuó diciéndome: “Aquí, y en el valle de los muertos callejeros, todos somos felices dentro de nuestras vidas sin rumbos fijos. Alguno de mis compañeros fallece, cogido fuertemente a cartones y trastos viejos que se incendian con poco calor, con el calor que puede dar una colilla de tabaco…”.

Vemos con mucha frecuencia, por más que ambicionemos el evitarlo, que estamos tratando a los emigrantes con cierta desidia, arrogancia y, en cierto modo, mala educación

“Mi pobre hijo recoge y come las migajas esparcidas por el suelo, como si fuera un pajarillo abandonado a su suerte. Tiene un cuerpo escuálido pero posee un gran corazón”, terminó afirmando. Ser niño se ha convertido en una esclavitud, y de esto no me cabe la menor duda, que se está fomentado más y más cada día que pasa. Lo vemos con nuestros propios ojos: tantas y tantas son las forma de explotación de menores, a saber: trata infantil –de niños/as–; comercio sexual con fines lucrativos; trabajos en minas de la muerte; trabajos en la agricultura; los denominados ‘Niños soldados’, creados como escudos humanos para una muerte cierta; matrimonios infantiles forzosos; esclavitud doméstica por parte de sus propios padres; abusos sexuales cometidos por los últimos; pederastia (cuando el menor tiene 13 años de edad, y da su consentimiento, resulta que el ‘pederasta’ no comete delito alguno); niños raptados en la propia calle para, posteriormente, matarlos y traficar con sus órganos vitales…

El enigma de la inmigración es muy probable que vaya a más. Uno piensa que no tiene solución fácil en el juego de la política democrática, tal y como lo entendemos hoy en día. Es un asunto que se presta a la demagogia y al apasionamiento. Hace surgir los nacionalismos exacerbados e intransigentes, los cuales programan y conducen a las personas a conductas llenas de odio y desprecio al extranjero. Xenofobia, racismo, expulsión… son comportamientos a erradicar por los gobiernos occidentales -sus ciudadanos incluidos- sobre personas que proceden de territorios económicamente débiles y, por tanto, poseen poderosos motivos para emigrar, legal o ilegalmente, hacia otros más ricos. “Si tienes un trozo de pan, da uno a los pobres; vende el otro y compra jancitos para alimentar tu alma” (poema indio).

Y es que la Unión Europea debe canalizar la cultura democrática de todos los que formamos parte de ella, y conseguir respeto y comprensión para aquellos que, contra su voluntad, necesitan abandonar sus naciones de origen en busca de un nivel de vida mejor, en busca de un trabajo. L. Tolstoi (1828-1910), novelista, manifestó que “la condición esencial para la felicidad del ser humano es el trabajo”. Debemos comprender que los emigrantes son seres necesitados y que, una vez conseguidos los dineros necesarios, regresarán a sus países de origen, pues aman la tierra donde han nacido.

El miedo a la inmigración corre por los países europeos. Hemos establecido unos estereotipos que relacionan la inmigración con la delincuencia

Y, sin embargo, también influye en la inmigración, por supuesto, la huida de la violencia, la represión, la mal llamada limpieza étnica, que atormenta la vida de hombres, mujeres y niños. Muchas veces, los inmigrantes son personas inteligentes, de gran inventiva y con esfuerzo y voluntad para el trabajo, y que desean ganarse la confianza de los pueblos donde se asientan. De esta manera, conseguirán la documentación necesaria para poder vivir en paz y en regla en los países donde se asientan.

Entrar ilegalmente por mar y tierra es fácil, como difícil es el prevenirlo. La inmigración seguirá siendo un tema controvertido y problemático y de no sencilla solución. ¿Tienen los extranjeros derecho, digamos moral, a emigrar a un país de su elección, a un país democrático? Uno entiende que derecho a emigrar lo tenemos todos, pero cada nación puede poner sus propias limitaciones, aunque no es ético ni humano el realizarlo. Y es que la historia siempre se repite para bien de unos pocos y mal de muchos. Esto es así: el comienzo del siglo XXI marcará diferencias económicas abismales entre personas, y dentro del mismo hábitat. Quiera que Dios inspire los cerebros de ciertos políticos que, sin ningún tipo de escrúpulos, se llenan sus bolsillos con los cuartos -por dineros- que se generan con la ‘Hambruna’ de la mayoría.

La Coruña (España), 16 de abril de 2011
Mariano Cabrero es escritor


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Sobre el autor

(...)He nacido en Madrid, 8 de Noviembre de 1938. Estoy casado y con dos hijos. Soy esscritor, poeta y ensayista. Funcionario de La Administración del Estado(escala Ejecutiva), jubilado, pero con unas ansias enormes de seguir escribiendo para aprender de los demás. Informar, tratar de ilustrar y entretener forman parte de mi bagaje cultural, que renuevo a diario. Y en todo momento trato de transmitir tranquilidad y esperanza a la sociedad actual: todo dentro de una ética periodística adecuada a cada momento. Busco como articulista el informar cuanto antes lo que acontece a mi alrededor. Lo demuestro con mis humildes obras( hijos propios salidos de mis sueños): "Periodismo: ¡Difícil profesión!" (1995) y "Mi compromiso con el periodismo" (1998). Intento penetrar en el difícil mundo de la poesía, y lo lleva a cabo con silencios, diálogos con muertos y con la exaltación del amor a la mujer: el ser más maravilloso sobre la tierra. Trato de demostralo con mis libros de poemas : “Reminiscencias de mi juventud, Poemas" (1994), "Miscelánea de muertes, sueñosy recuerdos, poemas" (1995), "La realidad de mis silencios, poemas" (1997) y "La travesía de la vida, poemas" (2001).Siempre escribo para aprender de los demás, de sus críticas, de sus consejos...He tratado de no mentir, más uno lo haría en dos casos muy concretos: a) para salvar la vida de un ser humano, y b) para elogiar la belleza de una mujer –parto de la base de que para uno existen tan sólo mujeres menos guapas, pues toda mujer tiene su encanto...-.

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