Viernes 09 de diciembre de 2016,
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El cuento sin final

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En abril del año 2009 escribí el siguiente artículo, cansado de ver un mundo en decadencia. Hoy, enero de 2011, ese universo egoísta y cansado se está revelando contra los Gobiernos dictatoriales que mandan en este planeta globalizado

Hoy son Egipto, Jordania, Yemen, Túnez, Argelia. Los faraones árabes se han levantado de sus lujosas tumbas para decir hasta aquí hemos llegado. Hoy, ese mundo árabe tan odiado por la auto clasificada raza número uno, la blanca, da una lección de humanidad a todo el planeta Tierra, luchando por los derechos que todo ser humano tiene desde el mismo segundo que es un ser vivo. La pregunta del millón es: ¿hasta cuándo la cobarde sociedad materialista del mal autodenominado Primer Mundo va a aguantar sin tomar las calles con el grito de Libertad?

El Cuento Sin Final
En los últimos meses, los hogares de los países desarrollados estamos de enhorabuena, desde hace ya casi un año hemos admitido a un nuevo miembro de la familia, una hija llegada de penalti, y que no ha venido precisamente con un pan debajo del brazo, incluso fue bautizada antes de que supiéramos que había llegado a nuestras vidas, la llamada Crisis. Un nombre de pila, al cual la mayoría de las familias pueden añadir sus propios apellidos.

Pero ya hace tiempo que estos partos son cotidianos en otros lugares del mundo, más del ochenta por ciento de este planeta no tuvo más remedio que adoptar a la hermana mayor de esa hija de la que todos hablamos, la llamada Hambre, más conocida por nosotros como la señorita que nos da pena.

Hambre nació hace siglos, hija de un padre llamado Poder y de una madre llamada Dinero, siempre fue una persona que se hacía más sabia con el paso inmortal de su tiempo.

Ya hace tiempo que estos partos son cotidianos en otros lugares del mundo, más del ochenta por ciento de este planeta no tuvo más remedio que adoptar a la hermana mayor la crisis, Hambre

Desde los principios de los escritos, esta hermana mayor ha estado presente en la mayoría de los hogares, solo el desarrollo ha podido apartarla de muchas de nuestras casas, pero se ha vuelto tan poderosa y necesaria en las últimas décadas, que se niega a extinguirse. Hace tiempo que vendió su alma al señor Diablo, más popularmente conocido como Míster Multinacional, para conseguir su inmortalidad, éste solo le pidió a cambio que permaneciera allí donde más la necesitaban, que ella tendría un papel fundamental en la evolución del ser humano, y así hizo.

La señorita Pena cogió sus maletas y empezó a viajar, primero se estableció en África, donde encontró un esposo, el señor Corrupción, y formaron una gran familia para poder así cumplir su promesa, bautizó a sus hijos en la fe católica, y los llamó Guerra, Sida, Malaria, Pobreza y Explotación Infantil. Estos a su vez, siguieron la tradición de sus progenitores y viajaron por los más diversos territorios del planeta, llegaron al sur de Asia y a Sudamérica. Eran los nuevos conquistadores.

Todos a su vez, querían esa inmortalidad tan soñada por muchos, y también firmaron un contrato con los diablillos que habitaban en los países desarrollados, con las mismas condiciones que sus antecesores. Era una familia feliz, tenía el mundo a sus pies, allí donde llegaban siempre eran protagonistas y en el caso de que no les aceptaran, siempre tenían a alguien dispuesto a ayudarles a cambio de cosas sin importancia.

Pero cada vez el universo era más pequeño para ellos, entonces quisieron engañar al todopoderoso Diablo, empezaron a establecerse en lugares prohibidos en su pacto, pero aquí los ciudadanos eran más listos, tenían ordenadores, Internet, televisión, centros comerciales y nuevos dioses mediáticos, como Paqurrín, Belén Esteban, o Nuria Bermúdez. Era un mundo que no les sonaba familiar, ellos estaban acostumbrados a entrar en las casas sin necesidad de llamar a la puerta, pero aquí todos los hogares estaban cerrados. Parecía que el señor Multinacional había pensado ya esta posibilidad y no podía permitir que esta familia tan numerosa le robara el protagonismo absoluto. Éste a su vez, había ido creando también un pequeño grupo de amigos, estos eran los más famosos en sus países, todos pertenecían a una misma familia, de apellido Gobierno.

El Diablo como castigo, les condenó a vivir confinados en los territorios donde ya habitaban, con la condición que permanecieran allí para siempre, e intentó hacer un nuevo pacto con la hermana menor del clan. Ésta, ingenua de sí misma, aceptó sin pensar en las consecuencias. Crisis se asentó en todos aquellos países donde el resto de su familia no vivía. Durante un tiempo fue feliz, pero se dio cuenta de un rechazo general por parte de los habitantes de esa zona. Entonces pidió ayuda al grupo vecino, el llamado Banco, el cual se la concedió sin dudarlo. En los meses venideros, esta familia poco numerosa pero muy poderosa acumuló riqueza con la excusa de poder posteriormente prestar al ciudadano, ellos sabían que pronto tendrían el poder del planeta, solo les faltaba dar el golpe final.

Ese golpe final está aún por llegar, pero todos sabemos que normalmente los cuentos siempre empiezan y acaban con un final feliz. Éste, sin embargo, comenzó hace muchos años con una familia que sumió a la mayoría de nuestro planeta en una muerte segura. El final no lo podré contar en esta historia, porque depende de cada uno de nosotros. Creo que con hablar de la moraleja del cuento no se resuelve el problema, solo debemos recordar lo que los padres de Crisis consiguieron hacer a nuestros hermanos en África, Asia o Sudamérica, para ver cuál es el destino de nuestra sociedad.

Moraleja del cuento: No habléis tanto de la crisis y haced algo para que no exista. Recordad que el ochenta por ciento de este planeta no tiene qué comer, y que en el mismo tiempo que fumáis un cigarro, o cepilláis vuestros dientes llenos de alimentos, treinta niños mueren de desnutrición. ¿Qué nombre le pondríais si lo mismo ocurriera en los países desarrollados? Sonreíd por la mañana, y pensad que tenéis la suerte de poder luchar por vuestro derechos. Hay lugares del mundo donde los seres humanos no tiene ni la energía para ponerse en pie. Una persona puede cambiar el mundo, solo cambiándose a sí mismo, solo hay que leer entre líneas.

Todo depende de nosotros, pero si queremos que alguien se vaya no podemos aceptarlo como un miembro de nuestra familia, debemos pedir justicia, y ver que ella es solo la hija menor de una familia más poderosa de lo que todos pensamos. Con quitar este pequeño problema no estamos erradicando la raíz, porque el señor Poder y la señora Dinero siguen presentes en nuestras vidas, procreando, llamando a sus nuevos hijos Pandemia, Cáncer, Gripe A, Gripe Aviar, y seguirán hasta que en este planeta solo haya espacio para unos pocos privilegiados que ya han hecho un pacto con el Diablo.

“Podrán morir las personas, pero nunca sus ideas”, Che Guevara


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