Miércoles 24 de mayo de 2017,
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El desencanto de sentirte estafado por tu propio vecino

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La coalición PP-EU ha presentado una querella contra el anterior
alcalde de Olocau, y actual portavoz de la oposición, por varios delitos

Opinión

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El Ayuntamiento cumple rigurosamente con el artículo 408 del Código Penal.
“Algunos (demasiados) de los que ostentan
cargos públicos entran ya a saco, considerando el cargo como un adorno
y una gran oportunidad personal”

Veo en la web del Ayuntamiento de Olocau la última Moción presentada por la coalición PP-EU en la que leo que ha sido admitida a trámite una querella
presentada por el Ayuntamiento de Olocau contra el anterior alcalde y
actual portavoz del grupo político en la oposición, por delitos “contra la ordenación del territorio, falsedad
en documento público, negociaciones prohibidas a funcionarios y tráfico
de influencias.”

Permítanme que intente no cargar contra el partido político en cuestión y déjenme que no nombre al imputado. Recuerdo el artículo 408 del Código Penal que advierte que: “la
autoridad o funcionario que, faltando a la obligación de su cargo,
dejare intencionadamente de promover la persecución de los delitos de
que tenga noticia o de sus responsables incurrirá en la pena de
inhabilitación”.

Quiero señalar “autoridad o funcionario”. Quiero señalar que no se habla ni de vecino ni de simpatizante de unas u otras siglas ni de persona normal y corriente. El
vecino, el simpatizante o la persona normal y corriente solo debería,
para mi gusto absolutamente personal e intransferible, ante esta
situación, saber que nuestro Equipo de Gobierno cumple rigurosamente
con lo descrito en dicho artículo y que, haciéndolo, se separa
claramente de esas actuaciones y, además aseguran no estar de acuerdo
con ellas y tienden a evitarlas con las herramientas de que están
dotados.

Para nosotros, los administrados, la obligación y el ejercicio es otro y muy distinto. Es complicado el camino de la ecuanimidad, y desconocido, y la propensión a la inmediatez de las pasiones nos aparta de él. No
estamos entrenados en la observación de los grupos que conforman los
poderes ejecutivos y tendemos alegremente, a personalizar en las
cabezas visibles de dichos poderes, el origen de todo mal. Así nos va.

Cierto,
miserablemente cierto, es que algunos (demasiados) de los que ostentan
cargos públicos entran ya a saco, considerando el cargo como un adorno
y una gran oportunidad personal. Y lo hacen así … y se
forran … y los múltiples episodios vergonzosos que jalonan sus
carreras quedan oscurecidos a los ojos del inmenso general por la
“prescripción del delito”. El delito ha prescrito, pero no la
voluntad ni la predisposición de quien los cometió a seguir
intentándolo, ya que siempre le salió más que re bien. Se convierte en
una forma de vida. El riesgo engancha.

Eso, el triunfo de eso,
anima a otro tipo de fauna, la que ha hecho cuentas y ha decidido
correr el riesgo de ser pillado antes de la prescripción del delito ya
que la pena es compensada con creces por el beneficio del acto doloso. Y
un cargo público solo puede cometer delito cuando ejerciendo las
atribuciones del cargo, sus actos contravienen a la legislación que es
su deber aplicar a todos los que representa y a toda ordenación social
que dependa de él. Pretender evadir la responsabilidad del cargo huyendo al terreno de lo personal es un despropósito.

Es la persona la que pierde la connotación de vecino simple, mondo y lirondo, cuando acepta la responsabilidad del cargo. En esa labor sí debemos y podemos ayudar a nuestros dirigentes. La primera responsabilidad es de ellos, de los que ostentan el cargo. Deben
ser claros e irreductibles en los límites entre sus relaciones
personales con quienes se deben, necesariamente, a la aplicación de la
ordenación social que ellos deben articular.

“Mientras
como vecino quien detenta el cargo y debe enfrentar las consecuencias
de sus actos no defraude esa moral de relación vecinal, nada tenemos
que negarle, ni reprocharle”


Queda otra forma
de análisis, esta mucho más subjetiva y personal, que es a la que nos
debemos cuando la persona debe enfrentar las responsabilidades por sus
actos de cargo. Aquí podemos ser más humanos, más flexibles y todo lo tolerantes que podamos.

Mientras
como vecino quien detenta el cargo y debe enfrentar las consecuencias
de sus actos no defraude esa moral de relación vecinal, nada tenemos
que negarle, ni reprocharle. Es muy necesario que no
confundamos las responsabilidades del cargo con las responsabilidades
de la persona y tratemos a la persona como tal, ya que al cargo público
y a sus responsabilidades, ya tenemos gestores que las traten.

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