Jueves 08 de diciembre de 2016,
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Egunkaria: radiografía de una buena noticia

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OPINIÓN / Después de siete años del cierre del periódico Euskaldon Egunkaria, los cinco responsables procesados por una ‘presunta’ relación con ETA, han sido declarados inocentes

El día tres de febrero de 2003, el periódico Euskaldon Egunkaria fue cerrado por las Guardia Civil. Ese periódico, en euskera y con una línea editorial abertzale, fue acusado de estar supeditado a ETA y, como el periódico Egin anteriormente, fue clausurado. Si bien en un plazo corto el diario fue sustituido por otras cabeceras de similar línea, primero Egunero, publicando ya desde el día siguiente al cierre, y posteriormente Berria, que continua en la actualidad.

En estos días se resuelve que ni los cinco acusados encarcelados están vinculados de manera demostrable a ETA, ni, por lo tanto, Euskaldon Egunkaria, ‘Diario de los Vascohablantes’, puede considerarse parte de los entramados de la banda.

Por lo tanto, los siete años que el periódico ha estado cerrado han de ser reparados, retirando la prohibición de publicar y, económicamente, mediante indemnización tanto por el cierre cautelar del medio como por la encarcelación de diez personas que trabajaban allí. Además de esto, el director del periódico Martxelo Otamendi ha denunciado tortura durante la detención. Este asunto, de probarse, es un agravante, no solo por lo impertinente de la tortura en un Estado de Derecho, sino porque el derecho al secreto profesional, en los ámbitos que tienen que ver con la información, es un pilar básico del informador.

Hay quien habla de sesenta millones de euros y, también hay quien dice que la reapertura de Egunkaria es o ha sido un requisito de ETA para volver a sentarse en una mesa de negociación. No están verificados ambos hechos, pero desde la estricta parte del estado de la democracia y la justicia, es de ley que esta situación se restituya y revierta a la fecha del cierre y las detenciones.

Además de esto, el director del periódico Martxelo Otamendi ha denunciado tortura durante la detencion. Este asunto, de probarse, es un agravante

El resumen de todo esto es que un periódico, por muy radical o extremista que sea, fue cerrado con una base escasa o nula, lo que ha originado que siete años después, ‘Justicia lenta no es justicia’, que los jueces se encuentren en la tesitura de darles la razón al decir que ser vasco, euskaldún y abertzale no es lo mismo que ser terrorista. Todavía queda un sumario, el relacionado con la economía y finanzas del periódico, pero la presunción es que quede en penas menores o ajenas al meollo del asunto: la relación orgánica entre el medio y la banda.

En este caso, la sensación de que la lucha contra el terrorismo brutal de ETA no puede sobrepasar el Estado de Derecho, y por lo tanto, cerrar un periódico sin la prudencia mínima de la prueba concluyente, es algo que debe hacer replantearse la lucha contra la banda, y tanto más si pudieran asegurarse torturas y malos tratos. Una estrategia de exceso de presión sobre el entorno social, ideológico y cultural vasco no solo da esta imagen interior y exterior de abuso, sino que alimenta, si el resultado es fallido como en este caso, el universo común de opresión y falta de derechos al que siempre acuden los más radicales para justificar sus abyectos crímenes. La ordalía política e ideológica contra todos los abertzales da líneas a los violentos en su torpe argumentario lleno de leyendas urbanas y lugares comunes.

La posibilidad de que esta sentencia apoye a los más radicales no ha de dar miedo, porque con democracia y justicia no se alimenta al fascismo asesino sino que se le debería hacer recapacitar sobre las posibilidades de la democracia, el Estado de Derecho y la consecución de los fines políticos por medios exclusivamente políticos.

Otro punto importante y evidente es el control económico de la indemnización oportuna a decidir, para evitar que ese dinero de todos los españoles acabe en la cartera de un terrorista.

Un tercer corolario es la sensación y virtud de la justicia para aislarse del barullo y la vorágine del ‘zeitgeist‘ y dictar de acuerdo a derecho. Hoy y en estos tiempos, que se dilucidan varias querellas contra el Juez que cerró Egin, Baltasar Garzón, nos debe dar tranquilidad a los ciudadanos: sea lo que sea será dictado con la mayor y mejor objetividad de la justicia, como ha ocurrido en el caso Egunkaria.

Una última, y amenazante situación es el maltrato a un medio periodístico. Euskaldon Egunkaria, como en general todos los medios, son como pajarillos enjaulados en el que el mínimo grisú de la intolerancia o intransigencia agota y ahoga. Creando esa excrecencia amarga que es el control de los medios y el marcaje a la necesidad de información del ciudadano, que tiene el tufillo inocultable al autoritarismo o a la democracia vigilada.

Los periodistas son esa espita por la que la realidad se convierte en verdad y pensamiento y, en algunos casos, incluso reacción y activismo. Nunca el mensajero hizo el mensaje aunque sí su encuadre y perspectiva. En este caso, que la sentencia sostenga que la libertad de expresión ha sido atacada por este cierre del diario, abunda en esa verdad y refuerza la idea de separación de poderes e independencia del poder judicial.

El hecho de que la justicia pueda actuar así contra un medio periodístico da unos parámetros que ‘per se’ y por la propia naturaleza de la justicia, amenazan. Recordemos el cierre en 1971 y posterior voladura del diario ‘Pueblo‘ en Madrid en 1974, que significó, de hecho, una losa y un aviso a cualquier acto de apertura o libertad y que, al fin y a la postre, y a pesar de las amenazas judiciales y policiales, no pudieron coartar la vena necesaria de libertad que el pueblo español reclamaba.

El hecho de que muchos no compartamos la línea editorial de Egunkaria no ha de ser justificación ni necesaria ni suficiente para el abuso. Los propios lectores, oyentes, televidentes, decidirán. Este último pensamiento me lleva, en otro orden de cosas muy diferente pero lindante en el hecho de acallar medios o a personas, con el caso de Federico Jiménez Losantos, un periodista que no es de mi gusto personal pero cuya salida de la cadena de radio COPE fue también un ejercicio de censura.

El cerrar un periódico, elemento básico de información, ha de sustentarse en algo más que en la apariencia de que todos o parte de sus integrantes coinciden políticamente con los terroristas

Sin embargo, el derecho a la libertad de expresión y esa inviolabilidad de las fuentes de información no son infinitas y no deben amparar ni al terrorismo, en el terreno del negro sobre blanco de las columnas, ni en desviar fondos o colaborar con sus fines. Como vemos en algunos casos, la frontera es ínfima y por eso la justicia y las policías han de actuar con rigor, exquisitez y sin la premura del resultado cortoplacista para acallar a los medios.

El daño causado ha de ser reparado, pero también el reconocimiento del error y una mejora necesaria que evite que el exceso de celo o una investigación no suficientemente cimentada, son los pasos necesarios para evitar que la sensación de ‘atajo’ en el sistema de derecho se aposente.

Por eso creo que esta sentencia es una buena noticia. Primero porque se ve que el engranaje de la justicia funciona, perfectiblemente pero funciona, a pesar de las insistentes campañas libelo de triste sesgo. Por otro lado, porque se asegura que el cerrar un periódico, elemento básico de información, ha de sustentarse en algo más que en la apariencia de que todos o parte de sus integrantes coinciden políticamente con los terroristas; y, también, porque desarma a los más violentos, que siempre acusan al Estado de Derecho de no serlo, sino un contubernio oculto y tapado contra los vascos.

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