Lunes 29 de mayo de 2017,
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El Ebro y las buenas intenciones

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“Ya
llevamos demasiado tiempo en Aragón debatiendo la forma de hacer frente
a las riadas del Ebro. Es posible que la tozudez que nos suele asistir
por estas tierras nos haga más impermeables a los nuevos aires que
corren en materia de aguas”

Opinión

A casi todo el mundo le acompañan las buenas intenciones a la hora de
proponer soluciones a las riadas del Ebro.

“… las mejores intenciones generan a veces las peores catástrofes. Véase si no las barbaridades que la fiebre urbanística está provocando (…)  por las ‘buenas
intenciones’ de sus alcaldes”

Los alcaldes, que suelen
buscar lo mejor para sus vecinos, y los agricultores hacen hincapié en
que se drague el cauce quitando gravas y maleza. Los ecologistas, con
la Fundación Nueva Cultura del Agua a la cabeza, entienden que estas
medidas destrozan el río y no solucionan el problema a medio plazo. El
río, dicen en la Fundación, es un ser vivo que precisa una zona de
libertad que lamine las crecidas, un espacio mucho más eficaz que los
diques y los embalses. Y en medio, presionada por ambos flancos, está
la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE). Su presidente, José Luis
Alonso, ha vuelto a sacar su sentido común al decir que el problema es
complejo y, por tanto, las soluciones son variadas y nada fáciles.

En
este grupo de las buenas intenciones no entran los oportunistas de
siempre
que, con la mentalidad anclada en el pasado, siguen defendiendo
grandes embalses y/o el faraónico trasvase al Levante.

Lo que pasa
es que las mejores intenciones generan a veces las peores catástrofes.
Véase si no las barbaridades que la fiebre urbanística está provocando
en numeros pueblecitos de nuestra geografía amparadas por las “buenas
intenciones” de sus alcaldes, que, con la mejor voluntad del mundo,
quieren lo mejor para sus municipios.

“No estaría mal que la CHE invitase a los alcaldes ribereños a visitar el Rin unos días para  ver si esos nuevos aires impregnan sus buenas intenciones”

Algo parecido puede suceder si
encerramos el Ebro entre diques kilométricos de contención o dragamos
su cauce. Hay que salvaguardar los pueblos y sus habitantes. Pero para
ello no es necesario robarle a un río lo que es propio de su dinámica
natural
, como ya han demostrado en otros sitios de Europa y EE.UU.

Ya
llevamos demasiado tiempo en Aragón debatiendo la forma de hacer frente
a las riadas del Ebro. Es posible que la tozudez que nos suele asistir
por estas tierras nos haga más impermeables a los nuevos aires que
corren en materia de aguas. Pedro Arrojo, de la Fundación Nueva Cultura
del Agua, suele poner como ejemplo lo que han hecho con el majestuoso
Rin
, tras aplicar fechorías similares a las que, con su mejor
intención, proponen algunos aquí. No estaría mal que la CHE invitase a
los alcaldes ribereños a visitar el Rin unos días para ver si esos
nuevos aires impregnan sus buenas intenciones. Estoy seguro de que el
señor Arrojo les acompañaría muy gustosamente, aunque tuviera que
pagarse el viaje de su bolsillo. También podría ir el cosejero de Medio
Ambiente, señor Boné, a ver si aprende algo de su materia.

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