Jueves 24 de agosto de 2017,
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Economía inútil

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Viviendas vacías

Viviendas vacías

Millones de pisos que no se utilizan.

Autopistas construidas en paralelo, una a la vista de la otra.

Aeropuertos sin aviones.

Leche vertida para nadie.

Partidas de póker en la bolsa.

Etcétera…

Es el resultado de un modelo que para mantener su crecimiento no se para en nada, ni tan siquiera en que sea útil

Todo esto y otros tantos ejemplos han sido, y pretenden seguir siendo, las grandes aportaciones a una economía de las cosas inútiles. Es el resultado de un modelo que para mantener su crecimiento no se para en nada, ni tan siquiera en que sea útil.

¿A quién sirven viviendas vacías, más aún cuando hay gente en la calle?

¿A quién sirven las subidas y bajadas de la bolsa en horas?

¿A quién sirve duplicar carreteras?

La respuesta la sabemos todos.

¿Seríamos capaces de asfaltar España y luego, como no nos gusta, levantamos el asfalto? Crearíamos un montón de puestos de trabajo y las industrias del sector ganarían un montón de dinero. ¿Cuál sería la diferencia con haber construido casas que nadie habita? La perspectiva de que algún día ganaré dinero con ellas, nos dirían los listillos que quieren volver a la especulación como derecho popular.

Y mientras tanto no paramos de realizar trabajos que no se consideran empleo, que no se remuneran. ¿Por qué lo hacemos?, ¿somos tontos? No, no somos tontos, lo hacemos porque esos trabajos son útiles y necesarios para las personas y para el medioambiente. El cuidado de las personas, de todas las personas sin excepción, apenas si encuentra un mercado en algún segmento muy concreto. Y cuando el mercado entra, confunde nuevamente la utilidad con la manipulación de los sentimientos, con la culpa de los que acabarán pagando las facturas. No es eso de lo que hablamos, ni lo que queremos.

¿Por qué la inutilidad encuentra mercado y la utilidad no? El absurdo está servido y así la mayoría de las personas del planeta pagamos la estupidez de la economía del egoísmo

Si el trabajo que se hace en cada una de nuestras casas y en nuestras comunidades, con las personas y con el entorno, trabajos que son útiles y son necesarios, fueran reconocidos por el mercado, la economía no se parecería en nada a lo que es.

Algunos que saben, dicen que si no se paga es porque no tiene mercado. Y, ¿cómo hemos de leer que alguien necesite algo, le sea útil, pero no quiera pagar por ello? Seguramente ese mercado, que tiene de todo menos libertad, está dirigido hacia otros intereses tan soberbios que ni tan siquiera se preocupan por cubrir la necesidad.

¿Por qué la inutilidad encuentra mercado y la utilidad no? El absurdo está servido y así la mayoría de las personas del planeta pagamos la estupidez de la economía del egoísmo.

NITTÚA
Raúl Contreras
Núria González

 

Editado por la Redacción: subtítulo y destacados

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