Viernes 04 de abril de 2014,
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Homenaje a Ernesto Sábato en la Feria del Libro bonaerense

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El celebrado escritor falleció debido a una bronquitis a punto de cumplir los 100 años

Su hijo presentó el documental ‘Sábato, mi padre’, una mirada al hombre antes que al escritor

Argentina. El homenaje a Ernesto Sábato que le realizara la Sociedad Argentina de Escritores (S.A.D.E.) en Buenos Aires en la Feria del Libro, se realizo el domingo 1 de Mayo, a las 16.30, solo unas horas después de que el cortejo fúnebre partiera hacia el cementerio Parque Jardín de Paz en la ciudad bonaerense de Pilar, con los restos de uno de los iconos más populares de la literatura argentina, autor de ‘Sobre héroes y tumbas’ y ‘El Tunel’. Participaron, además del hijo del escritor y sus familiares y amigos, don Jorge Eraclio Albarracín, Óscar Augusto Berengan y Ricardo Guillermo Guzmán.

“La mayor virtud de mi padre fue la honestidad”, proclamó Mario Sábato, hijo del escritor y cineasta, en el entierro del escritor acaecido este domingo 1 de mayo de 2011. Y ya en la Feria del Libro calificó a estos dos últimos días como “tumultuosos”, por sentir “que tanta gente nos acompañaba y que papá no nos pertenecía, sino que pertenecía a todos. Por eso en esta tristeza hay alegría y orgullo“, dijo entrecortado por el aplauso sostenido de la gente que lo aplaudió de pie, antes de la proyección del documental ‘Sábato, mi padre’.

Comparándolo con Enrique Cadicamo, “que tenía una vitalidad positiva”, Mario afirmó que su padre tenía una vitalidad trágica.

El hijo del escritor contó durante el homenaje realizado el mismo día de su sepelio cómo Ernesto Sábato fue a parar a Santos Lugares en el año 1945…

Si mi padre hubiera cumplido los cien habría hecho chistes, ¡seguro!, nunca le tuvo miedo a la muerte, la aceptaba y decía también que le gustaría vivir un número razonable de años, unos 1.000 o 2.000

“Primero fuimos a Córdoba a vivir en una tapera -él quería un lugar tranquilo para escribir, no tenía agua corriente, ni electricidad- y Federico Valle, el dueño, nos ofreció después de unos meses alquilarnos la casa de Santos Lugares”.
“El hecho es que nos la alquiló con él adentro, ya que por mucho tiempo vivió en el sótano; aparecía de improviso y los invitados creían estar viviendo una alucinación”, recordó ante la risa del público. “Hice de él (de Federico Valle) mi abuelo… rememoro además que un anterior habitante de esa casa fue Jorge Amado, el famoso escritor brasileño”.

“Si mi padre hubiera cumplido los cien”, y el homenaje realizado era precisamente pensado para ese acontecimiento, que luego devino en éste póstumo, “habría hecho chistes, ¡seguro!, nunca le tuvo miedo a la muerte, la aceptaba y decía también que le gustaría vivir un número razonable de años, unos 1.000 o 2.000. Seguro que si llegaba a los cien, habría hecho algún comentario de humor negro”, imaginó.

A sala llena, con gente silenciosa, que con todo respeto se fue ubicando en la sala, y con la presencia de toda su familia (la viuda de su hermano Jorge, las cuatro nietas, los dos nietos y los cuatro biznietos del escritor), Mario fue desgranando los pasajes claves de su film, mientras armaba para el público una imagen intimista de su padre.

“En mi película (‘Sábato, mi padre’) prevalece el hombre, no el personaje”.

Y es así como lo despidieron sus familiares, amigos, personalidades de la cultura y las decenas de personas que se acercaron al Club de Santos Lugares para asistir a su velatorio, como al hombre querido y respetado, fallecido de madruga a causa de una bronquitis, que fue. Que después del Túnel brille para él la Luz que no tiene fin.

Ilustración de Gerardo Miguel Albarracín


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