Sábado 01 de octubre de 2016,
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El sueño imposible de Erdogan

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El intento por unificar islamismo, nacionalismo otomano y europeísmo se plasma en su intento desesperado por lograr la adhesión a la Unión Europea

Hasta ahora Turquía ha vivido polarizada entre un nacionalismo laico, propio de los sectores urbanos más desarrollados, y un islamismo tradicional, en el que se ha refugiado la población rural más desfavorecida.

Y con el afán de refundar la Turquía moderna, Erdogan, nuevo ‘padre de la patria’ (Atatürk), trata de unir islamismo, nacionalismo y europeismo con su entrada en la UE. El Partido de la Justicia y el Desarrollo (Adalet ve Kalkınma Partisi o AKP), a menudo denominado en Turquía ‘Ak Parti’, ya que sus seguidores emplean el vocablo en turco ‘Ak’, que significa blanco, limpio, o intachable, para identificar a su partido) es un partido conservador moderado, de tendencia demócrata-musulmana, a la imagen y semejanza de los partidos demócratacristianos europeos, no en vano es miembro observador del PPE desde 2005.

El proceso de integración en la UE
Con el ‘Acuerdo de Ankara’ de 1963 y su protocolo adicional de 1970 se fijaron los objetivos fundamentales de la asociación entre la Comunidad y Turquía, el refuerzo de las relaciones comerciales y económicas y la instauración de una Unión Aduanera en tres fases. Después de décadas de conversaciones, el primer ministro turco, Erdogan, ha impulsado múltiples medidas reformistas encaminadas especialmente a colocar al Estado turco en sintonía con los parámetros que le impone la UE   para acoger a Turquía como un Estado de pleno derecho dentro de la Unión: la abolición de la pena de muerte y el paulatino progreso en el respeto de los derechos de la población Kurda en el este del país. Estas reformas sirvieron para que la Comisión Europea aconsejara iniciar el proceso de negociaciones para el ingreso de Turquía a la UE.

Turquía tiene importantes puntos a favor en su aspiración, como que la población del país se siente mayoritariamente europea; que la candidatura cuenta con el firme respaldo del premier británico Gordon; que el nuevo Presidente turco tiene un perfil europeísta y favorable a las reformas políticas y económicas

Después de tres décadas de conversaciones, Erdogan ha impulsado múltiples medidas reformistas para colocar al Estado turco en sintonía con los parámetros de la UE

que la adhesión de Turquía a la UE demanda; y, que, a juicio de la OCDE, la apertura de negociaciones dinamizaría la economía turca y daría impulso a la inversión extranjera. Turquía actualmente posee el mayor índice de crecimiento de toda la zona de la OCDE, y la adhesión de ese país a la UE respondería al interés de las dos partes.

Además, el Presidente estadounidense, Barack Obama, apoyó en Praga la candidatura de Turquía a la Unión Europea (UE), al decir que “avanzar hacia la adhesión de Turquía a la UE sería una señal importante de nuestro compromiso con esta agenda y de que seguimos amarrando Turquía a Europa”. Estados Unidos y Gran Bretaña defienden el ingreso de Turquía en la UE, que cuenta actualmente con 27 miembros.

Las relaciones turco-estadounidenses se vieron afectadas en los últimos años por la oposición de Ankara a la guerra que libra Estados Unidos en Irak. Además, Obama evitó una crisis en la OTAN, al conseguir que Turquía aprobase el nombramiento del primer ministro danés Anders Fogh Rasmussen como nuevo Secretario General de la Alianza Atlántica. La candidatura de Rasmussen era mal vista en Ankara, por el apoyo que dio al diario danés que en 2005 publicó caricaturas de Mahoma, y porque el gobierno danés se negó a ilegalizar una televisión kurda que emite desde su territorio.

Finalmente, el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, aceptó su nombramiento y añadió que su cambio de posición se debió a que Obama se había declarado ‘garante’ de ciertos compromisos, que se abstuvo de detallar. Pero Turquía ha acogido con cierto pesimismo la elección de Herman Van Rompuy como presidente de la Unión Europea (UE), pues los diarios turcos recordaron sus palabras en 2004 en contra de la adhesión de Turquía al bloque: “Los valores universales que están en vigor en

La adhesión de Turquía está avalada por EEUU y Gran Bretaña, mientras que encuentra detractores en el eje franco-alemán

Europa, y que son valores fundamentales del cristianismo, perderían fuerza con la entrada de un país musulmán como Turquía”.

Oposición del eje franco-alemán
Las discusiones de adhesión, que se inciaron en octubre de 2005, están prácticamante estancadas. Algunos países del bloque, como Francia y Alemania, se oponen a darle a Turquía el estatuto de miembro pleno, y prefieren la perspectiva de una asociación, aunque la cuestión de fondo de la firme oposición franco-alemana es el temor a la pérdida de poder político.

Con el nuevo Tratado de Lisboa, la población pasará a ser un elemento determinante para medir la importancia de cada país en la UE. La gran conquista de Alemania en el nuevo tratado, que es nada menos que el reconocimiento a su mayor peso tras la reunificación, se desvanecería a la luz de la bomba demográfica que representa Turquía (en la UE vivirían en la actualidad más de 3’7 millones de turcos, cifra que corresponde casi a la población de Irlanda).

Así, en el horizonte de 2060, Alemania contará sólo con 70 millones de habitantes frente a los 82 actuales. En cambio, en Turquía sus 71 millones de ciudadanos de hoy se convertirán en 97 millones dentro de cuarenta años. Francia, aunque también crecerá hasta los 71 millones, deberá asumir que el mayor poder político en el Consejo Europeo y el Parlamento lo ejercerá un país de mayoría islámica como Turquía. Se calcula que en el momento de la adhesión definitiva, la población musulmana de la UE aumentaría del 5% actual a cerca del 20% de la población total.

El segundo impedimento para los turcos con vistas a la adhesión es su pobreza respecto a la Unión, ya

Uno de los factores de rechazo es la previsión de aumento de su población, que haría que tomara peso en detrimento de los actuales ‘grandes’ de la UE

que con una renta per cápita próxima a un tercio de la que gozan los grandes países europeos, (11.288 $) existe el temor de que el nuevo socio acapare la mayor parte de los fondos europeos.

Sin embargo, dicha política podría volverse en contra de la UE, pues los procesos de adhesión han funcionado como un instrumento democratizador y reformista del continente y en el caso de cerrarse el proceso de ampliación, se corre el riesgo de que los valores demócraticos que la UE ha exportado hacia los países de la la extinta URSS, sean reemplazados por los ideales expansionistas de la Nueva Gran Rusia, con lo que se alteraría notablemente el escenario geopolítico europeo para la próxima década.

El inestable escenario político turco
Los militares turcos desempeñan un papel político en la sombra, aunque importante, puesto que se consideran los guardianes de la naturaleza secular y unitaria de la República. Los partidos políticos juzgados como anti-seculares o separatistas por el Poder Judicial Turco, a instancias del estamento militar, pueden ser declarados ilegales. Así, el Tribunal Constitucional de Turquía ha acordado ilegalizar al pro kurdo Partido de la Sociedad Democrática (DTP), por considerar que existen vínculos entre esta formación y el ilegalizado Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). La prohibición de este partido, que dispone de 21 escaños en la Gran Asamblea Nacional Turca, llega en pleno aumento de la tensión entre el Estado turco y el ilegalizado Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), rompiendo el clima de acercamiento propiciado por Ankara para poner fin al conflicto kurdo. Esto podría ser el desencadenante de una nueva espiral de violencia, aunado con un agravamiento de la crisis económica que originaría escenarios de alta inflación, galopante tasa de paro y deuda desbocada y la radicalización y auge del TKP (Partido Comunista de Turquía).

Así, tras el crecimiento negativo registrado en el cuarto trimestre de 2008, se ha producido una contracción del PIB del 13,8% en el primer trimestre de 2009, la mayor de los últimos 50 años. Además se ha devaluado un 30% la lira turca y prosiguen las negociaciones con el FMI para un nuevo programa stand-by, pero no ha podido completarse todavía debido a las exigencias de control estricto del gasto público. En el supuesto de que no se llegue a un acuerdo, Turquía puede verse ante dificultades para devolver la deuda externa acumulada por su sector privado.

Ante esta situación, y sin el paraguas protector de la UE (al posponer su ingreso ‘sine die’ como miembro de pleno de derecho), y con los antecedentes del polémico caso Ergenekon (en el que numerosas personas, incluyendo funcionarios y miembros del ejército han sido condenados por planear varios asesinatos y atentados selectivos con el objetivo de instigar un golpe de estado contra el gobierno del AKP), es previsible que el ejército turco (TSK) protagonice un nuevo golpe ‘virtual’ o ‘posmoderno’. Este golpe acabaría con el mandato del Primer Ministro Erdogan, (rememorando el ‘golpe blando’ de 1997, cuando los generales arrebataron el poder al Gobierno del presidente Necmettin Erbakanpor, quien lideraba una coalición Islamista), y surgiría posteriormente un sistema político fracturado que producirá una serie de coaliciones de gobierno inestables en el parlamento turco.


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Fotografía (CC): World Economic Forum

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Sobre el autor

1 comentario

  1. Anónimo 14/03/2010 en 20:33

    y una mierda

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