Sábado 03 de diciembre de 2016,
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Del 15-M al 19-J: ideas sobre el primer mes de una revolución

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El 15 de mayo, tras el 7 de abril como prólogo a cargo del movimiento estudiantil, estalla un movimiento de desobediencia ciudadana que protesta ante una crisis sistémica, no sólo económica: también política, ecológica, alimentaria, ética

Sin pancarta de cabecera, sin partidos ni sindicatos identificados como tales, sin un comunicado que centre la atención de todos los asistentes al final del acto, con reivindicaciones heterogéneas –que convergen en la idea de una regeneración democrática y un refuerzo de los servicios sociales- y con una fuerte presencia de la teoría de la conspiración (investigar11s.org), la manifestación convocada por Democracia Real Ya fue un acto posmoderno: uno de esos que pregona el fin de los grandes relatos. Precisamente cuando algo se hace visible y fácilmente explicable deja de existir. En medio de una multitud que ocupa la Puerta del Sol se despliega desde un andamio una gran pancarta en color amarillo y negro donde se puede leer “No son rescates, son chantajes. Vuestra crisis no la pagamos. Camina sin miedo hacia el amarillo”. Suspicacias aparte, es toda una declaración de intenciones por parte de Juventud Sin Futuro: supone la voluntad de crear un discurso, de avanzar hacia una nueva ideología, de caminar –sin miedo- hacia un nuevo color y una nueva simbología política.

Tras la manifestación convocada el día 15 de mayo, el resto del ‘movimiento’ surgió de manera espontánea: acampadas, asambleas y descentralización hacia los barrios

Inicialmente en protesta contra la violencia policial, que tras desconvocarse la manifestación reprime con dureza a manifestantes en Callao y en la Puerta del Sol, unas pocas decenas de personas deciden permanecer la noche del domingo al lunes en Sol y da comienzo la Acampada, que enseguida se nutre de la presencia y la ayuda desinteresada de cientos de personas que se van acercando. Tras el desalojo policial la noche del lunes, gracias a una convocatoria viral, el martes 17 de mayo a las 8 de la tarde la Puerta del Sol se llena hasta los topes de una multitud de manifestantes que se solidarizan con el movimiento. Inspirada por las revoluciones magrebíes e islandesa, arropada por acampadas que van surgiendo en todo el Estado y en otros puntos de Europa a lo largo de la semana, da comienzo la #spanishrevolution.

Al igual que otros grupos que preceden a la Acampada en este ciclo de movilizaciones, comienza a organizarse en forma de asamblea y en menos de una semana pasa del caos más absoluto al orden de un pequeño estado con su servicio para el mantenimiento del orden –Comisión de Respeto-, sus servicios sociales –alimentación, enfermería, guardería, biblioteca- y su entramado de información y representación –comisiones de Legal, Comunicación e Información- a una velocidad que asusta a cualquiera.

A pesar de la inicial falta de concreción en su discurso político, o precisamente gracias a ella, el Movimiento 15-M recibe un apoyo masivo de la sociedad española que cada tarde durante la primera semana se concentra en Sol a las ocho desafiando las prohibiciones de las Juntas Electorales. En este sentido, puede establecerse una linealidad entre los distintos grupos que forman el movimiento 15-M y parámetros como la ambigüedad discursiva y la participación. Colectivos que vienen de antes del 15-M como #nolesvotes, Anonymous o Juventud Sin Futuro tienen un discurso claro y concreto –el voto de castigo ante unos partidos que aprueban una ley con un fuerte rechazo ciudadano unos, la defensa radical de la libertad de expresión otros, la politización de sus condiciones de vida y la constitución de la juventud precaria como actor político los últimos- y reúnen a redes densas pero no masivas; Democracia Real Ya irrumpe el día 15 con un discurso más ambiguo –”algunos nos consideramos más progresistas, otros más conservadores”, – y finalmente la Acampada Sol se erige como la voz del pueblo entre grandes dificultades para alcanzar unas reivindicaciones concretas. La asamblea como medio y mensaje, a pesar de sus numerosos inconvenientes –la lentitud, la búsqueda casi patológica de un consenso total-; la asamblea como juego de suma no cero –donde cada individuo recibe más de lo que aporta a la colectividad- resulta ser el instrumento que da voz a una ciudadanía callada y silenciada durante demasiado tiempo.

A pesar de la falta inicial de concreción en su discurso político, o precisamente gracias a ella, recibe un apoyo masivo de la sociedad española

Ante el colapso de la Acampada, el segundo fin de semana tras el 15-M se constituyen las primeras asambleas populares y barriales, dando lugar a la necesaria descentralización del movimiento. Junto con estas asambleas, comienzan a organizarse protestas concretas contra desahucios, desalojos o tomas de posesión. En contraste con el rechazo inicial en la Acampada a toda seña identificativa o simbología política, tanto las viejas como las emergentes –el viernes 20 se plantea en la Comisión de Comunicación llenar la plaza de color amarillo para la jornada de reflexión y se rechaza la idea-, comienzan a generarse identidades y sentimientos de pertenencia a grupos: a una red física y virtual –el movimiento 15-M en su sentido más amplio-, a unos lugares –los barrios y los pueblos- y a unas clases sociales –como la juventud precaria-, e incluso se producen ciertos choques entre estas dos últimas conciencias.

Ante un clima marcado por la viralidad de la información y la rumorología que lleva a situaciones de auténtica psicosis colectiva –un ejemplo es el rumor que durante la noche del sábado 21 al domingo 22 se dio por bueno de que una persona había intentado suicidarse tirándose desde un balcón de la puerta del Sol: al final resultó ser un simple vahído- se impone la necesidad de contar un relato. Conferencias académicas en universidades y libros como ‘¡Indignados! 15-M’ (MandalaEdiciones.com) o el de ‘Juventud Sin Futuro’ (editorial Icaria) afrontan a toda prisa el riesgo de la tarea mientras siguen produciéndose los acontecimientos.

Toda manifestación convocada como estas últimas mediante redes sociales puede verse como una suerte de profecía que se autocumple: el acontecimiento que toma forma a partir de su anuncio, cuyo futuro condiciona su presente. Los grandes medios de comunicación no supieron o no quisieron ver la importancia de lo que se avecinaba el 15-M, pero nosotros nos lo creímos. Así pues, digamos que el domingo 19-J será una (otra) fecha histórica. Que será una manifestación masiva, internacional, pacífica. Que será el comienzo de un discurso sólido, del gran relato del motor que va a cambiar las cosas. Que volveremos a desobedecer, y que el tiempo nos dará la razón. Lo vamos a conseguir.

Fotografía de Julio Ulanga (www.ulanga.net) Pancarta de Juventud Sin Futuro el 15-M


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