Domingo 25 de septiembre de 2016,
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El arte contemporáneo, otra burbuja más

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OPINIÓN / El experimento que hizo pasar los cuadros de un chimpancé por los de un desconocido artista francés consiguiendo excelentes críticas es tan solo un ejemplo

No soy un gran entendido del arte, más bien no tengo ni idea de arte. De hecho, soy tan ignorante que no sabría diferenciar entre un cuadro pintado por un mono y otro pintado por Pollock.

Tal vez alguno de vosotros ponga el grito en el cielo al leerlo, pero la verdad es que a la mayoría de la gente corriente los cuadros como el que ilustra este artículo les parecen simples garabatos y no entienden como alguien puede pagar fortunas por ellos.

Por otro lado, este mismo cuadro levantará pasiones entre los más ‘ilustrados’ y lo defenderán como una perfecta muestra del talento post-impresionismo o algo similar. De hecho, el cuadro data de 1964 y es obra de Pierre Brassau, alguien a quien la crítica especializada aplaudió diciendo cosas como que “pinta con fuerza, con clara determinación pero, a la vez, con la delicadeza de una bailarina de ballet”.

Todo esto estaría dentro de la normalidad si Pierre Brassau no fuese en realidad un invento de un audaz periodista que decidió dar las herramientas necesarias para pintar a un mono del zoológico e introducir sus obras en el mundo del arte como si vinieran de un artista francés hasta el momento desconocido. Como os imaginaréis, el revuelo fue de importancia y sirvió para dejar claro que es realmente complejo decidir lo que es arte y lo que no lo es, y que hay mucha gente que solo se interesa por la imagen social que da ser un ‘entendido’ del arte o por el dinero que pueden conseguir aprovechándose de los que buscan tener lo último y lo más valioso.

La verdad es que no me interesa demasiado la discusión sobre qué es arte y qué no lo es, pero lo que sí me interesa es lo que la gente está dispuesta a pagar por lo que consideran que sí lo es. Y es que en los últimos años se han visto auténticas cifras de escándalo en el mercado del arte y, en concreto, en el del arte contemporáneo. Porque todos sabemos que un Van Gogh o un Velázquez valen una millonada por muchos motivos, pero ¿creéis que este cuadro vale 10 millones de dólares? ¿y que este otro vale 60 millones de dólares? Visto lo visto, pagar 124.000 euros por una lata de mierda es un chollo.

Siempre he pensado que los negocios más lucrativos eran aquellos que se aprovechaban de la estupidez de la gente y, viendo estas cifras vinculadas a obras, para mí, carentes de tamaño valor, no puedo dejar de pensar que hay unos cuantos listos que deben haber pensado lo mismo que yo. Yo creo que uno de ellos, tal vez el máximo exponente de los últimos años, es Damien Hirst. Sin duda parece un tipo con un talento especial para moverse como pez en el agua por el circo del arte contemporáneo y en el mediático. Ha ganado cientos de millones de euros con sus obras y sabe como crear polémica con obras de dudosa calidad artística.

Como en toda burbuja, siempre hay unos protagonistas destacados, unas caras visibles detrás de grandes movimientos especulativos. En el siguiente documental podrás hacerte una idea en profundidad de cómo se creó y cómo se desarrolló la burbuja del arte contemporáneo hasta el inicio de su debacle. Es un vídeo de 58 minutos que se te hará corto por lo interesante de su contenido y lo llamativo de sus múltiples datos de interés.

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La gran burbuja del arte contemporaneo from Waldir Barreto on Vimeo.

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Que compren arte o basura es extremadamente subjetivo y, muchas veces, si alguien supuestamente entendido en la materia te dice que algo es bueno, le sueles creer

¿Y tú que opinas de todo esto? Yo he quedado fascinado por las abrumadoras cantidades de dinero que los millonarios están dispuestos a pagar por demostrar su poderío. Que compren arte o basura es extremadamente subjetivo y, muchas veces, si alguien supuestamente entendido en la materia te dice que algo es bueno les sueles creer y, por consiguiente, a ti también te parece bueno.

Hace poco leí que se hizo un estudio con enólogos profesionales en el que les daban a probar dos botellas de vino: en una el etiquetado indicaba que era un vino de mesa y en la otra que era un reserva. Les preguntaron por las diferencias que encontraban entre ambos caldos y todos coincidían en que el reserva era notablemente superior al vino de mesa. ¿Dónde está la gracia? En que ambas botellas estaban rellenadas con el mismo vino. ¿Son los enólogos un tanto farsantes? Pues puede ser, como puede ser que en el mundo del arte haya mucho listillo. Lo que queda claro es que la sugestión es muy poderosa.

Creo que voy a comenzar a plantearme ideas para obras de arte. Igual descubro mi vocación…

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1 comentario

  1. Víctor J. 21/03/2011 en 19:04

    Buen artículo, Javier. Sólo resaltaré que, bajo mi punto de vista, el problema de fondo ya no es el dinero que unos cuantos “elegidos” derrochan de esta forma, sino que la verdadera tragedia consiste en que la mayor parte de la sociedad consiente tal sinsentido sabiendo, por poner un simple ejemplo, la gran cantidad de seres humanos que mueren a diario de inanición.

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