Miércoles 26 de marzo de 2014,
Bottup.com

Verdad, justicia y reparación para la reconciliación nacional

1 punto2 puntos3 puntos4 puntos5 puntos6 puntos7 puntos8 puntos9 puntos10 puntos (Valora el artículo)

 

La educación para la paz promueve la democratización y la inclusión social, la igualdad de género y el empoderamiento de los grupos de base

Colombia. Muchas veces cuando le preguntas a las personas por el significado de cultura de paz, tienden a asociarlo con pasividad y quietud, perspectiva bastante errada, pues educar para una cultura de paz significa todo lo contrario. Se trata de empoderar a las personas para que ellas sean críticas frente a su mundo individual como colectivo y adquieran un compromiso social. Con el objetivo de formar personas activas, que busquen fortalecer su entorno a través de distintas alternativas desde una perspectiva multicultural, alejándose de patrones impuestos y rituales establecidos. Lo que significa poder interpretar la realidad desde una mirada global como local y propositiva, que permita encontrar soluciones y alternativas de resistencias distintas a la violencia, fomentando una actitud la cual vea a los conflictos como posibles escenarios de oportunidades y no como escenarios de violencia.

Se fomenta una actitud que vea a los conflictos como posibles escenarios de oportunidades y no como escenarios de violencia

En este orden de ideas, educar para una cultura de paz significa trabajar por deslegitimar la violencia impuesta en estructuras mentales, que debido a las coyunturas de las últimas décadas, se ha creado en las personas y su subconsciente, pues ha predominado la cultura de la agresión, debido a variables e intereses económicos, políticos y sociales. Lo que ha generado el brote de una violencia física como estructural y cultural, debido a procesos como la globalización o la intolerancia frente a la diversidad religiosa y étnica, fomentado escenario de desigualdad.

En este sentido, la educación para la paz se orienta a crear mecanismos alternativos en el plano económico, político, social y ambiental. Los cuales promuevan la democratización y los buenos gobiernos y fomente la inclusión social, la igualdad de género y el empoderamiento de los grupos base. En el ámbito ambiental busca promover procesos sostenibles.

Alcanzar una cultura de paz en países por décadas azotados por la violencia es un trabajo que requiere de mucho compromiso, y sobre todo es un trabajo colectivo. No se trata solamente de un asunto que ocupe a los altos mandatarios o al Estado, es un trabajo que implica un fuerte apoyo de la sociedad civil. Pues alcanzar acuerdos o llegar a una negociación en aras de la paz, en procesos de transición, implica un componente social, como cultural e histórico.

Educación para la paz y justicia transicional

Un proceso de justicia transicional requiere de una sociedad empoderada con unos escenarios económicos, sociales, y culturales fortalecidos, para que esta pueda desarrollarse, tratándose de un proceso donde se realizan transformaciones en estos ámbitos. Lo que implica pensar en mecanismos que generen transformaciones profundas para no repetir los hechos vividos. No obstante, hablar de justicia transicional implica el abarcar mecanismos alternativos que permitan afrontar las violaciones masivas a los Derechos Humanos. Aspectos como el cese de hostilidades, la vuelta a la vida civil de excombatientes, la participación en política y las víctimas requieren de escenarios de inclusión, los cuales deben ser pensados desde una perspectiva de educación para la paz. En consecuencia, es fundamental comprender que cada proceso de transición tiene sus propias características acorde a un marco cultural en el que se desarrolla el conflicto y las motivaciones de los actores de las sociedades en las que se desarrollan.

Alcanzar acuerdos o llegar a una negociación en aras de la paz, en procesos de transición, implica un componente social, como cultural e histórico

Cualquier proceso de paz implica un deber hacia las víctimas del conflicto: verdad, justicia y reparación que garantice que sucesos como los ocurridos y la vulneración a sus derechos no vuelvan a suceder. En efecto, es imposible pensar en construir un proceso de paz o negociación dejando a un lado el derecho de las víctimas. Por esto, es necesario cambios estructurales en el ámbito político y social que garanticen que no se cometerán delitos contra los Derechos Humanos y la dignidad de las personas. Para esto es fundamental establecer la historia de los hechos, fomentar las comisiones de verdad y establecer a las víctimas en el centro de los procesos de justicia. La impunidad no es la solución a ningún tipo de salida de un conflicto o negociación. Hablar de reconciliación significa un nuevo pacto social, que respete el dolor y el derecho de las víctimas  y un compromiso para que ellas no queden en el olvido.

No obstante el deber no es sólo con las víctimas, también lo es con los victimarios. Debemos aprender a comprender qué motivos convierten a una persona en victimarios, y cómo desde nuestro lugar de encuentro podemos erradicar esos motivos.

Es importante resaltar que los modelos de transición cambian dependiendo de los modelos culturales, lo importante es que estos sean liderados por alternativas creativas que fomenten un proceso de reconciliación nacional. Para esto es fundamental establecer estrategias integrales, es decir, no se trata, en el caso de la reparación, de sólo reparar a las víctimas económicamente, el aspecto psicológico y emocional es esencial. Consecuentemente un proceso de transición requiere las herramientas que propone la educación para la paz:

1) Aprender a conocer, esto es, adquirir los instrumentos de la comprensión.
2) Aprender a hacer, para poder actuar sobre el entorno.
3) Aprender a vivir juntos, para participar y cooperar con los demás en todas las actividades Humanas.
4) Aprender a ser.

Es imposible pensar en construir un proceso de paz o negociación dejando a un lado el derecho de las víctimas. Pero el deber también lo es con los victimarios

En este orden de ideas, es así que sólo a partir del desarrollo de estrategias para la paz es posible hablar de procesos de transición exitosos, que no dejen en la impunidad los crímenes contra los Derechos Humanos y reparen a las víctimas de manera integral.

Educar para la paz es enseñar a dialogar y a escuchar, elementos que nos permiten convivir los unos con los otros, ¿y qué es convivir? Se trata de soñar juntos, así nuestros sueños e intereses no sean los mismos, con la tranquilidad de poder compartirlos y expresarlos colectiva y públicamente.

No esperemos que la paz llegue a nosotros en forma de ave, estamos en la obligación de actuar y transformar las dinámicas en las que por años nos hemos movido. Alcanzar la paz es tener una mirada crítica frente al mundo en el que estamos viviendo, la comodidad de unos no puede ser el dolor o la carencia del otro. En este sentido nuestro primer aporte a un posible proceso de paz es ser consientes del papel que jugamos en el país que vivimos y optar por una posición más activa y comprometida.


Subtítulo y destacados

¿Te gustó este artículo? Compártelo

Participa con tu comentario