Lunes 26 de septiembre de 2016,
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Los colombianos marchan en sentidos opuestos en su bicentenario de la independencia

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CRÓNICA / El 20 de julio desfilaron las fuerzas armadas y el 21 marcharon casi 20.000 personas: indígenas, campesinos, estudiantes, obreros y trabajadores

Más de 18.000 personas, entre las que se encontraban indígenas, campesinos, obreros, estudiantes y trabajadores del sector público marcharon este 21 de julio desde la Universidad Nacional hasta la Plaza de Bolívar de Bogotá. El día anterior, aproximadamente 7.000 miembros de las fuerzas armadas y más de 70 aeronaves participaron en el desfile militar de conmemoración de los 200 años del grito de independencia de Colombia.

Los contrastes saltan a la vista y las preguntas no se hacen esperar: ¿Qué conmueve a los colombianos? ¿Hasta dónde llega su noción de historia y nación?

El martes 20 y el miércoles 21 de julio marcharon dos países diferentes. La concurrencia al desfile militar del día 20 demostró que un alto porcentaje de colombianos se identifica más con las notas marciales que con las manifestaciones de los habitantes ancestrales de este territorio.

Mientras que en una avenida capitalina marchaban militares y policías, en la sede la universidad pública más

“Independencia era libertad, tierra, pan, igualdad y dignidad”, señala la proclama presentada por los organizadores de la marcha del día 21

grande del país, diferentes organizaciones sociales discutían sobre el sentido que debía darse al concepto de independencia. El objetivo final era leer el 21 de julio en el centro del poder político de Colombia, la Plaza de Bolívar, una proclama por la nueva independencia. “Independencia era libertad, tierra, pan, igualdad y dignidad”, señala el manifiesto presentado por quienes hoy, bajo la etiqueta de minorías étnicas, son constantemente menospreciados por las autoridades nacionales. “Con la usurpación del poder, vino la usurpación de la tierra”, es el reclamo de quienes han sido víctimas del desplazamiento forzado desde los orígenes mismos de Colombia como república, haciendo un vehemente llamado a la solución de este interminable conflicto: “La solución no puede ser la guerra o la profundización del conflicto armado para aplastar la inconformidad popular”.

[span class=media]Breve entrevista a Lilia Solano, directora de la ONG Justicia y Vida, que también participó en la marcha del día 21{mp3}LILIA_SOLANO{/mp3}[/span]

Las ‘calles de honor’ también fueron diferentes. En el desfile militar, cientos de personan saturaron los espacios en búsqueda de un mejor ángulo para ver las demostraciones de coordinación de soldados y policías. En la marcha indígena y campesina, los testigos mudos eran escuadrones de policías antidisturbios atentos a cada movimiento de los manifestantes. Entonces, parece haber calado en lo más profundo de la mentalidad de los colombianos los mensajes institucionales de apoyo incondicional a una política de seguridad, aún a pesar del costo social que ello ha representado para muchos de los que aplaudieron a los vistosos destacamentos militares. Probablemente ese día pocas personas se preguntaron por los casos de ejecuciones extrajudiciales atribuidos al ejército, a pesar de que tres días antes una revista publicó un informe especial titulado “Los casos olvidados de los falsos positivos“, con crudas imágenes de jóvenes asesinados.

Probablemente este también es el efecto del tiempo. Más de 60 años de conflicto han conseguido que sea más difícil conmover a los colombianos frente a las tragedias de las víctimas, que sin importar el bando al que pertenecen, o que sin pertenecer a ningún bando, llevan en sus cuerpos las marcas de esta guerra.

En 200 años muchas cosas pueden cambiar. En medio de festejos y conmemoraciones es oportuno hacer balances, sobre todo cuando se trata de examinar el alcance de la palabra ‘libertad’.

Post scríptum: El temor a las cámaras

Ernesto Sábato escribió en su libro ‘Antes del fin’: “Y entonces me pregunto en qué clase de sociedad vivimos, qué democracia tenemos donde los corruptos viven en la impunidad, y al hambre de los pueblos se la considera subversiva”. Su pregunta se muestra vigente ante circunstancias como las que rodearon las manifestaciones en Bogotá.

El despliegue mediático para el desfile militar, bajo el constante argumento del orgullo patrio por el “bicentenario de la independencia” no dio espacio para que los ciudadanos se enteraran de la razón por la que miles de indígenas y campesinos venidos de todo el país se concentraran en la capital. Sin embargo, a lo que sí se le dio difusión fue a una aparente orden impartida por el comandante guerrillero Alfonso Cano, de infiltrar las marchas convocadas por las organizaciones sociales.

Los señalamientos contra las marchas organizadas por movimientos sociales no son nuevos. En 2008 el asesor presidencial José Obdulio Gaviria acusó a los convocantes de una manifestación de las víctimas de crímenes de Estado, de ser simpatizantes de la guerrilla de las Farc. A los pocos días, cuatro líderes sociales fueron asesinados y 30 más recibieron amenazas.

Esto en cierta medida causó la adopción de medidas extremas por parte de los organizadores de la movilización del 21 de julio. La necesidad de acreditarse para tomar fotos en la vía pública, las constantes exigencias de demostrar que se contaba con esa autorización y en algunos casos la petición de borrar las fotos que algunos manifestantes consideraban que podían representar algún riesgo para ellos, fueron constantes durante las cerca de cuatro horas de marcha. A pesar de esas medidas preventivas, fue evidente la presencia de personas ajenas a las organizaciones convocantes que desde edificios públicos grababan detalladamente el transcurrir de la multitudinaria manifestación.

Andrés Monroy Gómez es investigador del Grupo
‘Derecho ciudadano a la información’

Fotos de las manifestaciones del 21 de julio en: Seryozem
Fotos del desfile militar del 20 de julio en: Seryozem


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Sobre el autor

Proyecto Sociedad Informada. Intereses: Libertad de Expresión

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