Martes 06 de diciembre de 2016,
Bottup.com

Decir la verdad, una profesión en peligro de extinción

1 punto2 puntos3 puntos4 puntos5 puntos6 puntos7 puntos8 puntos9 puntos10 puntos (Valora el artículo)

OPINIÓN / El periodismo se ha convertido en un negocio donde priman las ventas sobre la información

Existen periodistas encarcelados por hacer su trabajo y otros que desisten de seguir desempeñándolo

“El periodismo es una actividad que consiste en recolectar, sintetizar, jerarquizar y publicar información relativa a la actualidad. Para obtener dicha información, el periodista debe recurrir obligatoriamente a fuentes verificables o a su propio testimonio”.

Está será una definición que supongo todos los estudiantes de periodismo hayan tenido que aprender de memoria desde los primeros días de su carrera. Como suele ocurrir con estas cosas, la práctica siempre difiere de la teoría.

No puedo considerarme periodista, nunca estudié la carrera, aunque llevo muchos años pateando este mundo en busca de la verdad, y como decían mis abuelos, la mejor universidad es la calle. Siempre he pensado que todos tenemos un pequeño informador dentro de nosotros, pasamos el día contando cosas que suceden a nuestro alrededor, algunas interesantes, otras simplemente absurdas para cubrir los minutos en los que nos solemos aburrir.

No hace muchos años, los corresponsales de guerra como Pérez Reverte o Javier Nart eran admirados por la mayoría de personas que pegadas a la televisión veían como unos ‘locos’ viajaban a lugares lejanos de la comodidad de sus hogares para, arriesgando sus vidas, no permitir que la verdad se perdiera en el olvido. Sin embargo, como casi todo en este material universo, el periodismo también ha evolucionado, hemos pasado de premiar a estos ‘seres humanos’, a denigrarlos al olvido más absoluto. En el año 2010, ya no vende que cientos de personas hayan muerto en una estampida en Camboya, o que Haití esté desapareciendo del mapa poco a poco. En este siglo XXI, el divorcio de la Esteban, los siete polvos de la Bermúdez, cómo apadrinar un jamón de Jabugo o los reporteros del estúpido programa ‘España directo’, son quienes con sus idioteces diarias ocupan más minutos en los medios de ‘comunicación’, que las desgracias de unos seres humanos que no tuvieron la suerte de nacer en países como el nuestro, donde lo material abunda pero los valores humanos han desaparecido.

En el año 2010, ya no vende que cientos de personas hayan muerto en una estampida en Camboya, o que Haití esté desapareciendo del mapa poco a poco

No puedo más que sentir la impotencia más absoluta cuando veo que dos grandes compañeros están siendo víctimas de este nuevo periodismo, sostenido por los intereses de los publicistas más que por el contenido de la noticia. Antonio Pampliega y Go Takayama viven desde hace unos días un personal y diferente calvario, consecuencia de su constante lucha por la verdad.

Takayama es un fotoperiodista japonés, de 28 años, que fue detenido en Siem Reap el pasado 23 de noviembre mientras realizaba unas fotos para uno de sus trabajos para el Angkor Photo Festival de la misma ciudad camboyana.

Después de acabar de realizar una sesión de fotos a una pareja, Go fue detenido en la calle por policías de paisano. Tras conocer la noticia, Jessica Lim, organizadora del Festival, me confirmaba que “la policía ha requisado su cámara, así como todo el trabajo que estaba realizando, lo han acusado de producir material pornográfico. En total se han quedado con 78 fotografías donde se ve a un hombre con la camisa medio quitada, y la mujer en ropa interior, aunque ambos vestían unos jeans. En ningún momento hubo nada que se pareciera a pornografía, solo abrazos y besos bajo una romántica luz, eso es todo. Se está haciendo muy mala prensa de este asunto, y queremos dejar claro que Takayama es inocente, y que solo estaba haciendo su trabajo”.

Takayama trabajaba en una serie de fotografías inspiradas en una leyenda jemer llamada ‘La princesa de los siete colores’, la historia de una princesa y un cocodrilo. Para ello, había tomado más de 1.400 instantáneas, en muchas de las cuales no hay presencia humana. Uno de los componentes principales de este cuento es la idea de un amor fuerte y posesivo. Cuando el cocodrilo se entera que la princesa quiere abandonarle y casarse con otro, el animal se come a la persona para que así permanezcan juntos para siempre, idea que Takayama quería representar con la pasión de dos seres humanos.

Aunque en este país el cocodrilo siempre se viste de uniforme y tiene libertad para comerse todo aquello que le apetece. De momento, Takayama ha sido la princesa de un cuento que pone una vez más de manifiesto el peligro del periodismo en países como Camboya, aunque estas historias no interesen a los rotativos de las naciones desarrolladas.

Una historia diferente es la de mi compañero y amigo, Antonio Pampliega, una persona con ‘dos cojones’ bien puestos, que lleva años intentando contar una verdad que algunos individuos sentados en sus sillones de cuero prefieren no escuchar mientras miran los culos de sus secretarias.

Conocí a Antonio tras leer una entrevista que le hacían en Bottup.com a su vuelta de Afganistán. No hay mejor forma de definirlo que sus propias palabras en su blog ‘Un Mundo en Guerra’.

“Soy un periodista español que se dedica a recorrer un mundo en guerra… Desde esta tribuna quiero enseñaros ese ‘otro’ mundo que también existe y donde la línea que separa la vida y la muerte se rige a golpe de Kalashnikov… Acompáñeme a ese ‘otro’ mundo que apenas tiene cabida en los medios de comunicación y del que el ciudadano medio desconoce casi todo. Un profesor universitario me dijo un vez “La duración de un conflicto está marcada por el interés de los medios de comunicación; una vez hayan perdido el interés, se acabó el conflicto”… Desde aquí queremos dar cabida a todos esos conflictos olvidados y rescatar del olvido a todos los que sufren en él”. Que se puede decir más de este gran periodista.

Ayer, sin embargo, la tristeza de saber que perdemos a una persona necesaria en la lucha por la verdad, me dejó abatido. No hacía muchos días hablaba con él, y me contaba ilusionado su próximo viaje a Haití, se notaba que ese espíritu informativo de Antonio estaba más latente que nunca. Imaginaros como sería para muchos de vosotros, dejar la comodidad de vuestros sillones, subiros a un avión, y plantaros en medio de un país arrasado por catástrofes naturales y humanas, una nación que muere de cólera, y que como me cuenta el propio Antonio, solo ha interesado al extranjero cuando los cascos azules destinados allí fueron el objetivo de los machetes del pueblo haitiano.

Desde ayer, Antonio nos cuenta ‘The End’, el final a su vocación de periodista. El desencanto de una sociedad a la que no le importa un huevo que medio mundo se muera de hambre.

Bajo mi humilde opinión de consumidor empedernido de historias, el periodismo es la lucha por la verdad, por la libertad, por la justicia, la batalla por hacer un mundo un poco mejor para todos, donde importe más que un huevo que millones de personas no tengan un mendrugo de pan que llevarse a la boca, donde decir la verdad sea la única regla de una profesión que necesita a personas como Go o Antonio. Señores redactores, editores, directores, y demás ‘periodistas’, dejen de mirar los culos de las secretarias o de pagar historias de sexo y mentiras a todas aquellos que digan que se han “follado a siete en una noche” y empiecen a enfocar sus miradas hacia aquellos países donde el solo hecho de informar es un crimen.

Desde ayer, Antonio nos cuenta ‘The End’, el final a su vocación de periodista. El desencanto de una sociedad a la que no le importa un huevo que medio mundo se muera de hambre

Desde aquí quiero apoyar a mis dos compañeros. Takayama, a ti todo mi apoyo y ayuda, vivo en la ciudad donde estás enjaulado, y aquí estoy para acudir a abrir la puerta si lo necesitas.

Antonio, no dejes esto, amigo, la verdad te necesita, y aunque todavía quede un camino largo por recorrer, tus palabras son necesarias para que lo que hoy parece un sueño algún día se haga realidad. Quizás no se venda la miseria en la que el 80% de la humanidad vive, quizás la vida de la Esteban atraiga a más ‘estúpidos’ consumidores de caja tonta que a seres humanos preocupados por una sociedad mejor, el tiempo siempre pone a las personas en su lugar, y será precisamente eso, el tiempo, quien pondrá a Antonio Pampliega en el lugar que se merece, el de Periodista con mayúsculas.

Desde Camboya, llevo años luchando por decir la verdad de este país. Sin embargo, nunca ha interesado un comino lo que aquí sucede. Después de ofrecer gratis mi trabajo a muchos medios españoles, y recibir buenas noticias, solo recibí hipocresía y ni un gracias por temas que algunos de ellos me pidieron. Solo Verónica, Antonio, Pau, Nuria, Laura, y los chicos de Periodismo Humano, Miradas de Internacional y Bottup.com, algunos que no todos de Ideal de Granada, y sobre todos vosotros, mis queridos lectores, sois quienes se han interesado por un Mundo Olvidado que os pide a voces vuestra ayuda.

Nunca he cobrado un duro por nada de lo que he hecho, y seguiré haciéndolo aunque el dinero no llegue, porque la verdad está por encima de lo material, y de estos ‘sucios’ medios de comunicación solo interesados en muerte, sangre y sexo, pero a los cuales el hambre les interesa un huevo. Desde aquí, quiero seguir luchando por la libertad de expresión y que nadie venga a redactarme las palabras, que nadie me diga donde mi cámara debe apuntar, porque la verdad siempre estará por encima del dinero. Sé que muchos me dicen que me la juego, que aquellos más próximos a mí están acojonados, pero me da igual, porque como siempre digo, si me jugué la vida haciendo cuatro vuelos diarios durante más de tres años trabajando para esa compañía irlandesa tan odiada, sirviendo café y té a cientos de personas que solo querían fiesta y borrachera, cómo no me la voy a jugar luchando por contar la verdad de esos seres humanos a los que la sociedad tapa la boca. Aunque España prefiera disfrutar del gran programa cultural llamado ‘Gente’, donde una de las peores presentadoras de la historia de la televisión tiene narices de informar de la muerte de 350 personas con una sonrisa en la cara, para pasar posteriormente a la interesantísima noticia del apadrinamiento de una jamón de Trévelez, ¡tiene cojones!, que ¡viva España!

Señores redactores, directores, y demás ‘periodistas’, dejen de mirar los culos de las secretarias o de pagar historias de sexo y mentiras y empiecen a enfocar sus miradas hacia aquellos países donde el solo hecho de informar es un crimen

Qué mejor cierre a este blog escrito un poco bajo la influencia de la mala hostia que se me pone al ver que la verdad no interesa, que ‘robar’ unas palabras del interesantísimo post de Antonio, ‘The End’.

“Decidí dedicarme a esta profesión porque quería contar las miserias que padece el mundo. Quería ser los ojos de aquellos que no pueden ver y la voz de los que no pueden hablar. No quería convertirme en un cabrón sin escrúpulos que piensa que ha tenido un buen día porque se le ha muerto un niño a medio metro y era el único que lo ha grabado con su cámara. No. Si no hay muerto no hay historia. Si no hay sangre no interesa…

En el mundo del periodismo actual, por desgracia, lo que vende es eso. Precisamente eso. Muerte. Heridos. Violencia. Sangre… Y cuanta más mejor. Mejor un niño hecho polvo por un bombazo que una persona que ha perdido su casa por una inundación. Mejor dos tipos matándose en medio de Puerto Príncipe que una historia sobre las familias que viven en los campos de desplazados. ¿Qué tipo de periodismo quiero hacer? No lo sé… Pero sé cuál no quiero seguir haciendo.

Y eso significa no vender ni una sola noticia…”


Subtítulo y destacados

¿Te gustó este artículo? Compártelo

Sobre el autor

2 Comentarios

  1. Anónimo 12/12/2010 en 17:53

    Magnífica reflexión, Omar. La verdad es que es muy complicado reprimir esa extraña mezcla de indignación y frustración cuando uno mismo comprueba que a la mayor parte de la ciudadanía le importa realmente un carajo el sufrimiento de los más desfavorecidos. He sentido esa sensación en muchas ocasiones, pero al menos cuando leo escritos como el tuyo o muchos de los publicados en sitios como por ejemplo Bottup, me doy cuenta que todavía somos muchos los que intentamos pasar por este mundo siendo algo más que un simple pedazo de carne andante. Así pues, te animo sinceramente a seguir con tu labor y a continuar sintiendo esa satisfacción interna que produce el contar la verdad, una verdad que, por cierto, no se paga ni con todo el oro del mundo. ¡SUERTE!

  2. Anónimo 10/12/2010 en 12:17

    Enhorabuena por el artículo! Muy bueno y muy cierto. Me alegra ver que hay gente dispuesta a ir a contracorriente, a sacrificar su propio estatus por hacer lo que cree que tiene que hacer.
    Yo también te animo a seguir contando historias de Camboya o donde quieras que estés. En bottup quizá no somos muchos pero somos de calidad 🙂
    Iñigo

Participa con tu comentario