Domingo 11 de diciembre de 2016,
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El poder del pueblo da luz a la democracia

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Reseña histórico filosófica del tercer poder. Las actuales revueltas africanas devuelven la importancia al concepto pueblo

La noción política de pueblo remonta a griegos y romanos. En Grecia, el ‘demos’ (pueblo) era entendido como la base en la que residía la soberanía de las ‘polis’ (ciudades), si bien es cierto que la configuración del mismo estaba restringido para mujeres, extranjeros o esclavos. Encontraremos a Platón, con su obra ‘República‘, donde expondría la filosofía política del estado ideal, y Aristóteles, discípulo del anterior, el cual trataría la teoría clásica de las formas de gobierno: monarquía, aristocracia y república, así como sus degradaciones.

El SPQR romano (Senatus Populusque Romanus, el Senado y el Pueblo Romano) reflejaba la composición de la República Romana, el Senado y el Pueblo. La plasmación de estas instituciones iba de la mano de los conceptos: patricios y plebeyos. Los primeros descenderían de antepasados históricos e incluso divinos, los segundos, teóricamente eran entendidos como aquellos que nacían de la tierra.

A partir del siglo XX, la soberanía residirá en el pueblo, representado en las cortes, y nacerá de manera definitiva la que hoy conocemos como democracia participativa

La Edad Medía occidental, iniciaría su andadura con las invasiones bárbaras, y con ello la convivencia de múltiples pueblos, que en nada compartirían lengua, religión, ética o derechos. Se impondría una minoría dirigente sobre la mayoría de la población. Nacerá la sociedad triestamental, y el concepto de ‘tercer estado’ como referencia al pueblo llano. “La voz del pueblo es la voz de Dios”, adagio medieval.

El paternalismo de un pueblo oprimido y la edad moderna
El Antiguo Régimen daría luz a las monarquías autoritarias y el despotismo ilustrado. Carlos III representaría esta manifestación, con frases como “Todo para el pueblo pero sin el pueblo” o “los pueblos son como los niños, que lloran cuando se les lava la cara”, lo que daría cuenta de una paternalismo insano e injusto sobre el pueblo.

La edad contemporánea o edad moderna, sería el marco inconmensurable de las revoluciones liberales, la ilustración y a la postre el protagonismo del pueblo. Russeau, Voltaire, Montesquieu, Diderot, girarían entorno a dos conceptos, el antropocentrismo y el racionalismo. Se producirá la separación de poderes y secularización civil.

A partir del siglo XX, la soberanía residirá en el pueblo, representado en las cortes, y nacerá de manera definitiva la que hoy conocemos como democracia participativa.

Las nuevas luchas populares abren una era y ponen fin a los modernos poderes despóticos
Reseñas históricas a parte, no podemos obviar, que si bien gran parte de occidente goza de una democracia participativa (dejemos corrupciones a parte), muchos de los pueblos vecinos parecen haberse anclado en una época pasada. No son más que el estrato que permite a una minoría política, ya bien representada por los mediáticos Ben Alí, Hosni Mubarak o Ali Abdala Salen, que goce de una riqueza exultante, de una impunidad vergonzosa.

Quizá occidente daba por sentado que los pueblos oprimidos por regímenes dictatoriales, lo eran con plena aceptación de sus condiciones

Asistimos pues atónitos a las actuales revueltas populares en Túnez y Egipto, mientras en otros lugares como Yemen y Jordania preparan futuras actuaciones políticas, que les permitan salvar el tipo. Acontecimientos que ponen en jaque sus actuales regímenes políticos. La sociedad está siendo espectador de cómo el tercer poder tiene la fuerza y capacidad necesaria para poner fin a la opresión política.

Quizá occidente daba por sentado que los pueblos oprimidos por regímenes dictatoriales, lo eran con plena aceptación de sus condiciones. Muchos reconocían la restricción de libertades que sufrían, pero al margen de discursos reconociendo tales violaciones, no ponían los medios necesarios para poner fin a estas atrocidades, entendiendo por tales el lastre político que impedía que los jóvenes aspirasen a un desarrollo personal y profesional en sus países de origen.

Lo acontecido en los últimos días, hace replantearse conceptos como pueblo, fuerza popular o la tan demagoga idea del sueño occidental. Y es que, ¿hemos sido conscientes en algún momento de nuestro poder como base electoral?, ¿el sueño occidental responde a pura demagogia publicitaria o quizá tiene su base en la más pura necesidad?, ¿estamos siendo espectadores de una nueva era? Esperemos que el adormecimiento cultural que los jóvenes occidentales sufren, no impida tomar conciencia de los logros de nuestros vecinos.


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