Sábado 01 de octubre de 2016,
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En economía y en autocrítica ciudadana, de momento más de lo mismo

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OPINIÓN / A pesar del impulso renovador que ha supuesto el 15M, todavía parte de la ciudadanía no realiza el esfuerzo de analizar la realidad que nos rodea

Probablemente la culpa de este sistema económico neoliberal no sólo la tengan todos aquellos que nos lo han impuesto, sino también una gran parte de ciudadanos y ciudadanas que por lo que parece no han hecho un mínimo esfuerzo por intentar pensar en todo lo que nos están haciendo (por suerte el 15-M está cambiando esta dinámica).

Dicen que la única forma de avanzar es a través del pensamiento y del conocimiento de la realidad existente, algo que evidentemente comparto al cien por cien. Pero lo curioso del caso es que, a pesar de que en la actualidad existen medios en donde poder llegar a informarse al menos mínimamente, muchas personas todavía siguen empecinadas en no hacer un esfuerzo en esa búsqueda de la verdad para así combatir no sólo la sinrazón y la injusticia, sino también esa manipulación que muchos intentan mantener a toda costa.

Muy probablemente se nos trata de manipular a través de la falta de información o de las verdades a medias, pero no debemos olvidar que sí existen medios para todo aquel que realmente intenta adquirir conocimiento

Sí, así es, muy probablemente se nos trata de manipular a través de la falta de información o de las verdades a medias, pero no debemos olvidar que sí existen medios para todo aquel que realmente intenta adquirir conocimiento. Así pues, quizá sea el momento de empezar a preguntarnos por la falta de autocrítica de nuestra sociedad y no sólo echar la culpa a los que mandan de todo aquello que acontece a nuestro alrededor, ya que si realmente tenemos conocimiento de lo que en definitiva nos están haciendo, entonces no sólo contaremos con argumentos necesarios para llevar a cabo nuestras protestas, sino que además nos convertiremos en unos informadores de la realidad para que así sean otros también los que la puedan difundir (es de agradecer el gran esfuerzo que está haciendo el movimiento 15-M en este sentido).

Y como ejemplo de lo que estoy diciendo, me gustaría transcribirles este artículo que escribí hace aproximadamente un par de años en el periódico Levante, puesto que en él denuncio un determinado tipo de comportamiento que, a pesar de los siglos que han pasado, en cierto modo todavía sigue en vigor probablemente en parte por la falta de información y de compromiso de muchos de los que forman parte de esta sociedad. Además, creo recordar que este artículo es una forma de incidir de nuevo en las injusticias de ese sistema neoliberal que nos tratan de imponer a toda costa.

Artículo ‘Impuestos feudales’

Según nos cuenta la historia, en la Edad Media el clero y los nobles no pagaban impuestos, puesto que tan sólo era el pueblo llano el que tenía la obligación de realizar tal menester.

El otro día, tras leer un magnífico editorial de este periódico en donde se hablaba de las SICAV (sociedades de inversión de capital variable), de repente comprendí que, en algunas cosas, todavía seguimos arrastrando viejas prácticas feudales.

Digo esto porque tras leer el artículo, y disculpen mi ignorancia, me enteré de que dichas sociedades, las SICAV, sólo tributan al fisco el 1%. Eso sí, si no tienes 2 millones de euros para convertirte en socio de una de estas sociedades, tu contribución a la hacienda pública será, por supuestísimo, de un 18%. Así pues, comprendí que los muy ricos ahora tampoco pagan impuestos (bueno, miento, pagan el 1% frente al 18% con que tributa el pueblo llano). No obstante, no vayan a pensar que durante estos siglos no hemos avanzado al menos en algo, pues así como en la antigüedad los pobres se morían literalmente de hambre, hoy en día el estado los protege para, al menos, poner un plato en su exigua mesa.

Hemos evolucionado, sí, ya que el pobre no muere de inanición, al menos en el primer mundo, pues los gobernantes le han asegurado, como decía antes, un mínimo bocado con el cual apaciguar sus ruidosas tripas (algo meritorio, loable, y digno a todas luces). Pero verán ustedes, a fin de cuentas resulta que con los impuestos indirectos como el IVA, el dinero para los parados, o lo que es lo mismo, el dinero para adquirir esa comida se recauda en gran parte del pueblo llano (de la clase media), esa clase social que curiosamente en muchas ocasiones apenas puede llegar a fin de mes si a ‘don Euribor’ se le ocurre enfadarse y ponerse de uñas.

Al pobre, en cambio, hipotéticamente le dicen que ha de ser agradecido y, por lo tanto, dar las gracias a todos los contribuyentes, pues es precisamente por ellos por lo que todavía puede seguir viviendo y respirando cada día. Este, consciente de que, de alguna forma, esto es así, agradece sus esfuerzos al pueblo llano pero reserva sus mayores elogios para los más ricos, ya que por lógica, piensa que si los primeros le han puesto sobre la mesa un plato de fabada, los otros habrán contribuido para ponerle no uno, sino dos platos, puesto que es precisamente dinero lo que menos les falta a los más pudientes. De su evidente error lo saca de inmediato un dirigente, uno de esos que cobra los impuestos y le pone a él el plato sobre su mesa: no, el rico, proporcionalmente, no paga prácticamente impuestos, le insinúa, pero aún así debemos estarle eternamente agradecidos, pues él ya hace suficiente con no llevarse todo su dinero a otros países o a los paraísos fiscales (supongo que de ahí la creación de las SICAV), para así poder crear fábricas y negocios para que el pueblo llano trabaje y, con el esfuerzo de todos, se pueda seguir creando riqueza y a su vez estos paguen los impuestos que sufragarán los gastos producidos por su temporal manutención.

Por lo tanto, y una vez analizado todo esto, pienso que quizá el mayor defensor de los ricos sea un hombre de a pie con ansias de ser rico, y de estos, por lo visto, debe de haber una gran mayoría, pues al parecer nadie se escandaliza por este peculiar sistema de contribución. Es posible que no formar parte del último peldaño del escalafón social nos haga pensar que no somos el pueblo llano, pero en realidad, tanto autónomos, pequeños empresarios y trabajadores asalariados formamos parte, por decirlo de alguna forma, del nuevo proletariado, obreros y pequeños empresarios que con su esfuerzo crean riqueza y puestos de trabajo pero no dejan de ser, puesto que no viven de rentas, verdaderos trabajadores que consiguen tener una buena calidad de vida debido a su tenacidad y sacrificio diario.

Más de uno deducirá, tras lo dicho, que estoy radicalmente en contra de los más ricos, algo que, realmente, no es en absoluto cierto. Admiro el carácter emprendedor y de riesgo de muchos grandes empresarios, pero de la misma forma que digo esto, pienso también que al vivir en una misma comunidad de la cual, de una u otra forma, todos nos beneficiamos, justo sería pues que al menos todos tuviésemos una mínima calidad de vida y contribuyéramos al bien común de una forma totalmente proporcional según nuestros emolumentos. Así pues, quiero dejar claro que nunca me ha molestado que existan ricos, sin embargo, siempre me ha indignado la pobreza y la sinrazón, y más cuando es evitable en gran medida.

Por cierto, a mí en el colegio me enseñaron que el feudalismo desapareció al terminar la Edad Media, pero supongo que el profesor que me lo contó debía ser hijo de un gran y riquísimo terrateniente, o alguien corto de miras que no sabía realmente cómo funcionan las cosas.

Bien, pues tal y como decía al principio de este artículo, creo que si la gran mayoría comprendiéramos cómo funciona realmente esta sociedad en la que vivimos, a pesar de los siglos transcurridos, serían muchos más de los que ahora ya lo hacen los que se indignarían y protestarían ante este tipo de incongruencias e injusticias. No digo que con ello, es decir, a través del conocimiento, se solucionase definitivamente la situación actual, pero posiblemente sí sería el principio para empezar a cambiar las cosas, puesto que sin lugar a dudas la fuerza de la razón puede llegar a mover montañas. La fuerza de la razón y, por supuesto, el conocimiento y la unión entre nosotros.

Sin lugar a dudas la fuerza de la razón puede llegar a mover montañas. La fuerza de la razón y, por supuesto, el conocimiento y la unión entre nosotros

Y para todos aquellos escépticos, apuntarles que ha sido posiblemente la fuerza de la opinión pública la que en estos últimos meses ha conseguido que se hable sobre la eliminación de las SICAV (las sociedades de las que les hablaba antes), lo cual demuestra, en cierto modo, la fuerza que tiene realmente la gran masa, aunque es evidente que siempre se debe seguir estando alerta para que no nos den gato por liebre. Esto que les acabo de decir es un pequeño triunfo, me atrevería a decir que simplemente simbólico, puesto que todavía siguen en vigor los paraísos fiscales. Pero al fin y al cabo puede ser, tal y como les indicaba, el principio para empezar a cambiar las cosas siempre y cuando realmente la sociedad se conciencie y siga luchando, puesto que todavía está todo por hacer pero, además, por conservar, ya que últimamente el neoliberalismo está luchando con todas sus fuerzas para hacer desaparecer ese ‘estado del bienestar’ por el que tanto lucharon nuestros padres y abuelos. Sí, es ya hora de que empecemos a alzar nuestra voz en contra de los paraísos fiscales, de los recortes en sanidad, en educación, en pensiones….

Víctor J. Maicas es escritor

Editado por la Redacción: subtítulo

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Sobre el autor

Viajero incansable y escritor, mis novelas publicadas son “La playa de Rebeca”, “La República dependiente de Mavisaj”,“Año 2112. El mundo de Godal” y "Mario y el reflejo de la luz sobre la oscuridad". Son, principalmente, novelas comprometidas y de crítica social. Además, he escrito artículos para la prensa escrita así como también para diferentes publicaciones digitales. En la actualidad soy miembro del Consell de Cultura de la ugt-pv y socio o colaborador de diferentes ONG’s

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