Jueves 29 de septiembre de 2016,
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Después de matar a su pareja, un policía intenta suicidarse

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CRÓNICA / Parece que los hechos sucedieron tras una noche dantesca en la que ella también intentó matarle

Eran las nueve de la mañana y, como un grupo de lobos hambrientos, cientos de periodistas se amontonaban, hasta se empujaban, para verla, en la oscura habitación de un cuarto piso. Su cuerpo inerte aún se veía, sus manos blancas, sus ojos fijos y un charco de sangre inundaba el ambiente de tristeza. Mientras aquellos peritos de blanco, quizás como el cielo que muy pronto divisaría, hacían su trabajo.

Margarita Santa Cruz Vidaurre, una joven y bella de 22 años, estudiante de una universidad local, había fallecido por culpa de unos celos enfermizos. Esa era la información que manejaba aquella bola de periodistas policiales. Minutos más tarde un cuchicheo llegó a mis oídos sobre las causas del horrendo crimen.

Margarita Santa Cruz Vidaurre, una joven y bella de 22 años, estudiante de una universidad local, había fallecido por culpa de unos celos enfermizos

Según fuentes oficiales, todo empezó antes de que el sol saliera, en una oscura madrugada. El Oficial de tercera, Edwin Pérez Cieza, estaba de visita en su apartamento, había llegado tarde después celebrar con unos amigos. Ella, quien tenía la sospecha de que él la engañaba, cogió muy cautelosamente el arma del suboficial, intentando matarlo y desfogar la ira que albergaba su corazón, pero falla en el intento. Edwin se levantó de la cama al escuchar el disparo y es cuando ambos empezaron a discutir fuertemente. Él, con las ganas de terminar el problema, sacó el revolver y disparó dos veces a la mujer que tanto había amado. Ella, aún con vida cayó al suelo, su sangre se mezclaba con el color de las flores dibujadas en el colchón, mientras el reloj daba las dos de la mañana. Él, temeroso, observa lo ocurrido. Por una de sus ventanas una pequeña luz del alba se encendía, mientras a ella por la misma ventana el mundo se le apagaba en aquella habitación color de cielo.

Siendo ya las cinco de la mañana decidió acompañar a su amada y así sellar la historia con una crimen colectivo, ella por homicidio y él por suicidio. Entonces disparó contra sí mismo, pero falló el intento y fue auxiliado por vecinos, quienes llamaron a los efectivos policiales para que investigarán el caso. Y es así como la prensa se infiltró por soplo en aquel crimen.

Y es así como se concluye la historia, con unas sillas blancas en el suelo, una cama rota, con un grupo de losetas que contrastaban con el rojo incandescente de la sangre de la joven, quien, boca abajo, se despidió de la vida.

Siendo las 10 de la mañana, mientras bajaban su cuerpo desde el cuarto piso, su alma ascendía sin prisa al cielo. En el lugar había muchos curiosos, ansiosos por registrar el hecho. Mientras en la cuadra 13 de la avenida Agusto B. Leguía, ubicado en el distrito de José Leonardo Ortiz, muchos aseguraban que la niña era muy coqueta, y que Edwin también era mujeriego, uno de sus familiares llegó al lugar, su incontenible dolor hacía negar lo evidente, quería sacar a su prima de aquellas bolsas, quería aliviar su alma, negando su pérdida, deseando que ese instante hubiese sido un mal rato, recordó entonces el principio de esta relación.

Contó que todo se inició hace un año en la ciudad de Morrope, ubicada a unos kms de Lambayeque. Él trabaja en la comisaría del Medano, ella supo cautivarlo con su tierna sonrisa. Luego ella alquiló un cuarto en la calle Leguía y empezó la carrera de contabilidad. Soñaba con terminar sus estudios, pero se quedó en el tercer ciclo, ambos se frecuentaban en el departamento, que pasó de ser un nido de amor y caricias a ser testigo inerte de su propia muerte.

Después de escuchar el triste testimonio, la carrera les ganaba a los camarógrafos, todos intentando sacar un dato más al fiscal, pero solo subió al auto de la morgue, dejándonos muchas dudas a toda la gente de prensa, que lo único que buscaba era hacer una noticia que al televidente convenza.


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2 Comentarios

  1. veronicacr 07/08/2010 en 2:45

    gracias por el comentario y tomar la paciencia de leerlo , lo que pasa es que talves exagere , porque , en el curso que llevo nos mandaron hacer una crónica tome unos hechos de la realidad , lo demás fue una creación mia

  2. Anónimo 24/07/2010 en 20:08

    Sería interesante que antes que escribas empieces por averiguar primero lo que sucedió ese día fatal.
    Entiendo que seas una principiante en el periodismo, pero los periodistas y quienes siguen esta noble profesión (u oficio como la llaman otros) jamás nos compararemos como “lobos hambrientos” y quiénes a la casa aquel día, no pasaron de diez periodistas, pero no “un grupo de más de cien”, como lo afirmas en su escrito. Empieza tus comentarios diciendo la verdad.
    Suerte

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