Sábado 01 de octubre de 2016,
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El Circo anónimo del Cabanyal

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Hay gente anónima que lucha por sacar de la tristeza a un barrio abandonado

Malabaristas, equilibristas, payasos, mimos… se dirigen a los niños en este barrio valenciano

En ocasiones, las personas que vivimos una situación difícil tendemos a separar la culpa de nosotros mismos y pretendemos encontrarla en lo que nos rodea. Es un deporte nacional. Siempre hay alguien que lo está haciendo peor que tú. Y eso nos consuela falsamente. Pero también, en ocasiones, tenemos momentos de lucidez. Momentos en los que separar cuerpo y alma es fácil. Momentos en los que salimos a morder la calle y a encontrarnos con nuestro destino.

Es de esperar que en esos viajes, repletos de improvisación, solo encontremos más preguntas sin respuesta. Más injusticias contra las que luchar. Más lagrimas en los ojos de la gente. Y más desolación en nuestro interior.

Pero no siempre todo es lo que parece. No todas las personas piensan solo en sí mismas. No todos luchan por satisfacer sus egos y los de sus bien hechores. Sí. Hay gente que no se hace notar. Gente que hace las cosas por pasión. Por amor a la vida. Por morder cada segundo y atesorarlo. Por ayudar incondicionalmente. Gente que entrega alegría a cambio de sonrisas. Gente anónima, que lucha por sacar de la triste rutina a un barrio abandonado. Un barrio centenario que, por si no fuera poca su lucha diaria, tiene que luchar para no extinguirse. Para no perder la esencia que le dieron sus antecesores.

Insisto. Desinteresadamente. Se está realizando en varias ocasiones un circo ambulante y callejero. En este barrio que es el cabanyal. Tan desgraciado y perseguido. Pero tan lleno de virtudes y positividad

Insisto. Desinteresadamente. Se está realizando en varias ocasiones un circo ambulante y callejero. En este barrio que es el cabanyal. Tan desgraciado y perseguido. Pero tan lleno de virtudes y positividad. Aunque haya quien no quiera verlo. Este circo se ocupa de los más pequeños. Pero también de los mayores. Se ocupa de dar alegría y diversión. Con todas las peripecias de un circo convencional. Malabaristas, equilibristas, payasos, mimos. Con creatividad, muchas ganas y alegría, consiguen hacer de una tarde de domingo una actividad familiar y bonita. Y aún con una clara falta de presupuesto. Dan una satisfacción a quien se acerca a verlos. Un recuerdo bonito. Un recuerdo que nos distrae de la lucha y nos acerca a la ternura.

Si queréis conocerlos, dirigios a este lugar olvidado. Conocer a la gente y a sus problemas. Seguro que se cruzan en vuestro camino. Pues sus pasos a pesar de ser pequeños y anónimos. Dejan huella en los corazones.

Ideas como éstas son las que hacen falta. Creativas, alegres y con espíritu renovador. No creo que ninguna excavadora pueda hacer algo como esto.


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