Jueves 27 de marzo de 2014,
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Inmersos en la era del eufemismo

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Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda, hace poco declaraba que los salarios estaban moderando su subida cuando todas las encuestas constataban su caída

Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda, hace poco declaraba que los salarios estaban moderando su subida cuando todas las encuestas constataban su caída

¿Por qué tras propuestas como “sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y mejora de la calidad” se esconden recortes de derechos básicos y exclusión de colectivos altamente vulnerables? O, ¿por qué al, aún sólo pretendido intento, ‘control’ del derecho constitucional a manifestarse y el de libre expresión se le define como “seguridad ciudadana”?

¿Acaso creen nuestros dirigentes y gobernantes que no somos capaces de entender lo que se esconde tras sus eufemismos? ¿Pero es que se creen que somos tontos o imbéciles?

¿Acaso creen nuestros dirigentes y gobernantes que no somos capaces de entender lo que se esconde tras eufemismos como “desaceleración transitoria”, “devaluación competitiva de salarios”, “indemnización en diferido”, “reformas estructurales” o el sofisticado e imposible “crecimiento negativo”? ¿Pero es que se creen que somos tontos o imbéciles?, que según la Academia de la Lengua española supone estar alelado o falto de razón.

Pero no sólo en este país parece que se está imponiendo este lenguaje tendencioso, manipulador, difuso y de mal gusto para no llamar a las cosas por su nombre, el que utilizan los informes de organismos oficiales europeos e internacionales recurre también a desacertados y desagradables eufemismos con la pretensión de suavizar ciertos términos o expresarlos de forma más decorosa, objetivo último de los eufemismos.

Y así podemos leer expresiones como “desnutrición crónica”, cuando se hace referencia al hambre que sufren millones de personas en el mundo; “conflictos de alta, media o baja densidad” cuando en realidad se trata de guerras; “emergencia humanitaria” cuando las consecuencias de las mismas son del todo inhumanas y en muchos casos, salvo las catástrofes naturales, provocadas por la falta de humanidad de ciertos personajes o grupos de poder. Si esta obsesión por desdramatizar y aliviar el lenguaje, con objeto de no alterar nuestra, supuesta, pacífica convivencia continúa, tal vez pronto no seamos capaces de adivinar lo que se esconde detrás de expresiones como “uso irregular de mano de obra no cualificada” y olvidemos que se hace referencia a la esclavitud o la explotación infantil. Así que oído al parche.

¿Les suena la expresión “oleadas de inmigrantes”? Otro eufemismo para ocultar, para hacer menos vergonzante el hecho de que unas sociedades supuestamente avanzadas, sean, seamos, incapaces de dar solución a los hirientes dramas humanos que se esconde tras cada una de ellas. Porque, ¿quién de ustedes, en su sano juicio, pondría en juego su vida y la de los suyos si tuviera otra opción, otra alternativa posible, si no se encontrara en la más absoluta desesperación, si no hubiera agotado ya todos sus recursos?

¿Que no hay soluciones? ¡Desde luego que las hay! ¡Lo que no hay son voluntades ni políticas, ni sociales!

¿Que no hay soluciones? ¡Desde luego que las hay! ¡Lo que no hay son voluntades ni políticas, ni sociales! Y es que, hay que reconocer, que las medidas que deberían adoptarse no nos gustan, pues suponen renunciar a ciertos privilegios que tendemos a considerar como derechos, cuando todos sabemos que no es lo mismo una cosa que otra.

A nuestro país vienen ricos, pero a esos les llamamos “inversores extranjeros”, que por lo general viajan en primera clase y en poderosas líneas aéreas que financian o compran importantes empresas o clubes de fútbol españoles y europeos que lucen sus logotipos en las camisetas. Otros, como el rey del acero, vienen a nuestro país a celebrar insultantes y obscenos despilfarros, aplaudidos por muchos, alquilando para la ocasión – la boda de una sobrina – nada menos que el salón oval del Museo Nacional de Arte de Cataluña. Sólo la recepción de los 500 invitados costó más de un millón de euros, al que sumará otros 30 ó 40 en los tres días de celebración. ¡Impúdico y ofensivo!

Los otros, los inmigrantes, los ilegales, los pobres, continuarán intentando llegar por mar o por tierra, pero acostumbrados a convivir con la escasez, sólo es cuestión de tiempo que superen el obstáculo que supone llegar por aire. Y lo harán, no lo duden y, como están adaptados al medio hostil, a sobrevivir con recursos limitados, se sobrepondrán a las adversidades y sobrevivirán. ¿Y nosotros?¿Seguiremos utilizando eufemismos para vencer el miedo?

Imagen: Partido Popular Castilla y León

Editado por la Redacción: subtítulo, destacados, enlace e imagen

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