Domingo 04 de diciembre de 2016,
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El triunfo de la razón

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Hoy, por fin, después de más de siete años de pesadilla, la luz de la esperanza ha vuelto a encenderse, y con ella la ilusión parece renacer en los españoles

Afortunadamente, el sentido común ha sobresalido por encima de la negligencia. Y la cordura obliga a aquellos que se empeñaron en convertir nuestro país en un desierto en progresión, a talar los eucaliptos que ellos mismos plantaron para empobrecer voluntariamente su suelo.

Los acontecimientos electorales acaecidos en España el día veintidós de mayo de 2011 –mes por naturaleza revolucionario–, han puesto de manifiesto una realidad que parecía casi inexistente, pero que a la postre ha vuelto a revelarse como el gran paradigma de la idiosincrasia de este noble pueblo al que pertenecemos. Los españoles, dentro de nuestra sencillez, pero también de nuestros sentimientos más profundos, hemos hecho valer ante las urnas la razón, esa que tantas veces decimos que no tiene más que un camino, y que hoy ha caído, como una losa, sobre la inconsciencia, pero también sobre la falta de conciencia, de aquellos que han pretendido gobernar desde lo ingobernable, pintando repetidamente las cosas del color que no eran.

Ese momento ha llegado gracias a la incompetencia de unos gobernantes que se han negado reiteradamente a no comulgar con el verdadero sentir de los españoles

Sólo el tiempo viene a ponerlo todo en el lugar que le corresponde. Pero han tenido que transcurrir más de siete años para provocar una reacción que muchos adivinábamos como deseable, y que, en más de una ocasión, deseamos que fuese inevitable.

Ahora, ese momento ha llegado; y lo ha hecho con la mayor fuerza posible a tenor de las circunstancias anodinas en las que hemos quedado sumidos gracias a la incompetencia de unos gobernantes que se han negado reiteradamente a no comulgar con el verdadero sentir de los españoles.

Cuando el hambre y la necesidad estaba llamando a la puerta de muchos hogares, el hombre razonable que cada español lleva dentro de sí ha dicho basta. Y esa voz se ha plasmado en un mapa coloreado de un color completamente diferente del que hace escasas horas mostrábamos al mundo. Sin renegar de nuestros propios pensamientos, de nuestras propias ideologías, de nuestra propia religión, todos hemos dicho ¡basta! a quienes nos decían continuamente que todo iba bien, cuando la realidad era que todo estaba cada vez más deteriorado y corrompido. Y eso es lo que nos hace auténticamente diferentes.

Hoy, probablemente, ante Europa y el resto de los países que conforman el resto de los continentes, España y los españoles somos más diferentes que nunca, ya que, sin abandonar esas peculiaridades que nos hacen especiales, hemos sabido plantar cara a la mentira, sacando a la luz lo mejor que cada uno de nosotros tenía en su interior. Esperemos que la razón cunda por mucho tiempo y no nos abandone a las primeras de cambio. Y esperemos también que cuanto nos viene sucediendo a lo largo de esta nuestra historia reciente no sea solamente un soplo de luz sobre nuestras conciencias, sino que perdure por los siglos, para que jamás nos dejemos embaucar por aquellos que, pretendiendo convertirse en eco de la libertad, del progreso, de la solidaridad, de la tolerancia, del humanitarismo, de la igualdad…, acaban convirtiéndose en paladines de la incomprensión y de la intransigencia.


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