Jueves 30 de marzo de 2017,
Bottup.com

Derechos humanos versus derechos digitales

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El ‘Cilindo de Ciro’ (539 a.C.), considerado como la ‘primera declaración de los DDHH’

La explosión de fenómenos sociales en Internet ha planteado importantes cuestiones acerca de la extensión de la carta de derechos humanos: ¿Cómo y cuándo extenderlos? ¿Quién decide la extensión? ¿Cómo se interpretan?

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Antiguo mural (1980) en Bélgica, hoy desaparecido

El ‘Yo’ digital. Ese es nuestro reto. Un reto impuesto, en cierto modo, de manera inconsciente por el imparable ascenso de lo social en la WWW. Nuestro comportamiento digital, enraizado en el mundo real, se transforma o distorsiona sin haber reflexionado sobre los riesgos y dificultades que puede conllevar.

Existen derechos digitales emergentes, como el
libre acceso a los recursos de Internet, que están siendo ejercidos,
defendidos (y reprimidos) de manera contínua en la Red

Corremos el peligro de enunciar y aprobar nuestros derechos humanos digitales como respuesta a un desastre tecnológico en Internet, a imagen y semejanza al nacimiento de  la carta de derechos humanos, que fue aprobada como una respuesta global a los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Quizás sería conveniente estudiar los nuevos peligros a los que se enfrenta la ciudadanía antes de decidir cómo extenderlos. Y precisamente ahí reside la dificultad: la velocidad con la que ha evolucionado nuestra sociedad en red dificulta mucho el análisis.

La principal dificultad -la inicial- estriba en responder a tres preguntas: ¿Cómo y cuándo extenderlos? ¿Quién decide la extensión? ¿Cómo se interpretan? Nuestra mitificación de la carta de derechos no debe hacernos olvidar dos características fundamentales. La primera es que, en el fondo, representa una imposición, quizás la única imposición global. La segunda, que como la mayoría de los principios generales, son ambiguos, a veces contradictorios y muy polémicos cuando se ejercen en la frontera entre dos. Estas características, inherentes a cualquier norma humana, se desarrolla en multitud de tratados y desarrollos reglamentarios, tanto a escala planetaria como en los países.

En el contexto digital, la herencia cultural que representa la carta de derechos humanos corre peligro, pues puede ser entendida como una limitación de derechos. Conceptos como la dignidad, la privacidad, la libertad de expresión o incluso la globalidad de los derechos de tercera generación deben ser discutidas.

Nuestra seguridad debe ser construida como una estandarización de
derechos en la Red, del mismo modo que el consorcio de la WWW
estandariza nuestra forma de representar y procesar la información de Internet

La revisión de los derechos, un anatema en nuestro mundo real, no debe ser entendida como recorte o rendición. Muchas comunidades de la Web han sabido aunar un espíritu crítico con una responsabilidad inaudita en el mundo físico. Por tanto, el diálogo global sobre la carta de nuestros derechos digitales debe ser auspiciada, comprendida, y apadrinada por nuestra sociedad. Por tanto, de las tres preguntas enunciadas, la primera tendría una respuesta clara: es necesario extender nuestra seguridad ya, y debe ser construida como una estandarización de derechos en la Red, del mismo modo que el consorcio de la WWW estandariza nuestra forma de representar y procesar la información de la Red.

La segunda pregunta apunta a la dificultad más importante. La estandarización de lenguajes, procedimientos y dispositivos son tareas neutras, libres de intencionalidades (hasta cierto punto, claro). La formulación de nuevos derechos digitales apuntaría a una visión libre y responsable de la nueva forma de humanidad que representa Internet. Es decir, posee de manera intrínseca una intencionalidad.

La lección aprendida por los enemigos de la libertad individual con la declaración universal de 1948 es simple: tales derechos son inalienables, universalmente perseguidos y lejos del alcance de los gobiernos. No podemos esperar que los nuevos derechos sean admitidos por tales agentes, y la lógica empresarial se pliega fácilmente a tales restricciones. Por tanto, agentes internacionales como la ONU tendrían grandes dificultades ante un proyecto de ese tipo.

En cuanto a la interpretación, la historia nos dice que siempre serán reinterpretados, como ocurrió con la carta de derechos. El siguiente extracto de la wikipedia acerca de los derechos humanos es válido para una eventual carta de derechos digitales:

En el contexto digital, la herencia cultural que representa la Carta de Derechos Humanos corre peligro, pues puede ser entendida como una
limitación de derechos

Norberto Bobbio
afirma la imposibilidad de encontrar un fundamento absoluto a los
derechos humanos y alega para ello cuatro razones. Primera, la ausencia
de un concepto inequívoco y claro de los mismos; segunda, su
variabilidad en el tiempo; tercera, su heterogeneidad; y, cuarta, las antinomias
y conflictos que existen entre distintos derechos, como entre los
civiles y políticos, por un lado, y los sociales y culturales, por otro
.

No podemos pretender, por tanto, diseñar la carta de derechos perfecta, pero la discusión global está facilitando una conciencia acerca de esos nuevos derechos, fenómeno imposible en 1948 (cuando se aprobó la carta de derechos en la ONU).

Comunidades/fundaciones de software libre y la ética hacker, la evolución normativa de las redes sociales son ejemplos de producción social emergente de nuevas normas y reglas de comportamiento. En cierto modo, existen derechos digitales emergentes, como el libre acceso a los recursos de Internet, que están siendo ejercidos, defendidos (y reprimidos) de manera contínua en Internet. El bagaje de ese ejercicio es un valioso instrumento para su enunciado y adopción global.

Resumiendo, existen multitud de nuevos derechos digitales que deben ser extraídos, discutidos y adoptados, pero nuestro mundo físico es demasiado viejo para aceptar sin combatir la adopción planetaria de nuevas líneas de defensa y libertad.

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