Jueves 17 de agosto de 2017,
Bottup.com

El equilibrio de Pakistán

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Pakistán poco a poco se contagia del radicalismo terrorista
en el islam, tanto contra occidente como en la lucha sunníes-chiíes. La única
potencia nuclear en país islámico se enfrente a una cada vez mayor contestación
al régimen dictatorial de Pervez Musharraf y, al tiempo, una mayor fuerza de
las organizaciones extremistas islámicas.

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Abdul Rashid Ghazi (terra.es)

El suceso, acabado en sangre, del encierro en la Mezquita roja de
Islamabad escribe un episodio de desencuentro entre el régimen y los radicales.
Pakistán hasta ahora “aliado” de los taliban, o al menos conocedor y
consentidor de actividades en el país, y “aliado” de occidente, a pesar de su
escaso apoyo a la lucha contra el terrorismo ve tambalear su posición
preponderante con la larguísima sombra de Irán rehabilitándose poco a poco.

Pakistán ha dado amparo y santuario a los taliban. En su doble rasero de apoyo a EEUU y, al tiempo, al islam más descarnado, el golpista Pervez Musharraf
obtenía beneficios también dobles: no enemistarse con la mayor
superpotencia y, al tiempo, contentar a los emires islamistas de ambos
lados de la frontera con Afganistán.

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Musharraf (dictatorofthemonth.com)

El enfrentamiento no solo político sino ideológico en la mezquita roja, tras atrincherarse varios cientos de islamistas, se saldó con la muerte de un lider radical, de cientos de sus acólitos y la sensación de que los islamistas ya
no ven a Musharraf como un aliado, aún accidental. Este enfrentamiento
creciente hace que Musharraf no puede sentir a los islamistas como aliados
al menos de cara a la galería internacional. En este punto de
enfrentamiento al sistema político de Pakistán se unen tanto los que
piden más democracia para Pakistán como los que reclaman un estado
islámico.

Alimentar la hidra islamista ha
traido no pocos problemas: la más que probable política de apoyo ha
fortalecido a los islamistas radicales hasta el punto de haber
comenzado una campaña de atentados de guerra de nervios que puede dar lugar a un levantamiento civil y, al tiempo, el distanciamiento con occidente por
su parco apoyo a la lucha contra el terror. Hasta ahora el ejército,
verdadero protagonista de la vida política de Pakistán en su historia,
apoya a Musharraf pero paso a paso los islamistas más radicales le acosan. Y todo esto en el único país musulman con la bomba atómica.

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