Martes 27 de septiembre de 2016,
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En la noche del Dios de las estrellas

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POESÍA / ‘En la noche del Dios de las estrellas’, del libro de poemas ‘La travesía de la vida’ (2001) de Mariano Cabrera Bárcena

En la noche del Dios de las estrellas

I

Sí existe amor pasional entre mujeres: no lo negaré.
Nosotras somos casadas, y hubo cómplices en nuestras
relaciones sexuales: el otoño, las hojas que son secretos caídos
que lleva el viento, la noche con la fuerza que da el amor…
Somos almas ardientes, y buscamos lo siempre deseado.
Después -quizá… con un ¡hasta luego!- merecerá la pena haber roto
el roble amoroso que nos separaba.

“Es la hora, nuestra hora de los sueños -me dice mi antigua alumna
cuando acude a la cita concertada-, de las relaciones carnales anheladas.
Todo está escrito. Despojémonos de nuestras ropas
y busquemos sábanas blancas -sin sogas indiscretas- donde yacer cuerpo
contra cuerpo”. Su cuerpo de carne viva -cabellos bronceados y ojos
con mirada desnuda- me había hecho su cautiva. Veintitrés años
sin rumbo, sin límites humanos…

II

Si existe amor pasional entre mujeres: no lo negaré.
Allí -en las afueras de la gran ciudad- acaeció 
nuestro bacanal de mohines y carantoñas.

La guarida de nuestro encuentro se encontraba
al lado de una salvaje playa, tan salvaje como el ánimo
voluptuoso -río profundo- que recorría nuestras venas.

Desnudos los cuerpos combatieron sin medida -sobre la arena-,
vientre contra vientre, pezones contra pezones…
Nuestra sangre fue una y abundante sangre de placer.

Mis cincuenta años no me perdonaron tanto exceso amoroso,
pero las almas se tranquilizan, precisamente, con lo desconocido…, 
con lo que estaba prohibido y hoy es llamado opción sexual amorosa,
aunque el sexo sea el mismo.

Belleza, armonía, besos ardientes, besos robados,
lenguas insaciables, manos temblorosas y húmedas:
he aquí el compendio de tantos y tantos orgasmos habidos.
Nuestras manos, nuestras bocas cumplieron su misión.

III

¡Qué lejos quedaban los caprichos!
!Qué fríos -helados- nuestros cuerpos!
Amas -nuestras voces- exclamaron:
“¡Ay, deleites perdidos y encontrados!
Qué lejos de nosotras estuvistéis.
Qué próximo el cielo: ¡lo abrazamos!
Qué esclavas de los hombres pernoctamos “.

Cerca, muy cerca pulularon testigos las estrellas,
y la Luna caprichosa esperaba:
humillarnos, inculparnos, violentarnos…

Allí, y sobre la playa negra de arena,
dos mujeres -madura y joven- sin barreras,
valientes, con luz de noche primavera
-cuerpo a cuerpo-
se entregaron, se amaron, se salvaron…,
y llegaron a esculpir sobre una piedra:
“Ayer, en tiempo muerto, quizá un instante
-sin siniestras intenciones- fuimos más mujeres,
en la noche del Dios de las estrellas”.

Mariano Cabrero Bárcena es poeta

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Sobre el autor

(...)He nacido en Madrid, 8 de Noviembre de 1938. Estoy casado y con dos hijos. Soy esscritor, poeta y ensayista. Funcionario de La Administración del Estado(escala Ejecutiva), jubilado, pero con unas ansias enormes de seguir escribiendo para aprender de los demás. Informar, tratar de ilustrar y entretener forman parte de mi bagaje cultural, que renuevo a diario. Y en todo momento trato de transmitir tranquilidad y esperanza a la sociedad actual: todo dentro de una ética periodística adecuada a cada momento. Busco como articulista el informar cuanto antes lo que acontece a mi alrededor. Lo demuestro con mis humildes obras( hijos propios salidos de mis sueños): "Periodismo: ¡Difícil profesión!" (1995) y "Mi compromiso con el periodismo" (1998). Intento penetrar en el difícil mundo de la poesía, y lo lleva a cabo con silencios, diálogos con muertos y con la exaltación del amor a la mujer: el ser más maravilloso sobre la tierra. Trato de demostralo con mis libros de poemas : “Reminiscencias de mi juventud, Poemas" (1994), "Miscelánea de muertes, sueñosy recuerdos, poemas" (1995), "La realidad de mis silencios, poemas" (1997) y "La travesía de la vida, poemas" (2001).Siempre escribo para aprender de los demás, de sus críticas, de sus consejos...He tratado de no mentir, más uno lo haría en dos casos muy concretos: a) para salvar la vida de un ser humano, y b) para elogiar la belleza de una mujer –parto de la base de que para uno existen tan sólo mujeres menos guapas, pues toda mujer tiene su encanto...-.

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