Sábado 01 de octubre de 2016,
Bottup.com

Ejercer con justicia nuestro mayor poder exige un cambio de paradigma

1 punto2 puntos3 puntos4 puntos5 puntos6 puntos7 puntos8 puntos9 puntos10 puntos (Valora el artículo)

 

OPINIÓN / El fracaso de la democracia como ámbito de poder de la ciudadanía deja paso al consumidor, que aún puede ejercer control sobre las actitudes de las empresas y los gobiernos que lo permiten

Si en algún momento podemos ver con más claridad dónde ejercemos una mayor y continua presión democrática, hoy es ese momento. Las estructuras democráticas, que nunca terminaron de serlo, se van quedando huecas por momentos. El golpe de estado financiero que se va a dar en España con el cambio constitucional, sin atender ni escuchar la voz del pueblo, es clara muestra. Las urnas se quedan pequeñas para dar espacio a las necesidades de la sociedad. El juego de los partidos, gestionado como oligopolio a la luz pública, nos lleva a ver con más claridad que nuestro mayor poder, frente a un sistema como el actual, está en el consumo.

Nuestro poder como consumidores es grande y nuestra responsabilidad también. Es tal, que las compañías, los gobiernos, etc., gastan fortunas en direccionar nuestro consumo

Todos los días tomamos decisiones que tienen una afección sobre muchos terceros, son votos continuos de aprobación o reprobación a las actitudes que las empresas, y los gobiernos que lo permiten, tienen en relación a sus responsabilidades en todos los frentes: económicos, sociales y medioambientales. Nuestras decisiones como consumidores no pueden ser manipuladas una vez han sido ejercidas. El castigo del consumidor a cualquier compañía tiene repercusiones directas y claras sobre sus resultados. Nuestro poder como consumidores es grande y nuestra responsabilidad también. Es tal, que las compañías, los gobiernos, etc., gastan fortunas en direccionar nuestro consumo, en limitar nuestra libertad de elección, de las formas más sutiles a las más grotescas.

El mayor de los engaños fue y es convencer al consumidor de que el propio hecho de consumir genera satisfacción independientemente de que exista una necesidad para ese consumo. Han situado al consumo en un paradigma de elección que sólo trabaja con el binomio cantidad/precio. Ni tan siquiera la calidad real, completa, juega un papel determinante. La idea filtrada en la sociedad de que la satisfacción y el bienestar del consumidor crece conforme crece su consumo es la base que mantiene ese binomio. De esta manera la presión del consumidor se centra en el precio y éste, adjetivado por algún rasgo de calidad muy sesgado y mediatizado por la posición de marcas, es el que nos permite tener más de lo que sea. Sin embargo, aún siendo esto completamente real y demostrado como una actuación mayoritaria, no hemos perdido nuestra capacidad de elección, pero sí hemos de cambiar la manera de ejercerla.

Cuando elegimos unas zapatillas, una cerveza, un destino turístico, etc., somos responsables de las repercusiones que esto tiene. Tenemos un poder que ejercer para indicarle a la sociedad como queremos que sean las cosas. Tenemos capacidad de cambio.

Un euro gastado está tomando decisiones que afectan a la sociedad y a las personas, al medioambiente, al desarrollo local y a la solidaridad entre las personas

Un euro gastado en un bien o servicio está tomando decisiones que afectan a:

  • La sociedad global y a las personas en particular. La explotación del trabajador, el buen gobierno, la injusta exclusión social y laboral, la reducción de la autonomía del ciudadano, etc., no se da por igual en todas las empresas. Nuestro compañero de estudios, o el vecino… puede no encontrar trabajo sólo porque ciertos empleadores no quieren dárselo a cualquiera que no cumpla con requisitos como el no ser mujer que pudiera quedarse embarazada. En muchos países y ocasiones se llega a cometer por parte de las empresas hechos delictivos frente a las personas y su medio si con ello consiguen mayores beneficios.
  • El medioambiente. Otro gran agredido por la acción de compañías irresponsables. Vertidos ilegales o legales, pero claramente contaminantes, erosión del territorio, ineficiencia energética, manipulaciones genéticas, etc., son ejemplo de las agresiones que padecemos todos los ciudadanos del mundo.
  • El desarrollo local / la soberanía del territorio. Consumir un poco más de lo que sea porque es más barato significa, en muchos casos, acabar con la riqueza de nuestros pueblos, ver cómo las empresas locales tienen que cerrar porque el capital se deslocaliza y se va a producir a lugares donde explota a las personas, mal-pagándoles en sitios donde eso se permite, apropiándose de sus recursos naturales, contaminando sus tierras… Al final compras un objeto por un precio insostenible que además de asfixiar a los países y personas que lo producen tan barato acaba con la riqueza de tu territorio.

    Cerrará la empresa de tu vecino y tu hermano será despedido mientras tú te has ahorrado un 15% en el precio. Quizá el siguiente seas tú.

  • La solidaridad entre las personas. Construir mi consumo desde la apropiación indebida de la riqueza de terceros es un acto claramente insolidario. Es algo que hacemos todos los días cuando compramos productos baratos que sumergen en la miseria a millones de personas. La riqueza del planeta es una, y todo lo que me apropio yo alguien ha dejado de tenerlo. Tenemos la responsabilidad de ser justos en la distribución de la riqueza devolviendo a cada uno en correcta relación a lo que aporta al proceso de producción. Estará muy bien que una empresa done parte de sus beneficios, pero está mucho mejor que pague las facturas de sus costes sociales y medioambientales antes de poner ese precio indefendible a su producto. Es impresionante la habilidad de tantas empresas para exportar al resto del planeta las facturas de sus costes. Contaminan, explotan, arrasan con pueblos y culturas y eso luego lo pagamos todos, les estamos subvencionando un mal hacer productivo. La única solidaridad que estas empresas conocen es la nuestra cuando pagamos solidariamente sus costes.

    El mundo está lleno de pequeñas y medianas empresas que viven en sus territorios de forma comprometida y que no pueden competir con quienes, no pagando sus costes totales, revientan el mercado.

Está en nuestras manos y la responsabilidad es personal, de cada uno. Tenemos un gran poder y la obligación de utilizarlo con justicia y equidad

Si tenemos en cuenta estos cuatro aspectos en nuestras elecciones como consumidores y ejercemos responsablemente nos convertimos en agentes de cambio.

Pasar del paradigma falso e insatisfactorio de la cantidad/precio a un paradigma en el consumo que contemple:

  • precio
  • calidad real del producto
  • valor social generado
  • valor medioambiental del proceso
  • desarrollo local / soberanía del territorio
  • solidaridad con la población global

es un cambio que ha de aportar la verdadera satisfacción del consumidor en su ejercicio responsable como tal.

Y esto no es tan complicado como parece. Conocemos a nuestros empresarios locales, sabemos quienes son, cómo trabajan, cómo actúan, si están pagando también sus costes sociales y medioambientales. Conocemos a empresas que están siendo denunciadas constantemente y que sólo corrigen cuando se les denuncia y nunca desde su responsabilidad. En el mundo entero hay ya muchas personas y entidades sociales que llevan tiempo hablándonos de consumo responsable y que nos acercan conocimiento e incluso propuestas.

Los consumidores ya hemos demostrado que sabemos boicotear a un empresario que no lo es, que es, como poco, un irresponsable desde todas las miradas posibles. Estos son los mismos que manejan las estructuras políticas y democráticas en beneficio de muy pocos. Ahora, sin dejar de hacer esto debemos pasar a apoyar a todos los empresarios responsables del planeta dejando de dirigir nuestro consumo con la mirada única y egoísta del binomio cantidad/precio.

Está en nuestras manos y la responsabilidad es personal, de cada uno. Tenemos un gran poder y la obligación de utilizarlo con justicia y equidad.

NITTÚA
Raúl Contreras
Núria González


Subtítulo y destacados

¿Te gustó este artículo? Compártelo

Sobre el autor

Participa con tu comentario