Lunes 31 de marzo de 2014,
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El hombre araña uruguayo busca empleo para un nuevo traje

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Perfil y entrevista al hombre araña uruguayo, que aspira a emigrar a EEUU para dejar atrás la situación económica que padece

“Cuando tienes grandes poderes, tienes grandes responsabilidades”

Montevideo es una de las capitales más pacíficas de América Latina. Pero eso no explica por qué Bismarck Pino, el hombre araña uruguayo, no tiene trabajo, que sus recorridos por los parques de la ciudad no le dan para pagar el alquiler de una habitación diminuta, y lo peor, para renovar su traje.

Desde hace 35 años, Bismarck -dice llamarse así “por un barco alemán“- se viste de pies a cabeza de Hombre Araña, desafiando temperaturas extremas y la incomodidad de hablar y respirar a través de una máscara embutida.

Pasea por Montevideo vestido de hombre araña desde hace 35 años y ve su vida de manera muy parecida a la de su héroe de ficción

Así camina por Montevideo, toma el autobús, va al supermercado y se concentra en los parques y plazas principales, donde haya unos cuantos niños a los que por cinco pesos (menos de un dólar) les dibuja con un marcador un ‘tatuaje’, una araña en la mano, y les regala un chupetín.

Mi historia es muy parecida a la del Hombre Araña” y pasa a enumerar coincidencias: lo crío una Tía May, pero en este caso se llamaba Norma, quien lo trataba “a latigazos, como un animal“.

Tuvo un gran amor como Mary Jane Watson. Vivió con ella durante ocho años. “Se llamaba Sylvia. Un día la agarré con otro. Estuve varios años destrozado y decidí que ya no habrá otra mujer“.

‘Como la película’, vive en una pieza oscura de cuatro m2 en un sótano en Montevideo por el que paga 1000 pesos mensuales (unos 50 dólares). “Los muebles son tipo pobre, no hay muebles de verdad“. El propietario le dio un viejo colchón. “El baño afuera es compartido“.

La diferencia es que a él no lo picó ninguna araña. Apenas sabía leer, pero le gustaban mucho los tebeos de súper héroes. “Cuando tenía 18 años me presenté en un concurso de disfraces en Colonia Suiza, me hice el traje; anunciaron el ganador y era yo, el Hombre Araña“.

Al igual que Peter Parker se volvió fotógrafo. “En la calle general Flores (centro de Montevideo) veo una cámara Zenit automática que dispara sola y pienso ‘igual que en la película’. Justo tenía la plata y me la compré“.

Recorrí todas las zonas de Montevideo: Cerro, Casabó, las playas; la gente me pedía ‘quiero fotos con el Hombre Araña’“. Pino muestra las fotos, pequeñas, lejanas y desmelenadas.

En la mayoría se ve al Hombre Araña, con la sempiterna pose del Spiderman semi arrodillado y lanzando redes de telaraña, en diversos puntos del Uruguay, pero sobre todo en las ciudades donde más tiempo vivió: San José, Colonia Suiza y Montevideo. “El traje sólo me lo saco para dormir; con el traje soy otro, me da una seguridad que no tengo“.

Nació en Montevideo un 27 de octubre de 1954. Casi diez años después del fin de la Segunda Guerra Mundial y trece años luego del hundimiento del acorazado alemán Bismarck por tropas británicas durante la batalla del Atlántico. Cuando tenía tres años, sus padres se separaron. “Me llevaron al campo con mi tía“, a una ciudad prácticamente deshabitada en el departamento de San José, a pocos kms al oeste de Montevideo. “Mi tía me daba con todo, cada minuto“. Impedido de trabar amistad con otros niños, vivía en una soledad casi absoluta. “Yo pensaba todo el tiempo en mi madre, se me bloqueaba la mente pensando en ella“.

El traje solo me lo saco para dormir; con el traje soy otro, me da una seguridad que no tengo

Ya de adolescente se fue a vivir con su padre, Aldemar Pino, a Colonia Suiza, una de las más bellas ciudades del país al oeste de Montevideo. En esos años conoció a su madre y fue tal la desilusión, que decidió convertirse en súper héroe para salvar al resto de las familias uruguayas. Y también vivir de su ayuda.

Tuvo varios momentos de gloria. Llegó a sacar 39 rollos de 36 fotos en un mes y a “reconciliar varias parejas y devolver a los padres a sus casas“.

Pero nada se compara al momento en que el fotógrafo uruguayo Marcelo Isarrualde lo descubrió e hizo una exposición sobre él en el Museo Municipal de Bellas Artes Juan Manuel Blanes. La muestra en noviembre de 2007 lo lanzó a la fama y todos los medios se interesaban en él.

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Ahora, sin embargo, hace tiempo que no saca fotos. “La maldición de la cámara digital“.

Trabaja sobre todo los fines de semana y en las vacaciones escolares. “Estoy al santo cohete de lunes a viernes. Los sábados y los domingos si me va bien, hago unos 500 pesos (entre 25 y 30 dólares).

Hay días que ni siquiera tiene para su comida diaria. “Y eso que como poco. O una milanesa al pan o empanada o pascualina, y el resto mate, a veces con hojas de pezuña de vaca que es bueno para los riñones“.

No tiene vicios, cuenta orgulloso. “Pero no me gusta el agua cruda de la canilla. Tomo refresco Pomelo, que me mantiene sano“.

Por las arrugas del traje en los pliegues de los hombros y piernas se ve que ha adelgazado.

Entra en un bar cerca del emblemático Parque Rodó de Montevideo y pide un Pomelo Salus. Se esconde para cambiarse de máscara por una que le deje la boca al descubierto. A través de una mínima hendidura se ve una cara huesuda, de barba negruzca y canosa, apenas crecida.

Toma el refresco por sorbos, desganado. Se lo ve irritado. Hoy es martes y para él, es un día funesto: “hay algo que me tranca. No sé qué pasa que en vez de mejorar voy para atrás: no tengo ni plata para comprar golosinas. Hoy ni llegué a diez pesos. Quizá tenga que trabajar de otra cosa“.

Sale resignado hacia el parque y lo interceptan unos niños con moña escolar: “¡Hombre Araña, Hombre Araña!”. Es el precio de la fama.

“Se tienen que portar bien”, les dice lacónico y se agacha. “Hagan caso a papá y mamá, pero no dejen que ellos les peguen ni que se vayan“. Bismarck defiende una vez más la unidad familiar a ultranza.

Estoy acá pa’ colaborar. Darles consejos a los niños, pero también a los padres, que las cosa no se agraven. Yo evito los percances“.

Con este no puedo ir. Me tengo que hacer uno más moderno, con tela, poxilina y fibra de vidrio. Sino, allá tampoco voy a avanzar nada

No se trepa a las paredes pero esgrime otros poderes extraordinarios. “Tengo un don, curo a las personas. Tengo mano santa: por ejemplo, si alguien tiene una herida, la toco con mi mano y la sangre se detiene“.

Si tiene la clavícula fracturada, le saco el dolor”. “Lo hago de corazón, no me gusta agrandarme, me gusta ayudar a las personas“.

Muestra sus manos. Son lindas manos, de dedos largos y finos. E inmaculadamente limpias. Pero nada indica que puedan sanar.

Bismarck cree en Dios. De vez en cuando asiste a la agrupación religiosa Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD) que en Uruguay transmite el programa Pare de Sufrir. “Debería ir ahora. Siempre hay milagros“.

Como muchos uruguayos, quiere emigrar. “Yo sueño con ir a Estados Unidos, para conseguir trabajo con su versión del sorprendente Hombre Araña. Algún día se me va a cumplir“.

Pero aclara que para eso necesita un nuevo traje. “Con este no puedo ir. Me tengo que hacer uno más moderno, con tela, poxilina y fibra de vidrio. Sino, allá tampoco voy a avanzar nada“.

Fotografías: fotógrafo uruguayo Marcelo Isarrualde


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Sobre el autor

1 comentario

  1. Anónimo 01/04/2010 en 6:20

    MUY BUENO! Sobre todo por que conozco bien al personaje!!! Me conmovio. Salu!

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