Lunes 26 de septiembre de 2016,
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Dudo, luego estoy vivo

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OPINIÓN / Sospecho que los que gobiernan son marionetas. ¿Cómo han permitido que el sector financiero se adueñe del poder político y la soberanía popular?

Renato Descartes fue mercenario con el ejército cristiano en las guerras de religión en Europa central. Vio tanto horror y muerte que dejó de creer en el ser humano como animal racional. Empezó a dudar de los hombres, de las Instituciones, incluso de Dios. Llegó a la conclusión de que todo era falso, salvo él, que sí era real puesto que estaba pensando: “pienso, luego existo”. Comprender la actual crisis leyendo, viendo y escuchando a todos los protagonistas nacionales e internacionales en los medios de comunicación, es una tarea inútil. Todos los puntos de vista son interesados y cada uno interpreta la crisis según el grupo al que pertenece, la posición que ocupa y los intereses que representa. Por tanto, empieza a dudar de todo, de todos y de mí también.

Todos los puntos de vista son interesados. Por tanto, empieza a dudar de todo, de todos y de mí también

Desde 2007 estamos sumisos en esta crisis económica que nos está domando y amansando en las reivindicaciones legítimas de todo ciudadano, que son conseguir un futuro mejor para sus hijos. Los Estados están endeudados, y la única solución que dicen tener para cuadrar sus cuentas es recortar servicios públicos y derechos adquiridos de los trabajadores. Y ¿quiénes dicen esas chorradas?, pues los que gobiernan aquí, en Europa y en las Instituciones Internacionales, son los mismos culpables del endeudamiento. Pues yo empiezo a dudar de todos ellos. Sospecho que los que gobiernan son marionetas. Si tan capacitados están, ¿cómo han permitido que nuestras Administraciones Públicas hayan caído en manos de los mercados privados usureros? ¿Cómo han permitido que el sector financiero se haya adueñado del poder político y de la soberanía popular?

Los Estados tienen ingresos y gastos, y el poder político administra ese presupuesto según la política del gobierno de turno elegido en las urnas. La disfunción surge cuando presiones externas obligan al gobierno a gastos y subvenciones extras en beneficio de una oligarquía. Además, si los ingresos no cubren esos gastos, pues mejor que mejor, esa oligarquía, que también es dueña del sector financiero, presta al Estado hasta hacerlo prisionero de sus deudas. Pero no seamos incautos, sólo la burbuja inmobiliaria no es la causa de nuestras desgracias. La España autonómica ha sido un pozo sin fondo, un nido de privilegiados y una fábrica de chorizos. La internacionalización y la deslocalización de la producción han sido un negocio para la gran empresa y el desempleo para millones de ciudadanos. Y la fuga de capitales hacia los paraísos fiscales ha sido el colofón, ha colapsado el sistema fiscal y mermado los ingresos del Estado. Estas disfunciones son las que hacen peligrar el Estado del bienestar. Dudo que los gobernantes consigan volver a la situación anterior sólo con recortes del gasto público. Sospecho que esa Oligarquía aún no ha culminado su estrategia, que no es otra que dirigir los negocios de los Estados para su propio beneficio. También podría ser, que mientras aquí especulamos, divagamos y filosofamos, en alguna parte del mundo se planifica el futuro de todos.

¿Y si esta crisis ha sido diseñada?, ¿diseñada para financiar una guerra y no cometer los mismos fallos que en guerras anteriores?

¿Y si esta crisis ha sido diseñada?, ¿diseñada para financiar una guerra y no cometer los mismos fallos que en guerras anteriores? La crisis del petróleo de la década de los 70 y el subsiguiente endeudamiento de los países del tercer mundo en la década de los 80, equilibraron la economía de EE.UU., pero sólo después de perder la guerra de Vietnam. La guerra relámpago de Irak de 1991 terminó en falso por falta de presupuesto y dio lugar a la de 2003, que también lleva camino de otra derrota por falta de compromiso y financiación de los socios de EE.UU. La situación en Afganistán es la misma, una ruina económica y un desastre militar. Con este panorama, Estados Unidos, al frente de Occidente, no puede seguir ejerciendo de policía mundial y detener el peligro nuclear de Corea del Norte y, sobre todo, de Irán. Los preliminares militares ya empezaron con el saqueo de Libia y sólo falta la caída de Siria para el asalto final. Esta vez, la financiación debe estar asegurada antes de emprender esta aventura sin retorno, no sólo para derrotar a Irán, sino esencialmente para disuadir a Rusia y China de intervenir en el conflicto al lado de sus socios.

La recesión económica mundial puede obedecer a muchas causas, y también la militar. El sector bancario privado occidental está acaparando billones de dólares y euros en concepto de ‘ayudas públicas’, los paraísos fiscales concentran entre el 25 y el 50% del capital mundial y los Estados pagan altísimos intereses a los ‘mercados’. Todas son cuentas privadas opacas que escapan al control público democrático. Dudo, luego estoy vivo.


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