Martes 25 de marzo de 2014,
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España-Marruecos: una relación sin vuelta atrás

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Juan Carlos I junto a Mohamed VI

Juan Carlos I junto a Mohamed VI

Siete millones de marroquíes hablan español, unos veinte mil estudian en los Institutos Cervantes (Marruecos ocupa el segundo puesto a nivel mundial en cuanto a la presencia de esta institución educativa, después de Brasil); un millar de empresas españolas operan en Marruecos, siendo esta una cifra en continuo crecimiento. Hoy, miles de españoles buscan trabajo; allí, al otro lado de ‘El Estrecho’, unos diez mil españoles trabajan en los más variados ámbitos, desde la hostelería y el turismo a la ingeniería, la pesca, la investigación científica, energías renovables, y un largo etcétera.

En España viven decenas de miles de marroquíes, estudian, trabajan, cotizan, viven, sufren y comparten alegrías y penas con los españoles. Hay cientos de matrimonios mixtos y nacen aquí segundas generaciones

España ha desbancado a Francia como socio comercial de Marruecos con unas relaciones comerciales que suponen unos diez mil millones de euros.

Marruecos, en plena crisis económica internacional, mantiene un crecimiento sostenido medio en los últimos diez años superior al cinco por ciento.

Por otra parte en España viven decenas de miles de marroquíes, estudian, trabajan, cotizan, viven, sufren y comparten alegrías y penas con los españoles. Ya hay cientos de matrimonios mixtos y nacen aquí segundas generaciones.

Las relaciones entre Marruecos y España caminan desde hace bastantes años muy bien, incluso en anteriores momentos, aún con situaciones de tensión, esas relaciones han encontrado en la fraternidad de las dos monarquías un elemento de estabilización permanente.

Los españoles conocen cada vez más Marruecos, no sólo por esos miles de compatriotas que viven y trabajan allí, sino porque otros miles hacen turismo en sus playas, o en el Atlas o en el Sáhara. Pero aún queda mucho por hacer, pues si bien es cierto que las relaciones de Estado son extraordinariamente buenas, tenemos que trabajar con especial intensidad para que las dos sociedades se conozcan más, para que nos dirijamos una mirada de confianza mutua, porque el futuro lo vamos a tener que hacer juntos.

Ciertamente hay actitudes cicateras que no ayudan a generar esa mirada de confianza, me parece que necesitan poner el énfasis en las dificultades más que en aquellas cuestiones que nos unen. Leí, días atrás, al periodista Ignacio Cembrero (El País) que llegaba a decir que nuestras relaciones con Marruecos ‘no son normales’. Hablaba de que había dificultades comerciales, que no tenemos con otros países, cuando eso no es cierto. El periodista de El País dice que no tenemos problemas con Gibraltar, ni con Francia, entre otros lugares. No parece recordar Cembrero que hemos tenido problemas con Francia (incluso compartiendo espacio en la Unión Europea) cuando nos han volcado camiones durante años. No parece saber este periodista (debe saberlo pero no lo recuerda) los continuos problemas con el escondite de dinero negro en el que se ha convertido el Peñón o los permanentes encontronazos con las patrulleras de la Guardia Civil. Pero miente, con descaro además, en cuestiones como el diferendo saharaui diciendo que de eso no se habla en las relaciones bilaterales, cuando es clara la posición de España de que se llegue a una solución en el marco de las Naciones Unidas.

El mejor ejemplo del buen nivel de las relaciones entre los dos países es la visita de Estado que estos días atrás ha dirigido el Rey de España y el Gobierno

Me parece que algunos periodistas necesitan, para mantenerse en el machito, hablar, incluso recurriendo a la exageración, de las relaciones entre Marruecos y España dirigiendo cicateramente y de forma permanente una mirada negativa; ¡allá Cembrero y otros!, en mi opinión tenemos el mejor ejemplo del buen nivel de las relaciones entre los dos países en la visita de Estado que estos días atrás ha dirigido el Rey de España y el Gobierno, acompañados de empresarios, rectores de universidad, y casi todos los ministros de Exteriores españoles de la Democracia al Reino de Marruecos. Ha sido un éxito de la diplomacia de los dos países y no se trata de algo improvisado, sino que ha sido fruto de que las relaciones bilaterales -entre ambos lados del estrecho- son buenas, son normales, por más que Ignacio Cembrero, tan dado a negar cualquier mérito a nuestro país vecino, se empeñe en decir lo contrario.

Durante el encuentro empresarial hispano-marroquí, don Juan Carlos puso de relieve que “las relaciones entre España y Marruecos son de una gran densidad, como lo testimonia el ritmo de reuniones y de contactos a todos los niveles. Nuestros dos Gobiernos han sentado las bases de una nueva Asociación Estratégica. Esta asociación debe elevar el nivel de nuestras relaciones a un nuevo estadio, a través de un diálogo político reforzado, de un nuevo partenariado económico y de una ambiciosa agenda de contenido social y cultural”.

Don Juan Carlos calificó como “un ejemplo muy valioso de apertura y de estabilidad” las reformas emprendidas bajo las orientaciones de Mohamed VI y la aprobación de la nueva Constitución, “una apertura y una estabilidad que redundan de manera positiva en el contexto regional y en el de nuestras relaciones bilaterales”. El Rey, durante el encuentro de rectores de universidades españolas y marroquíes destacó la “cooperación reforzada que en materia universitaria nuestros dos países se han comprometido a promover con el objetivo de generar conocimiento e ideas innovadoras que contribuyan al desarrollo económico y social a ambas orillas del estrecho. El horizonte final es la creación de una red universitaria hispano-marroquí que se convierta en un auténtico referente para la cooperación entre nuestra dos regiones”.

¿Qué pueden surgir dificultades? Nadie lo niega pero, precisamente por la calidad de las relaciones, existen espacios comunes e instrumentos que van a operar en la resolución de las mismas

“No cabe duda de que -continuó don Juan Carlos- por cercanía y amistad, las juventudes de Marruecos y de España están llamadas a beneficiarse mutuamente de esa oportunidad”. También don Juan Carlos quiso agredecer a Marruecos “por acoger con hospitalidad esta amplia red educativa española aquí instalada” y puso de manifiesto que “en nuestro pasado compartido encontramos la convicción y la fortaleza necesarias para impulsar el mejor desarrollo de las relaciones entre nuestros dos países que aspiran a trabajar juntos para alcanzar un futuro de mayor prosperidad”.

Cembrero olvida la, cada vez más intensa, cooperación entre las Fuerzas Armadas de los dos países, los servicios de inteligencia y policiales que, recientemente han dado como resultado la detención de terroristas y la desarticulación de estructuras criminales a un lado y a otro.

¿Qué pueden surgir dificultades? Nadie lo va a negar pero, precisamente por la calidad de las relaciones, de surgir esas dificultades existen espacios comunes e instrumentos que van a operar en la resolución de las mismas.

Las relaciones entre la Unión Europea y Marruecos caminan muy rápidamente hacia la plena implantación de un tratado de libre comercio y eso va a implicar unas relaciones más intensas, y será para bien… claro está que no faltará quien necesite seguir viendo todo de forma pesimista.

Editado por la Redacción: subtítulo, destacados e imagen

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