Sábado 10 de diciembre de 2016,
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Del orgullo del Servicio Secreto a la denigrante corrupción policíaca

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REPORTAJE / La población se encuentra desamparada, temerosa, viviendo entre balas mortales y momentos de verdadera zozobra que parecen no tener fin: entre corrupción policíaca y la indefensión de los efectivos honestos

En los periódicos locales, en las noticias televisivas o radiofónicas escuchamos, vemos, leemos sobre la guerra que se mantiene vigente contra el narcotráfico, sobre los muertos dejados a pie de camino o los desaparecidos que son buscados por familiares y amigos esperanzados en encontrarlos sanos y salvos, como ocurrió con —entre varios últimamente— la desaparición-secuestro del alcalde de Santiago Nuevo León, Edelmiro Cavazos, quien fue encontrado muerto tres días después de que fuera sacado de su casa a la media noche, hecho que ha levantado la voz de indignación a nivel nacional, ya que, además de ser aberrante el simple hecho del secuestro, lo es doblemente aberrante el hecho de que policías encargados para su custodia se encuentren coludidos con los delincuentes, como sucedió en este caso como resultado de las primeras indagatorias.

Y entonces nos preguntamos, ¿confiar en nuestras autoridades, en cuáles, en quiénes?

Y entonces nos preguntamos, ¿confiar en nuestras autoridades, en cuáles, en quiénes?

Haciendo un poco de historia, recordando hechos del siglo pasado que tal parece ya nadie recuerda o si lo hace es porque tiene dolor ante ello, baste recordar que en México se contaba con las comisiones de seguridad creadas en el año 1917 y que a la postre, en el sexenio presidencial de Don Lázaro Cárdenas Del Río en el año 1938 se les denominó con el nombre de Servicio Secreto.

Esta agrupación, si bien no fue del todo ‘honesta’ por sus métodos, sí era eficiente para mantener a los criminales bajo control, era eficiente en sus investigaciones, era además de incorrupta, suficientemente capaz de mantener en alto el buen nombre de la policía y la seguridad de la población.

Sus elementos eran  inconfundibles, vestidos de traje y gabardina y el infaltable sombrero de ala ancha. Hombres que con una seña indicaban al sospechoso a detener o detectaban al delincuente, tan dedicados que observaban movimientos, trucos, artilugios y nada les impedía hacer arrestos como el de Johnny O’brien, pistolero del mafioso estadounidense John Dillinger en los años 30; el arresto y posterior encarcelamiento del famoso asesino serial y a la postre abogado en derecho, Gregorio Cárdenas Hernández, quien tras haber sido liberado en el año 1976, fuera recibido con aplausos en la cámara de diputados por los ahí presentes y luego habérsele permitido ocupar el palco de honor, tras calificarlo como “ejemplo de rehabilitación”, o la aprehensión también del falsificador de papel moneda, Alfredo Héctor Donadieu alias ‘Enrico Sanpietro’. Todas estas entre miles de buenas acciones que fueron de gran relevancia investigativa en la negra página delincuencial.

En los anales de la historia quedaron nombres de grandes investigadores, como el del Comandante Rafael Rocha Cordero, de quien se hablaba y reconocía su calidad humana como persona en el trato a los delincuentes y/o ante la prensa o sociedad, pero igual también se reconoce que era demasiado enérgico al momento de obtener una confesión y la cual conseguía no precisamente por el solo hecho de tener ‘cara dura’ o ser ‘macho cabrío’, como se le decía. Otros detectives de renombre son: Simón Estrada Iglesias, Nazar Haro, Valente Quintana o Silvestre Fernández, entre muchos otros que sería largo nombrar y de quienes, si bien se cita, no fueron o son bien recordados por sus buenas acciones, sobre todo si se les recuerda por hechos como desapariciones forzadas, aplicación de la ley de fuga o tortura, e incluso por el celebre “hacen hablar hasta a un perico”, esto por el resultado en una investigación de homicidio múltiple en la que el único sobreviviente fue un perico que señaló a los autores intelectuales.

En los años 80 y 90 los policías decían: ‘Es mejor y más productivo ser delincuente que policía, ya que el delincuente se encontraba mejor protegido por las leyes’

La historia del servicio secreto se cierra en el año 1972, durante el sexenio del ex presidente Luis Echeverría Álvarez, y se crea la negra y nada bien recordada División de Investigación para la Prevención de la Delincuencia (DIPD), la que, a pesar de ser formada en su mayoría por efectivos del servicio secreto, en el siguiente periodo presidencial (1976-1982) se ve tristemente corrompida tras el ingreso a la Dirección de Seguridad Publica del llamado amigo íntimo del ya entonces Presidente de la Republica, José López Portillo, Arturo ‘Negro’ Durazo Moreno, quien hiciera celebre la frase de: “¿Quién aguanta un cañonazo de 100.000 (cien mil) dólares?”, y entonces se empiezan a perder los grandes valores en investigación que se habían formado antaño, gracias a la corrupción e impunidad que imperó en todo ese tiempo.

La DIPD desapareció definitivamente en el siguiente periodo presidencial, 1982-1988, encontrándose en el cargo el Licenciado Miguel De la Madrid Hurtado.

Ciertamente, no se pueden comparar aquellos años con los actuales. En aquellos tiempos la drogadicción no estaba tan en boga en el país y la corrupción, dijéramos, era más controlable de lo que lo pudiera ser en estos tiempos. Los jóvenes no gozaban de las libertades como las que gozan hoy día. Las policías eran más controladas porque los jefes de las corporaciones mismas, hacían que se les respetara con un simple grito a tiempo o una orden bien dada.

Con la creación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, en esos tiempos, años 80 y 90, en los que era unánime el grito de corrupción y vejación a los detenidos, los policías mismos decían posteriormente que: “es mejor y más productivo ser delincuente que policía, ya que el delincuente se encontraba mejor protegido por las leyes”, hecho que se ha visto en ya más de una ocasión, incluyendo el tiempo actual, del que baste recordar la triste página que se escribió en fechas recientes, cuando en días posteriores en el que uno de los más sanguinarios narcotraficantes, llamado Arturo Beltrán Leyva, apodado ‘el jefe de jefes’ o ‘el barbas’, cayó abatido a balazos tras enfrentarse a elementos de la Secretaría de Marina. La CNDH declara que hubo violación a los derechos humanos, en concreto al derecho a la vida.

La sociedad mexicana se encuentra entre dos fuegos, la corrupción permeó todos los niveles de Gobierno, la delincuencia se fue enseñoreando de las calles

Y entonces preguntamos los ciudadanos: ¿Cuando un narcotraficante o delincuente recibe a elementos policíacos con disparos, los efectivos de la ley deben responder con ramos de rosas para que derechos humanos no les juzgue peor y al delincuente no le dé la razón?

O pensando peor aún, leyendo que la CNDH en el Estado de Baja California busca protegerlos a toda costa, dado que en días recientes elaboró la respectiva recomendación y pide se castigue a un alto mando oficial por haber participado en interrogatorios a delincuentes, habiendo transcurrido ya más de un año de esos lamentables hechos —si es que lo fueron—, no teniendo en cuenta —la CNDH— que fue cuando justo en ese tiempo se estaba matando a policías a mansalva en el propio Estado.

Sí, la sociedad mexicana se encuentra entre dos fuegos, la corrupción permeó todos los niveles de Gobierno, la delincuencia se fue enseñoreando de las calles, ya no había o hay servicio secreto que haga se respete la ley, no, ya había y hay policía con un sin fin de nombres, con un sin fin de mandos, con un sin fin de ‘superiores’ que, a la postre, son los que más se benefician con la corrupción de los que patrullan las calles.

Además de lo ya señalado, también se debe reconocer que no todos en los altos mandos son corruptos y sí luchan en contra de la delincuencia, sí dan la vida protegiendo a la ciudadanía, anteponiendola a sus intereses personales. Pero, desgraciadamente, tienen jefes que están más arriba, y entonces a esos buenos elementos se les bloquea, se les jubila, o se les pone mil y un obstáculos en el frente para callarlos. Tal fue el caso con el General de Brigada Diplomado del Estado Mayor, Sergio Aponte Polito, encargado de la 2ª zona militar y quien, por causas ignoradas, tras haber denunciado públicamente la corrupción imperante dentro de las corporaciones policíacas en Baja California, en lugar de dársele seguimiento a lo denunciado, se optó por retirarlo de la plaza, asignándole el puesto de Presidente del Supremo Tribunal de Justicia Militar hasta el momento de su retiro, sucedido éste en fecha 10 de noviembre de 2008.

Otra muestra no menos clara de la corrupción imperante que dieron las altas esferas políticas fue la del diputado Víctor González Ortega, quien fungía como presidente de la mesa directiva de la XIX legislatura del Congreso del Estado de Baja California al momento de ser detenido por policías y tras hacérsele revisión precautoria se le encontró en total estado de embriaguez conduciendo un vehiculo oficial en día y hora no laborables y en el interior de éste se encontró droga y un arma de fuego, a lo que el diputado en su defensa solo dijo: “Imagínese, venimos 20 adentro, vaya a saber de quién es”. Y la obviedad por delante, no fue detenido ni molestado, no era un ciudadano hijo de nadie al que se le puede dejar caer todo el rigor de la ley.

A los buenos elementos se les bloquea, se les jubila, o se les pone mil y un obstáculo en el frente para callarlos. Tal fue el caso del General Sergio Aponte Polito

Hoy día nos preguntamos: ¿En qué ley creer? Ahorita cualquier policía es blanco fijo de la delincuencia o de la corrupción, vemos policías detener ladrones o vendedores de drogas y más se tardan estos en aparecer en las notas rojas o hacerse el papeleo para su correspondiente consignación, que los delincuentes mismos estar de nueva cuenta en la calle realizando la misma labor: delinquir. Caso concreto, señalo uno, el siguiente.

El pasado 20 de agosto del año en curso se detuvo al de nombre Juan Valdez Castell, quien el pasado día 6 del mismo mes en mención ya había sido atrapado y consignado con cerca de 200 dosis de la droga conocida como ‘crystal’. En esta segunda ocasión solo se le encontraron 9 envoltorios listos para su venta. Al ser interrogado el detenido dijo: “Pagué una fianza de 40.000 pesos (3.200 dólares aproximadamente), razón por la cual ando en la calle nuevamente”.

Ante esta situación, es obvio que los policías honestos que arriesgan su vida diariamente se desmoralicen y al igual que la ciudadanía en general piense: ¿Es esta la ley que nos merecemos? ¿Vale la pena el riesgo? Y entonces volveremos a caer en la razón del por qué hoy día no hay un servicio secreto que haga respetar la ley en toda la extensión de la palabra y con la fuerza suficiente.

La corrupción ha permeado impunemente a todas las instituciones gubernamentales, en especial a las que nos deberían de cuidar, las policíacas, y se hacen leyes, se piden certificaciones de que se tiene a lo mejor de lo mejor en el interior pero… resulta que para demostrar a los ciudadanos que el Gobierno está saneando la institución, sin hacer una buena investigación apresa a los mismos policías, los manda a ciudades (Estados) diferentes poniendo cientos de kilómetros de terreno de por medio, a prisiones de máxima seguridad, pero es triste ver que… los jueces dictaminan que el elemento apresado es inocente, que fue retenido de forma injusta, que la indagatoria se elaboró con errores o por el solo hecho de poseer un nombre homónimo.

Acaba de pasar ahora con la liberación de 15 elementos que fueron detenidos en el año 2009 y llevados a la ciudad de Tepic Nayarit, por lo que si estos elementos son realmente inocentes, ya perdieron la confianza ciudadana, la confianza de la corporación y ahora son ex convictos, son personas que quedan señaladas y todo por no haberse efectuado una investigación justa a tiempo.

Los policías honestos que arriesgan sus vidas diariamente se desmoralizan y al igual que la ciudadanía piensan: ¿vale la pena el riesgo?

Considérese pues que en la reciente aprehensión de los más de 50 elementos que fueron trasladados a la ciudad de Veracruz, Veracruz, si se hizo una buena indagatoria y que aquellos gritos que se escuchaban de “fui fiel”, “fuimos engañados”, fueron porque sí se estaba deteniendo culpables y no inocentes forzados a declararse culpables.

Mientras tanto, como ciudadanos imaginemos… No, no imaginemos, pensemos que seguiremos leyendo titulares periodísticos como: “Policías en activo ejecutan asesinatos”, “Policías los que robaron equis o ye empresa”, “Ministeriales protegen a roba-carros y secuestradores”. Eso solo por poner un ejemplo de lo que aún nos depara la vida para observar más delante, porque una policía honesta, a pesar de sí haber buenos elementos, no se ve pronto llegar. ¡Dios Salve América!


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