Sábado 10 de diciembre de 2016,
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Endika De la Calle: una opción personal

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Un día te das cuenta de que nada es lo que es, que nos han trasladado desde nuestro espacio al de otros

El color ha cambiado, poco a poco y sin saber muy bien si ha sido la luz o alguien venía mientras descansaba y nos cambiaba el mundo de color. Un día de repente te das cuenta de que nada es lo que es, que nos han trasladado desde nuestro espacio al de otros. Cierras los ojos para forzar el recuerdo, casi perdido, de cómo era todo hace unos cuantos años. Hoy mis brazos extendidos rozan las paredes donde vivo, largos pasillos en una variedad monocromática donde escasean las ventanas y todas miran a un destino. Un destino incómodo y no querido que, sin embargo, parece ser el que es, el único que fue y por supuesto el que será.

Incómodo gritas, ensucias las paredes que no te gustan, te vas reuniendo con más personas que, como tú, se atreven a levantar su voz, a mostrar su enfado. Reclamas día tras día algo que fue, sin embargo el proceso sigue. Las luces bajan y los pasillos se alargan y al estirarse las ventanas se hacen más estrechas y piensas “a esta marcha llegará el día en que se cerrarán”. Gritas más alto… nos juntamos más. La desorientación se desvanece pues parece que solo hay un camino que andamos sin querer ir, ya estamos orientados pero no hemos sido nosotros los que hemos decidido ese norte.

Nos han llevado, y nos hemos dejado, a una situación insostenible que se sostiene, a lo inadmisible que se admite, a la injusticia del derecho y a la comunidad del egoísmo

Te levantas todos los días con cien mil razones para chillar, para luchar. Siempre lo hiciste, son muchos años de luchas, pero esta vez hay algo diferente. Es como si en ese tiempo transcurrido hubiéramos perdido el pulso del hecho. Cada vez se nos permite decir menos, aunque no por ello dejamos de decirlo. El hacer queda más lejos, a veces olvidado.

Me llamo Endika de la Calle y no hace mucho, leyendo un interesante artículo, terminé de entender que no es verdad. No es cierto nada de lo que vemos ni de lo que nos dicen. La confusión es grande pues nos han llevado, y nos hemos dejado, a una situación insostenible que se sostiene, a lo inadmisible que se admite, a la injusticia del derecho y a la comunidad del egoísmo, ante todo lo cual gritamos… pero hemos de ir más allá. Hoy defendemos que las ventanas no se estrechen más, que no baje más la luz pues no lo soportaríamos. Pero la verdadera oscuridad la han, la hemos, creado dentro de nuestras vidas y es allí donde hay que librar esta batalla. Es bueno que nos juntemos, que gritemos, que nos reforcemos en el grupo, pero el pasillo no existe. Es virtual. Esa no-realidad está dentro de nosotros. Somos nosotros quienes tenemos todo el control sobre la misma. He decidido por lo tanto, romperla. Eso es lo que pienso hacer.

Para romperla no necesito a nadie, ni que suceda nada, sólo he de querer hacerlo. Las consignas que nos lanzan para obedecer, los argumentos y las razones inventadas, no han de encontrar en mí escucha ni obediencia.

Sé perfectamente que vivimos en un planeta enfermo que quiero cuidar, sé que somos muchos y que todos somos iguales, sé que encuentro sonrisas en mundos donde sólo se nos dibujan necesidades y desgracias y sé que nadie va a hacer por mí lo que tengo que hacer yo.

Así pues, yo, Endika de la Calle, inicio hoy mismo un camino que no reconoce el decorado impuesto y voy a caminar en dirección al aire y la luz desde la verdad de lo que soy, con el destino de la coherencia. Ésta es mi cruzada y ésta es mi revolución.

Os contaré de los avatares del camino y seguro que me alegraré al ver cuantas de vosotras, personas de voluntad, he de encontrar andando hacia su coherencia con generosidad y empatía.

Espero y deseo encontrarte, compañera, compañero.

Endika de la Calle
Nittúa


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