Sábado 10 de diciembre de 2016,
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Dos creaciones literarias: realidad, ficción y creatividad

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Hoy mi imaginación me ha transportado a dos pequeñas creaciones artísticas, de más o menos valor literario, pero llenas de misterio y cierto encanto. Donde lo real se mezcla con lo ficticio, y la creatividad artística hizo el resto

Hay que tratar de no mentir, más uno lo haría en dos casos muy concretos: a) para salvar la vida de un ser humano, y b) para elogiar la belleza de una mujer –parto de la base de que para uno existen tan sólo mujeres menos guapas, pues toda mujer tiene su encanto-. Hoy mi imaginación me ha transportado a dos pequeñas creaciones artísticas, de más o menos valor literario, pero llenas de misterio y cierto encanto. Donde lo real se mezcla con lo ficticio, y la creatividad artística hizo el resto. Y este entretenimiento y sentimiento que trasmite el alma del que escribe, le hace desarrollar una de las funciones superiores de cualquier hombre: la creatividad. Mas ésta no implica que los artistas sean personas extrañas o necesariamente superiores.

Y para esto se escribe: para distraer, enseñar y hermanar a los pueblos del mundo entero, sin distinción de raza, sexo, religión, etc. Saber el cómo y el cuándo adelantarse a los acontecimiento de interés periodístico. Y es que es prosista –periodista– quien tiene que plasmar todos los días sus artículos, comentarios, entrevistas, reportajes, cuentos o novelas de ficción, etc., que en futuro será su ‘obra literaria’.

Y para esto se escribe: para distraer, enseñar y hermanar a los pueblos del mundo entero sin distinción de raza, sexo, religión, etc.

Esta primera historia o narración cae dentro de lo posible o de lo imaginativo de cualquier ser humano, con un poco de sentido común:

Corría el año…, ¿qué más da? Puede ser hoy, pudo ser ayer, y podrá ser mañana. Los niños siempre son niños, y debemos quererlos y respetarlos, pues son cosecha inigualable. Salió Oiluj -de 14 años de edad- a pasear por las inmediaciones de la casita de campo donde pasaba los fines de semana, en compañía de sus progenitores. Anduvo escoltado por su fiel perro ‘Naybet’, que le lamía en sus mejillas, como cuando se dan besos de caridad entre hermanos. Me tropecé con él, y le dije: “¿Adónde vas con tanta prisa, muchacho? Quizá, a disfrutar del campo en este día de asueto, tan hermoso, tan alegre…” “Desde luego, señor Zepol. Usted ya sabe como disfruto de la naturaleza en compañía del chucho…”, me afirmó.

No habían pasado más de dos horas, cuando el simpático del muchacho regresó a la velocidad que le daban sus piernas, y, al parecer, sus miedos, dado el semblante de susto que presentaba su rostro. “¿Qué te sucede jovencito?”, le pregunté. “Verá usted, he bebido agua en la fuente de Nas Odnesor, y, a continuación, oí una voz como venida del cielo”, me contestó. Dicha voz, me informó que “la felicidad no está en este mundo, sino en el otro”. Después, ‘Naybet’ y yo caímos en un profundo sueño, y por nuestras mentes pasaron -al galope- cientos de personas encapuchadas, que portaban antorchas con mangos negros y pronunciaban la palabra ‘hambre’. Continuando diciendo: “Pan, pan para todos nuestros hermanos que sufren la más cruel de las enfermedades: hambre”. Al poco, mi sueño o visión me llevó a una gran gruta donde se pronunciaron las siguientes invocaciones: “¡Señor, que vean!, ¡Señor, que oigan!, ¡Señor, que anden!…”. Al final, y entre humos y nieblas, surgieron gentes con rostros irreconocibles -ni vivos ni muertos-, que se zambulleron en enormes bañeras… Todos cantaban y alababan al ‘Dios de todas las religiones’.

“Así finalizó nuestra noche, la noche de las antorchas”, señor Zepol. “¿Cree usted, en verdad, que alguien admitirá nuestras extraordinarias vivencias? Me llamarán mentiroso, embustero, exagerado… Aunque poseo un positivo testigo: mi camarada Naybet”, me comentó. “Nadie propagará esos improperios contra ti y el can, muchachote”, le dije. “Habrás de servirte de una estratagema que jamás falla. Di, pregona, difunde todo y cada una de las imágenes de las que habéis sido testigos. Todo es tan maravilloso que, desde luego, no debe ser callado. Pero hazlo como si se tratase de un juego, es decir, ni mientas, ni siquiera describas la verdad, ni expliques, ni siquiera dialogues… Coméntale a tu profesor que, a ser posible, os ponga una redacción pequeña -como deberes para casa-: un cuento. Pues bien, como tal narración tu imaginación tendrá rienda suelta para poder explayarse, y así, el mundo entero conocerá vuestra experiencia única e irrepetible. Hablad de vuestro cuento, nadie se lo creerá pero todos serán voceros del mismo, todos serán voceros de ‘La noche de las antorchas'”.

Esta segunda historia o narración nos cuenta la muerte terrible de tres infelices muchachas, que todos los días pululan por nuestras ciudades.

Sandra, Tamara y Jessica salieron el viernes a las 23.00 horas, como todos los viernes, con el propósito de tomar unas copas con sus amigos. Llevaban sus neceseres en orden: barra de labios, píldoras anticonceptivas, globos protectores para el instrumento (miembro viril) –pues no es más que un instrumento, más grande o más pequeño, pero instrumento al fin y al cabo– procreador masculino, DNI y 50 euros. Paró un coche con conocidos. Les dijeron los tres del coche: “¡Subid! ¿A dónde vais?”. “A dónde vayáis vosotros”, contestaron.

Los jóvenes les comentaron que lo iban a pasar muy bien. Que sabían de un buen rollo y gratis. Corría el vehículo a gran velocidad, y del interior salía música estridente a toda pastilla. Sobre las 23.55 h, después de atravesar una arboleda semicircular llenas de hojas verdes, llegaron a un enorme hangar, se bajaron y subieron a un ascensor que bajó. Se abrió la puerta, y en una antesala el camarero les sirvió a todos una especie de vermú con aceitunas, caviar, salmón ahumado… Les indicó que se pusiesen unos pasamontañas negros autoadhesivos. Al poco, las jóvenes acompañantes se esfumaron.

Sandra me narró lo anterior, quien en compañía de las otras dos muchachas también desapareció. Mi pareja sentimental y yo fuimos en un taxi con cristales oscuros. Con los ojos sellados con esparadrapo, y con nuestros relojes parados y sin pilas. Nos llevaron a una sala semicircular, y en el centro aparecieron tres jóvenes completamente desnudas. Podrían tener entre 17 y 22 años, pues la hermosura de sus cuerpos así lo denotaba. Bailaban dentro de un aturdimiento de movimientos. Aparecieron tres hombres maduros –que ocultaban sus rostros con pasamontañas de tela fina negros–, que sodomizaron a las tres jóvenes, llevando a cabo toda clase de sevicios sexuales. Desgarradores gritos salían de las gargantas de las tres infelices muchachas.

Los que estaban sentados en el salón y proscenios consumían cocaína, esnifándola por sus narices. Mi pareja y yo abandonamos el recinto ante tal salvaje espectáculo, volviendo en el mismo taxi que llegamos, y con los ojos bien tapados.

A los pocos meses apareció en prensa que “tres jóvenes habían aparecido muertas, con indicios racionales -corroborados por el forense-, de haber sido violentadas sexualmente”. Me dijo mi pareja sentimental que debíamos denunciar lo que presenciamos. Le contesté que poco o nada podíamos notificar: denunciar el lugar en que estuvimos y que desconocíamos, nuestros relojes –ya sin pilas– se pararon a las 23.05 h, y todos los presentes se hallaban con rostros tapados, así como aquellos insaciables enfermos hombres maduros, que protagonizaron el espectáculo macabro. Al final, acudimos a la Policía… Éste fue mi primer sueño que…pudo llegar a ser una realidad. Mi pareja y yo fuimos testigos excepcionales de esta masacre sexual

Mas tarde, y así lo pensé, llegué a la conclusión de que, el narrador que todos llevamos dentro, había descubierto una de las muchas ‘historias para no dormir’, que circulan por esos mundos de Dios.

Imágenes (por orden): imagen 1, imagen 2

Mariano Cabrero es escritor


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Sobre el autor

(...)He nacido en Madrid, 8 de Noviembre de 1938. Estoy casado y con dos hijos. Soy esscritor, poeta y ensayista. Funcionario de La Administración del Estado(escala Ejecutiva), jubilado, pero con unas ansias enormes de seguir escribiendo para aprender de los demás. Informar, tratar de ilustrar y entretener forman parte de mi bagaje cultural, que renuevo a diario. Y en todo momento trato de transmitir tranquilidad y esperanza a la sociedad actual: todo dentro de una ética periodística adecuada a cada momento. Busco como articulista el informar cuanto antes lo que acontece a mi alrededor. Lo demuestro con mis humildes obras( hijos propios salidos de mis sueños): "Periodismo: ¡Difícil profesión!" (1995) y "Mi compromiso con el periodismo" (1998). Intento penetrar en el difícil mundo de la poesía, y lo lleva a cabo con silencios, diálogos con muertos y con la exaltación del amor a la mujer: el ser más maravilloso sobre la tierra. Trato de demostralo con mis libros de poemas : “Reminiscencias de mi juventud, Poemas" (1994), "Miscelánea de muertes, sueñosy recuerdos, poemas" (1995), "La realidad de mis silencios, poemas" (1997) y "La travesía de la vida, poemas" (2001).Siempre escribo para aprender de los demás, de sus críticas, de sus consejos...He tratado de no mentir, más uno lo haría en dos casos muy concretos: a) para salvar la vida de un ser humano, y b) para elogiar la belleza de una mujer –parto de la base de que para uno existen tan sólo mujeres menos guapas, pues toda mujer tiene su encanto...-.

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