Miércoles 26 de julio de 2017,
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El himen de la discordia entre las leyes y ciertas tradiciones en Francia

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Ella pensó estar libre del hombre que la trató como todo menos como una mujer. Paradójicamente, la ley que debió imperar sobre las costumbres volverá, quizás, a juntarlos si se decide revocar la anulación.

Una pareja contrae nupcias el 8 de julio del 2006 en una ciudad del norte de Francia. Ella cree que es el hombre ideal, él está seguro de haber encontrado el amor de su vida. Los dos son de confesión musulmana. Todo se pasa bien en las festividades, que llegan a durar tres días.

En la casa familiar de él, como lo dicta la tradición, es llevada a cabo la gran fiesta. En la primera noche los dos se retiran a la alcoba nupcial para consumar su amor; al finalizar el novio debe salir y mostrar la sábana manchada de sangre donde estará la prueba de la virginidad de ella y la supremacía de él, arcaico quizá (esto aspecto no se menciona en el Corán), pero es una tradición. No lo fue así: ella (20 años, enfermera) le confiesa que ya no es virgen… dando una muestra de sinceridad hacía él (27 años, ingeniero).

Ella imaginó que él haría como hacen casi todos los hombres en ese
caso: cortarse un poco el dedo y dejar que unas cuantas gotas
de sangre manchen la inmaculada sábana blanca
Él la lleva a casa de sus padres para entregarla, como si fuese
un objeto averiado; es insondable la vergüenza que vive al verse
tratada como un cuerpo y no como una mujer

Ella cree que la comprensión será obvia para una joven pareja de Francia. Ella imaginó que él haría como hacen casi todos los hombres en ese caso, es decir, cortarse un poco el dedo y dejar que unas cuantas gotas de sangre manchen la inmaculada sábana blanca, mostrándola así a los familiares (que no son ingenuos tampoco) y seguir con la fiesta nupcial, como es la tradición.  Precisamente es la tradición que él quiere imponer sobre todas las cosas, incluso a ella.

El amor es accesorio en esos momentos, el ‘honor’ es manchado, él (la virginidad de los hombres en el matrimonio nunca se pone entredicho en el Islam, y en las demás religiones monoteístas) rechaza toda razón, toda verdad; la pareja sale de la alcoba, él hace público la “impureza” de ella hacia sus ojos… la fiesta es suspendida.  Él la lleva a la casa de sus padres para entregarla, tal como si fuese un objeto averiado; es insondable la vergüenza que ella vive al verse tratada como un cuerpo y no como una mujer.

El 26 de julio del mismo año el esposo interpone una demanda de anulación de matrimonio contra su esposa. Ella no cree más en el amor y lo único que quiere es alejarse de él y de su extremo conservadurismo. Llega el día del proceso: en presencia de la jueza  y de los abogados, ella vuelve a clamar que no es virgen (como si no bastase). Se acentúa que la virginidad era para él “una calidad esencial”, aspecto que utilizó su abogado haciendo referencia al artículo 180 del código civil francés.

Dos años después es anulado el matrimonio civil, ya que en Francia vale por encima de la unión religiosa. Abordado desde la perspectiva jurídica, la anulación del matrimonio procede ya que está sustentada en el artículo 180 del código civil galo, en donde se explica que de existir “un error en la persona, o sobre las calidades esenciales de la persona, el otro esposo puede pedir la nulidad de matrimonio”, además de haber sido consentido por las dos partes ante el juez. Fin de la historia. Todo pudo haber quedado ahí.

Ella, mujer libre del prejuicio de la tradición, mientras que él, seguramente en la búsqueda de un himen en forma de mujer. Pero el veredicto salió de los juzgados y fue tomado como un caso más a estudiar en un sitio especializado (www.dalloz.fr) para los profesionales del derecho. Sin embargo, la agencia AFP encuentra el caso y decide publicar un cable informativo. El diario Liberation retoma los hechos para publicarlo a finales de mayo, dando paso así a un escándalo político y jurídico en Francia.

Diputados de izquierda como de derecha, e incluso varios ministros del gobierno de Nicolás Sarkozy se pronuncian contra el veredicto del tribunal que atenta directamente a la intimidad de las mujeres. ¿No ser una mujer virgen es visto negativamente ante la ley? Respuesta de Rachida Dati, ministra de justicia, que se pronunció a favor de la decisión del tribunal, explicando que así se “protegía la integridad de la mujer”. Pero ante la presión mediática, pública y política del caso, Dati tuvo que retractarse días después para luego ordenar al tribunal de gran instancia que reabriera el caso.

Esto es grave en Francia donde las leyes están, supuestamente, por encima de las tradiciones que imperan en las religiones
Diputados de izquierda y de derecha, e incluso varios ministros de Nicolás Sarkozy se pronuncian contra el veredicto que atenta directamente a la intimidad de las mujeres

Ante los diputados de la asamblea nacional, Dati intento explicar sus contradicciones del hecho, pero su ponencia giró en una confrontación contra los diputados de la izquierda. Las asociaciones por la defensa de la mujer en Francia han manifestado, antes y durante este caso, las constantes agresiones sufridas a la integridad correspondiente a la virginidad.

Esto es grave en Francia donde las leyes están, supuestamente, por encima de las tradiciones que imperan en las religiones; en 1997 fue empleado el mismo artículo 180 para invalidar un matrimonio, puesto que uno de los esposo (divorciado) omitió que ya había estado casado al civil y por la iglesia… y en lo que cabe a la tradición católica, una persona no puede volverse a casar supuestamente otra vez por la iglesia; otra vez, la “calidad esencial” se utilizó como un artilegio jurídico.

El debate político-mediático exige la corrección del artículo 180 del código civil, creado y promulgado en 1803… corregido en 1975 en plena revolución por la liberación femenina en Francia. Mientras tanto, ella continúa su vida en las afueras de París, sorprendida por la amplitud en los medios que despertó su desafortunada experiencia marital.

En la última edición del semanario Le Nouvel Observateur, ella explica que “No soy la líder de un movimiento, yo no reivindico nada. Desde el principio he afrontado todo en esta historia. Que se haga una apelación del veredicto mientras que yo no he pedido nada me escandaliza. Yo querría sólo poder vivir mi vida tranquilamente”, comentó.

Ella pensó estar libre del hombre que la trató como todo menos como una mujer. Paradójicamente, la ley que debió imperar sobre las costumbres volverá, quizás, a juntarlos si se decide revocar la anulación.

Comentarios a ivanovichtorres@yahoo.fr

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Esta noticia concursa en el I Premio  Periodista Ciudadano en la categoría de: Ciudadanía y Sociedad

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