Sábado 10 de diciembre de 2016,
Bottup.com

El papel no puede envolver la brasa

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El tiempo pasa, la vida gira, y los pobres siguen siendo más pobres y los ricos más ricos

El poco valor de la vida en Camboya, atrae a ricos occidentales que pueden comprarlo ‘todo’ por un par de euros

Camboya. Acabo de escuchar a alguien decir que “las putas son las más afortunadas”, que tienen la suerte de conocer a toda clase de hombres, visitar el Hotel Paraíso, y volver a casa en grandes coches. También dicen que no despreciemos a las prostitutas, que no las tratemos mal, que nuestras hijas son iguales, solo que han tenido la suerte de haber nacido rodeadas de la abundancia. Esto suena inhumano, viendo esos ojos perdidos mientras deshoja una rosa roja soñando con un príncipe azul al juego de ‘me quiere, no me quiere’

Extranjeros de todas las edades y fisionomías solo viajan con el deseo del sexo fácil y barato, sexo desde 3000 riels (unos 0,50€)

Estas palabras provienen de una niña de dieciséis años de la ciudad donde todo es posible, Phonm Phen. Allí estas palabras es el arroz diario, un país donde muchas mujeres solo son el pasatiempo de esas personas llamadas por nuestra sociedad ‘ricos’. Extranjeros de todas las edades y fisionomías, que solo viajan con el deseo del sexo fácil y barato, sexo desde 3000 riels (unos 0,50€). Es difícil escuchar a esta misma persona decir que son las culpables de todo, que todo pasa porque ellas son las elegidas para saciar los deseos de los más afortunados.

Es difícil volver la mirada atrás y ver los horrores diarios de un país que no es sino el resultado del materialismo de los países llamados desarrollados. Es difícil recordar esos niños amputados, esos cuerpos rajados, esas caras desfiguradas por el ácido, es difícil. Pero más difícil es mirar atrás y olvidar, recordar esas calles en Siem Reap repletas de turistas a la caza de carne fresca, es difícil recordar que el valor de una niña de 7 años se cifra en menos de 1000 dólares, o escuchar a esta misma persona relatar como una mujer de una ONG le ha ofrecido 300 dólares para separar a su hija de ella, pero más difícil es ver el llanto de una madre que sabe que esa es la única posibilidad de futuro para esa hija.

La calle es un mercado donde todo esta en venta, desde un monje corrupto puede exigir dinero para una motocicleta, anteponiendo sus deseos materialistas a la vida de 50 niños que no pueden disfrutar de un agua pura, o de un rector de universidad y sus profesores exigiendo una cantidad de dinero desorbitada para poder educar a 25 niños que no tienen la suerte de poder pagar 340 dólares anuales para poder soñar con un futuro mejor.

Es difícil saber que tus ‘pumas’ (‘amigo’ en camboyano) podrían ser uno de ellos, pero lo peor de todo es saber que el número de personas que sufren estas circunstancias es incluso mayor de lo que nuestra mente puede imaginar.

Es difícil recordar que el valor de una niña de 7 años se cifra en menos de 1000 dólares, y más difícil ver el llanto de una madre que sabe que esa es la única posibilidad de futuro para esa hija

Vuelvo 30 meses atrás y veo cómo alguien en quien confiaba utiliza tu dinero para abusar de niñas menores, recordar las calles repletas de historias como la que acabo de escuchar escondidas en cuerpos espectaculares, dominados por la fuerza del yaba. Ver vidas destrozadas con el único futuro de una muerte próxima, sin esperanza, sin ilusión, pero siempre con una sonrisa. Y siempre la misma pregunta, ¿por qué sonríen?

Es inconcebible en nuestro mundo poder entender estas circunstancias, pero es nuestro mundo quien las ha creado. El afán de posesión de los países desarrollados hace que países como Camboya solo se conozcan por guerras o sexo. Pero creo que es justo profundizar en un país repleto de riqueza, no del tipo que aquí conocemos, pero sí de una riqueza más allá de nuestro entendimiento. Una riqueza que reside en el espíritu, donde los valores son diferentes, donde las necesidades son diferentes, y donde el único objetivo es sobrevivir.

Como dicen allí, ¿por qué temer a la muerte si sabes que te va a llegar?, es mejor disfrutar la vida que es la que no sabes cuando se va acabar. Para mí esa es la razón de su sonrisa. La ilusión de un nuevo día, de los rayos de sol entrando por la ventana, y la incertidumbre de saber si ese sol madrugador traerá un futuro mejor. Eso es algo que nunca podremos entender, pero que es mucho más rico que un papel con el que puedes poner precio a la vida de un niño.

El mundo olvidado al cual me refiero, me cautivó, me hizo suyo, pero al mismo tiempo estuvo a punto de volverme loco, de volverme insensible, de hacer perder a la persona que yo soy. La dureza diaria a la que nos enfrentamos no es más que una realidad a la que no estamos acostumbrados. Esos niños arrastrando decenas de kilos en Poipet, la ciudad de los casino, vaya contradicción. O los otros aprovechando la lluvia monzónica para refugiarse en los hoyos de las calles como duchas improvisadas. Aquel abrazo sin manos, o esos niños dando patadas a un balón con sus piernas de metal. Pero siempre esa sonrisa.

Somos quienes somos gracias a que el 80% de los demás no son quienes se merecen ser. Vivimos en un mundo donde el amor tiene menos importancia que una chaqueta nueva

Siempre seguiré siendo un niño en busca de jugar, de amar, de crecer, y de llorar. Siempre denunciaré las injusticias, las alegrías. Siempre intentaré mostrar un mundo olvidado para la mayoría, pero sin el cual ninguna de nuestras vidas sería lo mismo. Somos quienes somos gracias a que el 80% de los demás no son quienes se merecen ser. Vivimos en un mundo donde el amor tiene menos importancia que una chaqueta nueva, donde todo es prescindible, donde los sentimientos son el juego para derrocar a los demás. Guerras para que nuestros coches funcionen, publicidad de paraísos terrenales donde solo nosotros podemos disfrutar, crisis pero bares llenos.

Cuanto más tenemos más queremos, y nos olvidamos que todos nacemos desnudos. Un planeta hecho para nuestro disfrute y explotación. Pero al final nosotros no somos los amos. Como alguien sabio me dijo una vez, si miramos por encima nuestro solo veo árboles, pájaros, pero no personas, y si miramos por debajo animales, piedras, pero tampoco personas. Entonces por que nos empeñamos en mirar en la dirección equivocada, debemos mirar de frente, ese es el camino para un futuro mejor. Pero mirar sin cerrar los ojos ante lo desagradable. Siempre he pensando que de lo bueno no se puede sacar nada, y de lo malo mucho, pero Camboya me ha enseñado que es bueno saber cuando algo es bueno y disfrutarlo y de lo malo, construir para que se vuelva bueno, que nada es imposible, y que nadie es más que nadie. Que lo que aquí llamamos rico o pobre allí se llama fortuna o esperanza. Significados escritos a palabras inventadas, pero nunca experimentados por uno mismo.

Buenas noches y pensad que solo somos un punto en el universo. Pero que ese punto debe ser el más importante de nuestras vidas, que nuestras vidas no son nada sin las personas que nos rodean y que como decía el Comandante ‘Che’ Guevara: “la mejor revolución se hace con amor”.

Fotografía: Omar Havana


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