Domingo 25 de septiembre de 2016,
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El valor de una moneda bien gastada

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OPINIÓN / Un consumo responsable puede ayudar a mejorar la situación actual, confiando en empresas que generan valor social, que son responsables medioambientalmente, evaluando a dónde van los beneficios de nuestro consumo

Tantos años de esfuerzos y tantas personas trabajando por un consumo responsable y quizá hoy la crisis nos muestre, con clara evidencia, que es la mejor carta en nuestras manos para salvar una situación que, ni nuestros políticos, ni quienes los dirigen, quieren resolver.

Nos cuentan de una reforma laboral que es necesaria y que es buena para todos, pero nadie lo entiende. Ninguno se cruzó con esa razón. El trabajador no encuentra el beneficio en ninguna parte. Para el trabajador en paro aún tiene menos sentido. Y para el empresario, en general, no hay mayor beneficio que ahorrarse algo en un despido y en ese ahorro sólo veo problemas para mañana.

Sí, la inmensa mayoría de empresas de nuestro país son pequeñas empresas, cuando no microempresas, y no encuentran respuestas en un despido. Necesitamos que la venta recupere terreno y eso no es posible si quien podría comprar no tiene con qué. ¿De qué sirve ahorrar unos euros en un despido, más allá del hoy? Se nos pide que reduzcamos nuestra actividad y para que lo hagamos nos abaratan el despido, pero nosotros no queremos porque eso es la crónica de una muerte anunciada.

Consumimos menos, sí, pero lo hacemos, y desde esa acción tenemos nuestro mayor poder. Hay que ejercerlo

¿Dónde está entonces el beneficio de esta reforma, junto a otras de idéntico signo?

Sólo hay dos grandes beneficiados: la gran ‘empresa’ que realiza despidos en masa y aquellos que son mal llamados empresarios, que siempre fueron unos ladrones y que hoy para robar no tienen que transgredir tanto la ley.

Nos dicen que vamos a ser más competitivos y nos llegará la demanda desde otros países, pero, miremos a nuestro alrededor y luego volvamos a leer esta afirmación gratuita. Y todo esto además en un país cuyo mercado interno es básico para su desarrollo.

Junto a la reforma laboral llegan más apoyos a la banca y más recortes para las gentes. El gasto público por los suelos, cuando éste es el único capaz de animar de forma ágil la demanda. No es una sensación sino una realidad que nos están llevando, desde el miedo y la amenaza, en sentido opuesto al que deberíamos estar andando. Y esto ya viene de atrás pues siguen las líneas que les marcan quienes sí se benefician de esta crisis.

Podemos forzar que esto cambie, todos podemos hacer fuerza con nuestra acción diaria de consumo. Siempre fue difícil hablar de consumo responsable, y más lo es ahora cuando apenas tenemos con qué consumir y andamos de espaldas a las políticas del más agresivo neoliberalismo que nos imponen. Consumimos menos, sí, pero lo hacemos, y desde esa acción tenemos nuestro mayor poder. Hay que ejercerlo.

Todos sabemos que la relación que ha imperado en el consumo, hasta la fecha, es el precio / cantidad, una relación que sólo tenía una defensa sensata en quien no tenía casi nada.

En un momento como éste quizá sea suficiente por preocuparnos al menos de dónde se crea empleo cuando consumimos y a dónde van los beneficios de nuestro consumo

Cuando consumimos estamos decidiendo muchas más cosas que tener o no tener algo. Decidimos:

  • Dónde se quedan los beneficios de nuestro consumo.
  • Dónde se crea empleo como resultado de nuestra compra.
  • Qué herencia le dejamos a nuestros hijos si el productor, elegido con nuestro consumo, arrasa con nuestro territorio natural.
  • Dónde se invierte nuestro dinero ahorrado para ese último tirón, ese imprevisto o simplemente de los primeros a los últimos días del mes.
  • Cuánto daño hemos de sufrir la sociedad por la actividad de ciertos productores irresponsables, que están beneficiándose de nuestro consumo, y quién pagará ese coste.
  • Cuántos pequeños empresarios cerraran por las condiciones salvajes que grandes distribuidores les imponen, sólo porque ellos tienen nuestro consumo.
  • Cómo queremos ser solidarios desde nuestro consumo.

Ojalá se nos facilitase tener respuestas, de una forma sencilla, a cada una de estas cuestiones en cada producto. Con el esfuerzo de todos lo conseguiremos. Sin embargo, es tan escasa la acción crítica del consumidor más allá del precio y como mucho la marca, que seguramente en un momento como este sería suficiente al menos preocuparnos de:

  • Dónde se crea empleo cuando consumimos.
  • A dónde van los beneficios de nuestro consumo.

Y saber esto, con mucho de lo que consumimos, no es complicado. Pensemos en las empresas de nuestra localidad, de nuestra comunidad, en aquellas de la tierra colindante a las que conocemos y no necesitamos que nos cuenten. También conocemos al que nos abandonó para producir explotando personas y tierras, creando costes sociales y medioambientales en nuestra tierra y en los países a dónde se lleva la producción. Elijamos dónde depositamos esa moneda que nos cuesta hoy tanto, para que además de satisfacer nuestra necesidad genere un empleo y posibilite al máximo una salida a esta crisis.

Elijamos dónde depositamos esa moneda que nos cuesta hoy tanto, para que además de satisfacer nuestra necesidad genere un empleo y posibilite al máximo una salida a esta crisis

Con los gobiernos de espaldas y el gran capital dedicado al póker, en apuestas que no tiemblan cuando lo hacen contra su propio país, la solución sensata está en las manos de la ciudadanía: trabajadores y pequeños empresarios que viven, ya no abandonados, sino castigados.

Movilicemos todos los días nuestra acción de consumo. Pongamos nuestro dinero, aunque sea cada vez más escaso, a crear empleo, riqueza comunitaria, valor social y medioambiental y solidaridad. Encontraremos todo un mundo de productos en la economía social y solidaria (por ejemplo en www.konsumoresponsable.coop) que junto a los que conocéis en vuestro entorno os ofrecerán posibilidades para reorientar el beneficio que genera nuestro consumo.

NITTÚA
Raúl Contreras
Núria González


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