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El crimen no respeta fronteras

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El crimen no respeta fronteras, sin entender de culturas, razas, ideologías políticas, religiones o nacionalidades. Y así lo no hemos visto y comprobado en la última  Masacre de Tucson de 2011, en los Estados Unidos de América

En casi todos los países del mundo existe violencia: violencia en el fútbol, violencia en la televisión, violencia en las relaciones familiares entre padres e hijos, violencia en las escuelas primarias, violencia en las universidades, violencia en los trabajos, violencia juvenil, etc.: la violencia no respecta fronteras.

El crimen no respeta fronteras, estando considerado actualmente como una especie de pandemia, que recorre el globo Terráqueo de este a oeste, y de norte a sur. Y es que nos hicieron creer a los seres humanos -que formamos el mundo habitable-, que llegaríamos a alcanzar un estado de bienestar satisfactorio y equitativo, donde los ricos fueran cada vez menos ricos, y los pobres consiguieran ser cada vez menos pobres: este milagro no se consiguió cumplir.

La criminalidad, concretamente de los menores de edad, alcanza a todos los países y, sobre todo, a los industrializados. En épocas pasadas los jóvenes solventaban sus pequeños conflictos -puntos de vista-, valiéndose de los puños: “te voy a dar un par de puñetazos”, se solía escuchar. Efectivamente, al rato aparecía un muchacho sangrando por la nariz y, entonces, todo había finalizado: se daban la mano, y hasta el día siguiente…

Hoy en día, en los ambientes urbanos de las grandes ciudades, los jóvenes resuelven esos pequeños conflictos -de los que hablábamos-, esgrimiendo navajas e, incluso, pistolas, matándose unos con los otros como tal cosa. La poca sensatez de los agresores como de las víctimas no les permiten entender que la muerte es irreversible: nadie muere dos veces.

Esta transformación (metamorfosis) de la delincuencia juvenil -sus violencias- han transformado nuestra sociedad actual, hasta tal punto que el salir por la noche o llevar alhajas o abrigos de visón, en cierta manera, sean consideradas prácticas arriesgadas y que están cayendo en cierto desuso.

El crimen no respeta fronteras, sin entender de culturas, razas, ideologías políticas, religiones o nacionalidades. Y así lo no hemos visto y comprobado en la última Masacre de Tucson de 2011, en los Estados Unidos de América.

De hecho, el miedo al asesinato lo llevamos todos dentro, y se ha convertido en una verdadera calamidad, que está provocado el éxodo de las personas acomodadas al campo: aquí existen chalets y adosados -incluidas zonas verdes-, que han colocado medidas actuales y altamente sofisticadas de seguridad. Los últimos están conectados con empresas de seguridad, que acuden ‘ipso facto’ ante cualquier eventualidad, por pequeña que ésta sea: es como comprar el tiempo de descanso para poder seguir viviendo.

Los habitantes de este estatus social apenas se conocen o se desconocen: quizá, el anonimato entre ellos sea una especie de estratagema. Cierto es que, al no haber comunicación, nadie puede contar o transmitir costumbres personales, horarios de entradas y salidas, de sus respectivos domicilios, lugares donde trabajan, lugares donde se divierten, que sistemas de seguridad tienen colocados, etcétera, etcétera. Todas estas precauciones tomadas por los primeros, sin duda, les preservan de ser… posibles víctimas de robos y pillajes: estos últimos han tomado asiento en nuestro actual siglo XXI. Todo lo expresado es lamentablemente cierto, para nuestra desgracia personal.

Hemos de comprender que el miedo es libre: ¡faltaría más…!, y que se transmite a la velocidad del rayo, ese rayo que no cesa y no nos permite dormir tranquilos por las noches… ¡Qué Dios -el de todas las religiones- nos coja confesados!

Hemos de comprender que la crueldad humana puede alcanzar límites insospechados, pero, por suerte, existen reducidos grupos de población capaces de causarnos algún mal -a nosotros y nuestros bienes inmuebles-: hombres y mujeres, mujeres y hombres sádicos, vengativos, agresivos, psicópatas, etc., que son capaces de matar por el mero hechos de ‘matar por matar’: otros muchos lo hacen por dinero.

Es un negocio de los fabricantes de armas, para así venderlas y matar seres hambrientos, para que se mueran antes y después caer en el olvido

No obstante, vuelvo a insistir: el hombre es una fiera contra el hombre, porque los animales matan para alimentarse, pero los seres humanos matamos y torturamos por el mero placer de torturar y matar…, haciendo sufrir –con nuestros actos–, a los más débiles, y verles llorar lágrimas que se vuelven hielo. Son semillas de violencia que albergamos en nuestros corazones, y que a lo largo de nuestra vida las empleamos como una falsa autodefensa y una revancha malentendida (Y el justo se regocijará cuando, sediento de venganza, se lave sus pies con la sangre del malvado. Y, al presenciarlo, los hombres exclamarán: ¡Verdaderamente existe recompensa para el justo! ¡Verdaderamente existe un Dios que hace justicia en la Tierra! Libro de los Salmos ,58: 10,11.).

Los Estados Unidos de América tienen recogida en ‘la segunda enmienda de su Constitución’ el derecho de los norteamericanos a la posesión de armas de fuego: pistolas, revólveres, rifles, armas de guerra. Puede decirse que en la mayoría de los estados éstas pueden ser adquiridas, siempre y cuando carezcan de antecedentes penales; la salud mental y la experiencia en armas son otros de los requisitos a tener en cuenta.

Los Estados Unidos de América es el mayor exportador de armas del mundo. Es un negocio de los fabricantes de armas, para así venderlas y matar seres hambrientos, para que se mueran antes y después caer en el olvido: dinero negro ganado que nuestros ojos ven y nuestros oídos escuchan todos los días del Señor. Hay mucho de verdad cuando decimos –se dice–: qué es necesario hacer y qué no es necesario hacer en una guerra; que es un crimen valerse de la represalia sobre la población civil; que es un crimen matar niños/as indefensos; que es un crimen bombardear hospitales, donde están agonizando cuerpos heridos mortalmente y fluye sangre roja y viva por sus abiertas heridas hacia la muerte; que es un crimen arrojar bombas sobre escuelas, que sirven de refugio para mujeres con sus hijos: momentos vividos durante el ardor bélico de las contiendas entre los pueblos del mundo, y cuando nuestra mente no piensa los suficiente para comprender los ‘crímenes’ que cometemos en tiempo de guerra…

No hay que olvidar que aquellos que compran sus armas (a EE.UU.) llegan a ser sus mejores amigos, y que estos últimos y los primeros prueban las armas –su eficacia– sobre seres humanos: de esta manera tan sencilla fomentamos la guerra…, que es fuente perpetua de desgracias y sufrimientos.

La Coruña, 25 de enero de 2011
Mariano Cabrero es escritor

Foto: auraelius

Mi firma fidedigna


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Sobre el autor

(...)He nacido en Madrid, 8 de Noviembre de 1938. Estoy casado y con dos hijos. Soy esscritor, poeta y ensayista. Funcionario de La Administración del Estado(escala Ejecutiva), jubilado, pero con unas ansias enormes de seguir escribiendo para aprender de los demás. Informar, tratar de ilustrar y entretener forman parte de mi bagaje cultural, que renuevo a diario. Y en todo momento trato de transmitir tranquilidad y esperanza a la sociedad actual: todo dentro de una ética periodística adecuada a cada momento. Busco como articulista el informar cuanto antes lo que acontece a mi alrededor. Lo demuestro con mis humildes obras( hijos propios salidos de mis sueños): "Periodismo: ¡Difícil profesión!" (1995) y "Mi compromiso con el periodismo" (1998). Intento penetrar en el difícil mundo de la poesía, y lo lleva a cabo con silencios, diálogos con muertos y con la exaltación del amor a la mujer: el ser más maravilloso sobre la tierra. Trato de demostralo con mis libros de poemas : “Reminiscencias de mi juventud, Poemas" (1994), "Miscelánea de muertes, sueñosy recuerdos, poemas" (1995), "La realidad de mis silencios, poemas" (1997) y "La travesía de la vida, poemas" (2001).Siempre escribo para aprender de los demás, de sus críticas, de sus consejos...He tratado de no mentir, más uno lo haría en dos casos muy concretos: a) para salvar la vida de un ser humano, y b) para elogiar la belleza de una mujer –parto de la base de que para uno existen tan sólo mujeres menos guapas, pues toda mujer tiene su encanto...-.

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