Domingo 25 de septiembre de 2016,
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Enviada especial: el prólogo

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La ganadora del II Premio Periodista Ciudadano inicia su diario de viaje a Sierra Leona con este prólogo

Publicará desde ahora todo lo relativo al viaje, desde los preparativos hasta su vuelta, en el espacio ‘Enviada Especial’

Antes de ayer gané un pequeño/gran premio. Un premio joven pero con mucho futuro. Un premio periodístico para ciudadanos. Un premio modesto que contiene, sin embargo, la mayor de las ambiciones: democratizar la información en un sentido real, tangible, amplio.

A veces nuestras historias no tienen cabida en los canales tradicionales, es lo que me pasó con el artículo con el que he ganado, que no conseguí que ningún medio publicara

Todos sabemos cómo funciona esto del periodismo: los de arriba deciden qué debe interesarnos y qué no, de qué modo debemos pensar sobre cierto tema y los de abajo, sintiéndonos más o menos libres, acatamos. El periodismo ciudadano le da la vuelta a la ecuación: la opinión se crea de abajo a arriba. Es decir, son los mismos ciudadanos los que escriben sobre aquellos temas que les interesan, dicen lo que les venga en gana y lo cuelgan en la Red, de manera que la opinión pública queda enriquecida. El que quiera ir más allá de lo que expresan los medios convencionales, tiene millones de artículos de personas anónimas al alcance de la mano (o de un click de mouse). El que no puede, simplemente, ignorarlo.

Los periodistas tenemos un papel importantísimo en todo este tinglado. Nuestra intuición rastreadora nos lleva, a menudo, ante historias que deben ser contadas pero que, sin embargo, no tienen cabida en lo grandes canales de información tradicionales. No interesan. Bien porque muerden la mano que da de comer al medio en cuestión, bien porque están demasiado alejadas de las cuestiones sobre las que se quiere que reflexione el ciudadano. Es el caso del reportaje por el que he ganado el premio (‘La prisión de los buenos‘, sobre un campo de refugiados de una minoría étnica birmana). En su día, lo mareé de redacción en redacción y ninguna quiso comprarlo (‘Birmania… ¿para qué?… a nadie le importa lo que allí está pasando’). Sin embargo, gracias a plataformas como Bottup, estos textos pueden ver la luz y mucha gente puede enterarse de temas que, de otro modo, estarían silenciados.

Gracias a Bottup por esta oportunidad. Desde aquí me comprometo a seguir publicando esas historias que no encuentran su lugar en la prensa diaria, de modo desinteresado. Por el simple placer de informar: de ciudadano a ciudadano.

La próxima, desde Sierra Leona. Nos seguimos leyendo.

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