Miércoles 09 de abril de 2014,
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El Plan Bolonia, ¿beneficioso o perjudicial?

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La evaluación continua y la obligatoriedad de asistencia son algunos de los argumentos más utilizados por los detractores del Plan Bolonia

Desde que el Plan Bolonia se instauró definitivamente en todas las universidades españolas en 2009, muchas son las críticas que ha recibido, del mismo modo que también recibe apoyos por parte de algunos estudiantes. Es por ello que las dudas de los estudiantes ante si el nuevo formato de evaluación que establece el nuevo sistema educativo les perjudica o, por el contrario, saldrán beneficiados, es un tema latente en esta nueva época de exámenes.

Tanto los profesores, como los alumnos que sufrieron el cambio de plan, desconocían que el primer curso de bachillerato contaría de nuevo para su acceso a la universidad

Dentro del contexto de preparación respecto a las PAU (Pruebas de Acceso a la Universidad), los alumnos que sufrieron el cambio desde el sistema anterior al actual no están demasiado contentos. Su reacción es totalmente comprensible. El primer curso de Bachillerato no contaba en sus notas de acceso a la carrera que deseaban estudiar en un principio, pero con la inclusión de Bolonia, este curso tenía un valor del 30% (el mismo que el segundo curso de BACH), siendo esto de completo desconocimiento para estudiantes y profesores.

La mayoría del alumnado piensa que se hubiera esforzado más por obtener una mayor calificación en ese curso si hubieran sido informados y que esa es una de las razones por las que muchos de ellos no han conseguido la nota suficiente para estudiar la carrera que tenían pensada como primera opción.

Por su parte, los estudiantes universitarios se encuentran divididos ante la valoración de Bolonia como un buen o un mal plan.

Algunos de ellos, presumiblemente la minoría y que suelen coincidir en que proceden de lo que hace no muchos años eran (y aún sigue siendo, aunque con tendencia a su desaparición) las carreras de licenciatura, se sitúan a favor del sistema de evaluación continua. En su opinión, esa manera de evaluar ayuda a que no sea tan necesario sacar una excelente nota en el examen o, a veces, no es preciso ni tan siquiera aprobarlo, sino alcanzar una nota mínima.

Éste es uno de los aspectos por los que, precisamente, se queja la gran mayoría de universitarios. Éstos piensan que la evaluación continua sólo puede perjudicar. Si los alumnos no son capaces de entregar los trabajos que diariamente se les manda dentro del tiempo establecido por el profesor, puede suponerles un grave problema, pudiendo ser la causa del suspenso de la asignatura u obligando a que el examen obtenga una alta calificación. Es por ello importante cumplir los plazos, pero los estudiantes opinan que es complicado hacer frente a tantos trabajos de tantas asignaturas en tan poco tiempo. Además, esto supone emplear mucho tiempo fuera del horario de clases, lo que perjudica a aquellos que desean tener un trabajo remunerado fuera de la universidad; esto sin tener en cuenta la obligación de la asistencia presencial a las clases,

La evaluación continua y la asistencia obligatoria supone muchas horas de trabajo fuera del horario lectivo y condiciona a quienes quieren compatibilizar estudios y trabajo

que también puede ocasionar problemas.

Muchos profesores no están de acuerdo con algunos aspectos del Plan Bolonia, como es precisamente la evaluación continua o la asistencia presencial, pues opinan que no es necesario en algunas ocasiones ese nivel de exigencia.

Aunque no es posible afirmar que este novedoso sistema, que ya está completamente instalado en nuestro país, sea sólo problemático. Su mejor aportación es sin duda la posibilidad que ofrece para poder compaginar las titulaciones obtenidas en España con cualquier país miembro de la UE. Sin duda una gran ventaja que los estudiantes pueden aprovechar a la hora de encontrar trabajo fuera del país en estos tiempos tan complicados.

Esta aparente unificación no es tal en lo que se refiere a las asignaturas que se imparten dentro de una misma carrera pero en diferentes universidades españolas. Cada universidad imparte sus propias asignaturas para una determinada carrera, lo que hace que un estudiante de Periodismo en su primer año, no estudie exactamente lo mismo en Madrid que en Valencia. Del mismo modo, los nuevos grados, que antes eran llamados licenciaturas y constaban de cinco cursos para acabar la carrera, disponen ahora de cuatro cursos para completarla, lo cual supone una reducción de la materia y las asignaturas de las carreras y, por lo tanto, del conocimiento adquirido.

Ahora bien, después de tantas reformas que se han dado en el sistema educativo con los diferentes cambios de gobierno, y teniendo en cuenta que se prevé una nueva reforma que propondrá el PP relacionada con la duración de los cursos de Bachillerato, no sería una mala opción tratar los problemas que el Plan Bolonia causa a los estudiantes.


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