Jueves 29 de septiembre de 2016,
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“Dejad que los niños se acerquen a mí”

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“Dejad á los niños, y no les impidáis de venir a mí; porque de los tales es el reino de los cielos”. – Mateo 19:14, la Biblia versión Reina Valera 1909

Cada vez que leo este versículo me llena de emoción como el propio Cristo nos enseña nuestra forma más sincera de entrar en comunicación con nuestro creador. “Dejad que los niños se acerquen a mi”, y dice más porque de ellos es el reino de los cielos. Hablaba hace unos días con el maestro en Reiki don Manuel Pérez Illescas, precisamente de la importancia y la sabiduría de cuando eres niño. Ambos comentábamos la facilidad con la que un niño ve cosas que lo adultos no vemos, y con la misma facilidad que se comunica con su creador, y los dones tan hermosos que perdemos cuando crecemos.

Cuando un niño habla simplifica al máximo las cuestiones, te hacen preguntas muy interesantes, y te dan respuestas muy simples

Cuando un niño habla simplifica al máximo las cuestiones, te hacen preguntas muy interesantes, y te dan respuestas muy simples. Hace unos días llamaron de la administración para demandarme unos papeles, yo no estaba en casa, y me había dejado el móvil en el despacho. Mi hija cogió el teléfono, y la mujer que llamaba le preguntó a mi hija: “¿Sabes cuando es más fácil hablar con tu papá?”. Y mi hija como niña le contestó, “es más fácil hablar con mi papa cuando venga”.

Esa misma simpleza que los adultos rebuscamos para encontrar lo que no hay.

De esa misma forma resulta el márcarnos metas. Evidentemente uno se marcas metas, y hay que ver las posible opciones, pero en verdad nosotros somos dueños de nuestra realidad, y tenemos el sagrado deber de crearnos la realidad a medida. Miramos a los niños como todas las mañanas aprenden a rezar, se ponen de rodillas, y hacen sus rezos. En sus oraciones piden con fe, sabiendo que lo que pidan se les va a conceder. Muchas veces los adultos nos quedamos absortos pensando en cómo el niño ha logrado eso, o lo otro.

Mi hijo de tres años me pedía un garaje, y le dije “pídeselo a Papá Noel”, y mi hijo lo pidió cada noche. Yo ya había comprado los regalos, por lo tanto sabía que no iba a tener un garaje para sus coches. Cual fue mi sorpresa cuando el día de Navidad vamos a visitar a unos amigos, y tenían un garaje para él, y una caja entera de coches. Pero la cosa no acabó ahí. Fuimos a la casa de la abuela y había otro garaje, y también le trajeron coches. Me consta que mi hijo no había hablado con ninguna de esas personas, hasta el día de Navidad, e incluso no pensábamos pasar por casa de mis amigos, fueron ellos los que nos llamaron.

Podéis pensar que era algo de poco valor, un garaje de coches, pero para mi hijo tiene mucho valor, es lo que él deseaba. Ahora podéis poner en práctica su sencilla forma de pedir, y comunicarse con su creador, o podéis seguir pensando que pedir un garaje es algo sencillo. Ambas posturas son ciertas.

Cuando uno pide algo y lo quiere de verdad, todo se centrara en él para que se conceda. Sólo tienes que pedirlo

Pero más allá de la metafísica, de la atracción, y de lo que tú quieras ver en actos de un niño de tres años, la verdad es que cuando uno quiere una cosa, y la pide con fe, da igual que estemos hablando de café, garajes, o millones de dólares. Cuando uno pide algo y lo quiere de verdad, todo se centrara en él para que se conceda. Sólo tienes que pedirlo.

“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”, Mateo 7:7-8.

Ten fe.

Vicente Cuenca Life-Coach


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Sobre el autor

1 comentario

  1. Juan 26/03/2012 en 3:00

    Pero si serás estúpido con esta historia, Jolines, ese muchachito de mierda iba por todos lados pidiendo ese garaje, pemndejo tú que no conoceis a tu propio hijo.

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