Domingo 22 de enero de 2017,
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El presente en Campeche es tener un espíritu amurallado

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Un panorama actual de la situación profesional y laboral que se vive en el Estado de Campeche; motivo por el cual muchos campechanos se van del Estado.

Opinión

“En los ciudadanos es un sentimiento generalizado que las oportunidades
y la posibilidad de crecimiento no existen, por lo que el futuro se
vuelve incierto y los sueños se desvanecen al enfrentar la realidad”

Recientemente leí un artículo en el que se hablaba de los campechanos como ciudadanos que nunca se quejan, ni dicen nada y mucho menos exigen ser respetados. Cabe aclarar que es un mal de los mexicanos en general y no de los campechanos en particular.

“El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños. No
olvidemos que el primer deber del hombre es desarrollar todo lo que
posee, todo lo que se pueda convertir en él mismo”

Sin embargo, en un estado en el que las oportunidades de empleo y crecimiento profesional son limitadas y como consecuencia el 70% de la población -si no es más- vive de la burocracia con un sueldo que depende del Gobierno, ¿quién se atreve a hablar? Campeche es un Estado con muchos recursos para crecer pero no ha sido suficiente, ya que el recurso verdaderamente importante de un lugar son las personas que viven en él, los valores y las actitudes que tienen ante la vida, así como sus expectativas de crecimiento personal, sus anhelos, sueños y proyectos que en conjunto hacen que cualquier ciudad, estado o nación crezca sin detenerse.

En los ciudadanos es un sentimiento generalizado que las oportunidades y la posibilidad de crecimiento no existen, por lo que el futuro se vuelve incierto y los sueños se desvanecen al enfrentar la realidad. Sólo son tres las opciones: el magisterio, la política o la burocracia. Conviene ser maestro sacrificando la vocación para heredar la plaza de tus padres. Para convertirte en político o trabajar en el Gobierno debes tener muy buenas relaciones o acceder a los intereses de tus superiores, y es entonces que poseer el perfil, los estudios y la capacidad no serán prioritarios para obtener un buen empleo.

El panorama no es prometedor y quizás esta situación sea una de las grandes causas de los altos índices de depresión y suicidio en la entidad: crecer sin sueños, deseos ni intereses o, peor, tenerlos y verte en la necesidad de reprimirlos.

Bien dicen que la mayor dificultad no está en las circunstancias sino en el pensamiento, y muy probablemente la muralla de mayor impacto en Campeche no es la del recinto histórico que resguarda sus más grandes tesoros, sino la que se levantó en nuestro espíritu, limitándolo y envolviéndolo con el fantasma de la desilusión.

El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños. No olvidemos que el primer deber del hombre es desarrollar todo lo que posee, todo lo que se pueda convertir en él mismo.

Los campechanos somos gente valiosa, capaz de convertirnos en seres triunfadores y no en la sencilla definición que da el diccionario con la que, en son de broma, describe en diversos lugares a alguien franco y dispuesto para cualquier broma o diversión.

Debemos cambiar nuestro presente, base del futuro de nuestros hijos, pues ellos merecen uno con esperanzas, donde puedan tener un sueño, con la seguridad de que podrán hacer hasta lo imposible para alcanzarlo.

Esta noticia concursa en el I Premio  Periodista Ciudadano en la categoría de: Ciudadanía



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