Lunes 25 de septiembre de 2017,
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El regalo

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“A la perrita abandonada le dieron de nombre Jenny y tomó por hogar callejero el pueblo de Santa María”

Opinión

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Tuvo tres enanos peludos, dos negros y la otra como ella
Hacía sus recorridos por las aceras evitando los coches y a la gente lo más que podía

Hace un par de meses me llegó un singular regalo. Lo vi, lo leí y lo dejé muy a la vista, entre mis objetos cotidianos. No sabía qué había en él que me incomodaba. Qué era lo que me hacía ocultarme, lo que me hacía sentir como un fugitivo. Ahora, sin embargo, ya lo puedo explicar.

Fuera
del tema y sin querer polemizar ni hacer proselitismo, lo que me
inquieta es esa capacidad de entrega, esa potencia y esa generosidad.


Yo
sé de las soledades de estas personas luminosas y decididas, y por eso
puedo evaluar la intensa y profunda satisfacción de quien recibe a
cambio ni más ni menos lo que predica con el ejemplo. Es una forma de poseer el mundo. Es una forma de justificación.


Eso
es lo que me hacía ocultarme, que yo hubiera pensado, sinceramente
compungido, bien calentito y arrellanado en mi rincón, que jamás
volvería a ver a los perrillos. Porque con esa tormenta el agua se los
habría llevado instantáneamente.


A la perrita le dieron por nombre Jenny. Una historia verdadera. Una vez la hubieron abandonado tomó por hogar callejero el pueblo de Santa María.


Hacía sus recorridos por las aceras evitando los coches y a la gente  lo más que podía. La vi casi desde los primeros días. Desde su cuerpecito peludo, blanco y negro, como si de una vaca pequeñita se tratara, me di cuenta que era hembra.


Me costó seguirla muchos días para ver donde dormía y, cerca, cuando lo supe, le dejaba comida y agua. Cuando ella se dio cuenta que la vida se ponía algo a su favor, me dejaba acercarme a diez metros de distancia. Así todos los días.


Conforme se iba acercando el calor del verano empezó a quedarse calva por las pulgas, por su alergia, de tanto rascarse y empezó a engordar de la tripa. Claramente estaba embarazada.


Se refugió para tener los cachorros en una obra en la que había un canal que recogía las aguas torrenciales cuando hacía mucha lluvia. Tuvo tres enanos peludos, dos negros y la otra como ella.


Conseguí que se acercara un poco más, incluso que identificara el ruido de mi coche, incluso que supiera que iba cargada de buenas intenciones, pero siempre recelaba. Un día el encargado de la obra salió con su mal carácter a decirme que, o me los llevaba de allí o cogería a los cachorros en un saco y los tiraría a un torrente.


Encontré otros dos en sitios diferentes, uno de ellos estaba asfixiado y me puse a hacerle el boca a boca hasta que lo recuperé

Mi propósito desde el principio era poderme hacer cargo de toda la familia pero ella lo evitaba y enseñaba a sus cachorros a evitarme también.

 


Ante la urgencia de lo que se le vendría encima, hablé con la chica de la clínica veterinaria del pueblo que estaba muy pendiente y preocupada por lo que le iba contando de la perra. Decidimos ir a darle comida con unos tranquilizantes para que se durmiera y poder cogerlos a todos.

 


Quedamos a las cuatro de la tarde. A las tres y media se desató una tormenta que tumbaba los árboles y hacía intransitable los tres kilómetros que me separaban de donde ella estaba.


Sólo pensé en que el cauce del torrente donde estaban los cachorros estaría desbordado. Sólo ellos me hicieron milagrosamente no tener un accidente con el coche.


Cuando llegué el agua del torrente había nivelado con los solares y con los bordes del torrente. Me subí el vestido lo que pude. Había gente en las ventanas viendo la riada que se había formado. Me vieron toda mojada y desesperada. Allí no quedaba nada.


Desde un balcón me gritaron que, en tal sitio inundado habían visto un perrito, entre las ramas. Cuando llegué hasta él era una bolita empapada que no se movía pero me miró.


Para cuando ya lo tenía llegó mi aliada de los animales y se lo di y me puse frenética a buscar más y encontré a los otros dos en sitios diferentes, uno de ellos tan asfixiado que me puse a hacerle el boca a boca y lo recuperé.


Esta historia, que siempre llevare en mi corazón,  me enseñó que no nos debemos de rendir nunca

Parecía un cuento de Navidad. Toda la gente con corazón había bajado con sus paraguas y ropa vieja, toallas viejas y habían abierto un garaje para socorrernos. Alguna me dijo que ya me  había visto ponerles comida y por eso sabía que habían cachorros. La madre no apareció.

 


Las toallas, el secador de pelo, hicieron que se recuperaran sin entender nada de aquel trajín. Fue tanta la emoción que se apoderó de todos nosotros que fue fácil la adopción de los cachorros entre los vecinos. Quedarían el uno tan cerca del otro y del otro que, siempre seguirían siendo hermanos y vecinos.


Los he visto después convertidos en perrito felices. A la perrita madre la vi después de dos días. Estaba sentada a una distancia prudente frente a una de las casas donde habían adoptado un hijo suyo. Para entonces su piel estaba igual de pelada que la de un cerdito por su alergia.


Sacamos a su hijo para poderla ayudar pero no había manera.


El torrente seguía con agua, era imposible dejar a los cachorros a su suerte otra vez. Ella tenía la leche acumulada en sus tetillas con mastitis . Quedamos Joana y yo en intentar, con la comida darle pastillas de dormir.


Se las comió y conforme notaba que se mareaba se iba a acostar lejos y, si me acercaba se levantaba y se volvía a mantener a distancia.


Una de esas veces pasé cerca de ella para ver si ya no podía levantarse. La miré desde muy cerca y seguí andando disimuladamente diciéndole a mi amiga, con gestos, como la encontraba. Vi que ella me hacía gestos muy excitada.


Cada año sus tres hadas madrinas llamamos a sus dueños protectores y nos cuentan lo bien que está

Me volví. La perrilla se había levantado a duras penas y me estaba siguiendo a un metro de distancia. Le dije algo cariñoso mientras la cogía y la abrazaba. Fue un momento tan deseado y tan intenso después de tantos meses que no podía parar de llorar de alegría.

 
La pudimos curar hasta de las pulgas. La llevamos a casa de Anny para que se recuperara. Cada día iba yo a buscarla.  Para entonces sus cachorros le parecían perritos sin más. Paseábamos juntas una hora y nos queríamos.


Salió la mejor alma del mundo que la pudo adoptar. Le creció el pelo. Cambió la calle por el sofá y, el cariño se le daba tan desbordado como el torrente aquel. Cada año sus tres hadas madrinas llamamos a sus dueños protectores y nos cuentan lo bien que está y que vive con otro perrete recogido. Que sus pestañas se han hecho tan largas como su pelo.


Esta historia la llevaré siempre en mi corazón. Me sirve para saber, como Jenny me enseñó, que no nos debemos de rendir nunca.

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Sobre el autor

3 Comentarios

  1. Olocau.Digital 17/03/2009 en 10:40

    La hache de María : )
    … mmmh ! … desgraciadamente no puedo achacar mi seria incapacidad ortográfica a la edad, puedo reconocer que jamás me dio la gana, y no se por qué, poner atención a las normas.
    Desde el equipo de redacción de Bottup, han sido más que amables y pacientes con mi forma de destrozar la palabra escrita.
    No puedo pedir perdón, María, pero he encontrado la ache (solo he encontrado una) y te la he devuelto.
    Sin que sirva de escusa a mi ya reconocida incapacidad ortográfica, y a simple ejemplo de qué y cómo se resuelven las normas, apunto esta notita de sesudos pensadores:
    http://hachemuda.com/2006/12/rae-la-letra-hache-ya-no-es-necesaria/
    Un abarzote.

  2. Anónimo 17/03/2009 en 9:51

    la hache de hada
    Es que, alguien se llevó la hache de hadas y parece que les falte algo de su función.
    A propósito de hadas, esto es algo que leí una vez y que arrastro con los años:
    “-¿Creeis en las hadas?…
    -Síííííí !!!!!!
    Y las hadas se salvaron.

    El cuentito de Jenny es un homenaje a tanta valentía. La autora.

  3. Anónimo 16/03/2009 en 23:46

    Los animales tambien sienten
    la verdad es que historias como estas conmueven mucho el corazon de las personas que sienten afecto por los animales, asi como tambien lamentablemente aun existen individuos que no toleran la idea de que un perrito o cualquier animalito sientan dolor…
    gracais por compartir esta historia que espero sea leida por muchas personas para que puedan entender lo que significa querer y preocuparse por un animalito…

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