Miércoles 28 de septiembre de 2016,
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La dignidad afirma el valor de cada ser humano por el mismo hecho de serlo

Desde un punto de vista laico, la dignidad es el valor al que
hay que subordinar todos los demás

Opinión

¿Es una frivolidad escribir sobre los derechos humanos desde
el primer mundo, desde uno de los países llamados desarrollados? Desde luego
frente a la falta de agua potable, la falta de alimentos o la falta de
medicinas que padecen tantas y tantas personas en demasiados países, cualquier
cosa dicha desde la opulencia de Occidente puede parecer insignificante, pero
no lo es.

Como esas familias nobles que saben inculcar a sus miembros la
importancia de pertenecer a ellas, nosotros debemos transmitir a todos nuestros miembros el orgullo de formar parte del género humano
Ni siquiera el amor o la amistad son
concebibles sin el respeto por la dignidad de uno mismo y del otro

En Occidente también se vulneran los derechos humanos. La
llamada violencia de género, el tráfico ilegal de personas o el ejercicio de la
prostitución en condiciones de semiesclavitud son algunos ejemplos.

También se
tergiversan confundiendo, por ejemplo, la representación política democrática
conseguida con tantos esfuerzos con la representación teatral que desarrollan
los políticos ante los medios de comunicación, de tal manera que el escenario
de la democracia se parece a veces más al mercado que a la asamblea.

No nos
referimos al control económico y financiero de la política (que también), sino
a la dramatización y mercantilización de la actividad política a través de los
medios de comunicación. En tanto en cuanto la política depende de los medios de
comunicación corre el riesgo de convertirse en un producto de consumo. Seguramente
algunos de estos excesos son los que hacen poco creíble nuestro sistema a
culturas diferentes que nos acusan de hipócritas.
¿Hay algún vector que atraviese las políticas, los países,
las divisiones este/oeste y norte/sur? Creemos que sí, varios. Uno de ellos es
la educación en su sentido más básico y fundamental que implica también la
socialización o, lo que es lo mismo, la adquisición de la capacidad de vivir en
comunidad, que es la única forma de existencia de la especie humana.

 

¿Podemos afirmar algo que sea útil o significativo para todo
el género humano desde la educación? También creemos que sí. Hay algunos
valores universales en los que se puede y se debe educar a todos los niños y
niñas, a todas las generaciones sean de donde sean. Valores que excluyen el
sometimiento (activo o pasivo), la violencia, el abuso de poder y muchas otras
infamias. Y, para no pecar de idealista, llegado el momento, también enseñan a
morir con dignidad.

¿Cuáles son estos valores? El primero de todos es en el que
se basa la declaración de derechos humanos: la dignidad.

La dignidad es el pilar básico del resto de los valores
humanos. La dignidad afirma el valor de cada ser humano por el mismo hecho de
serlo. Como esas familias nobles que saben inculcar a sus miembros la
importancia de pertenecer a ellas, de ser quien se es por nacimiento, nosotros,
la gran familia humana, debemos transmitir a todos nuestros miembros,
particularmente a los niños, el orgullo de formar parte del género humano.

La dignidad también está en la base de la autoestima, de la
que tanto se habla últimamente. Detrás de muchas situaciones de sometimiento o
indefensión en las que se encuentran inmersas demasiadas personas hay una
merma, lógica, de autoestima, que hace aún más difícil su superación.

Pero no
debemos confundir los efectos temporales sobre el estado de ánimo de la llamada
autoestima con la dignidad. La dignidad es más básica. Apoyándose en ella, a
veces sólo en ella, se pueden reconstruir vidas rotas (por accidentes, guerras,
desastres naturales) en las que hablar de autoestima parecería fuera de lugar.
También por ella los individuos y los pueblos son capaces de plantar cara a las
injusticias asumiendo riesgos extraordinarios.

Educar en la dignidad significa fortalecernos contra las
situaciones de sometimiento, de dependencia patológica, de indefensión
aprendida, etc., vacunarnos contra la cobardía y la subordinación ante la
injusticia.

El sentimiento de dignidad implica un valor supremo que no
sólo hay que mantener durante toda la vida (y hasta frente a la muerte), sino
también la obligación de cultivarlo, de acrecentarlo, de transmitirlo a los
demás y a las generaciones venideras.

Sólo sobre su base puede construirse un
auténtico sentimiento de respeto por los demás. Sólo desde el respeto a uno
mismo y a los demás es posible desarrollar un vínculo de solidaridad. Todos los
valores humanos implicados en el dar y el recibir (generosidad, agradecimiento,
compartir, aceptar, ofrecer, etc.) también dependen de la propia dignidad en el
sentido de considerar valioso lo que damos de nosotros mismos y recibimos de
los demás.

“Eres una persona única, eres una persona valiosa,
eres insustituible, eres una persona digna de respeto”, es algo que
todos los padres deberían decir a sus hijos, algo que deberían hacer cumplir en
su familia, en su entorno inmediato y en su comunidad. Con esto último, con el
ejemplo, les mostrarían también a los hijos la importancia de la defensa activa
de la dignidad.

Desde un punto de vista laico, la dignidad es el valor al que
hay que subordinar todos los demás. Ni siquiera el amor o la amistad son
concebibles sin el respeto por la dignidad de uno mismo y del otro, hasta esos
nobles sentimientos, sin respeto por la dignidad, se pueden convertir en
vínculos de dependencia o de sometimiento. Porque la consciencia de la propia
dignidad también es básica para alcanzar la autonomía personal, y sin autonomía
no hay libertad.

Defender los derechos humanos implica luchar por la dignidad
de todos los seres humanos, defenderla de todos los ataques sean éstos económicos,
políticos, militares, sociales… físicos o psicológicos. Profundizar en la
dignidad humana implica un camino de conocimiento y de valor que excluye las
actitudes acomodaticias y cobardes.

 

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1 comentario

  1. Mariasun Miquel 30/09/2008 en 16:42

    Te diría algo. Pero tus palabras lo han dicho todo. Ojalá los futuros periodistas no olvidemos nunca ese principio de responsabilidad social, que nos recuerda que nos debemos al prójimo y no al Estado o viceversa. Al menos, ese sería mi granito de arena. Un saludo y enhorabuena por el artículo!

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