Lunes 05 de diciembre de 2016,
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Esperando la sentencia del Caso Hacienda de Cataluña: Félix Millet vs. Javier De la Rosa

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Insisto en la similitud, y no solo porque los dos personajes se muevan en las sombras del abogado Juan Piqué Pidal, abogado también de Jordi Pujol

Uno de los espectáculos más deprimentes del juicio, los hubo varios, como los falsos testimonios, fueron los ataques mutuos entre Javier de la Rosa y Juan José Folchi. Dos abogados a la altura de simples chorizos. Dos personajes de la ‘Gran Corrupción’ que cruzan sus vidas en 1981, uno como destacado político (concellé de la primera Generalitat) y el otro como empresario-banquero, ¡pagando!

¿Para cuándo, pues, elecciones primarias en los partidos, listas abiertas, y que los elegidos no deban el voto a sus líderes sino a sus votantes?

La escena, si leemos entre líneas, se muestra clara en la página 6 de un acta del tomo 24 del sumario. Ver en imágenes del blog La gran corrupción. El chantaje de un político, Folchi, conocedor por su posición en la UCD de Adolfo Suárez de lo ocurrido en el Consorcio de la Zona Franca de Barcelona, el desfalco de 10.000 millones de padre e hijo De la Rosa. El banquero, consciente que puede acabar en La Modelo, paga. Y antes ya habían pasado por el Banco, sabido por noticias y declaraciones en inútiles procedimientos judiciales, los hombres de Narcís Serra y Pascual Maragall, que entonces actuaban a lo Filesa, chantaje puro y duro. Hasta que entre unos y otros acabaron con el Banco Garriga Nogués, 100.000 millones de pesetas de los 80, desaparecidos.

Pero el acta da un salto en el tiempo, diez años, y nos encontramos a los mismos personajes en la gran estafa de Gran Tibidabo (30.000 millones a unos 9.000 ahorradores, y no se sabe cuántos a La Caixa), y en la mayor de KIO (500.000 millones). Todos, ¡todos!, los partidos mayoritarios en España subidos a lomos del gran pagano, al que sitúan al frente de Gran Tibidabo precisamente por su facilidad para el reparto… y otros diez años después los mismos personajes, más la nueva savia política, rodean y cobran de Félix Millet, que si como estafador no está a la altura de Javier, sus métodos y los de los políticos que le rodean son los mismos. Y si las cifras de Millet son modestas en comparación con las de Javier, no así las que se presumen tras el caso Pretoria, por el momento dormido en sede judicial, donde puede acabar en nada como el caso Casinos (monopolio de los casinos en Cataluña), y tantos otros casos con los mismos personajes.

30 años de corrupción a gran escala gracias a un sistema político que permite enquistarse a puros rufianes. O gracias a la genial Fiscalía de los fiscales jefes ‘vitalicios’ Carlos Jiménez Villarejo y José María Mena, de Franco al PSUC.

Al releer el acta del 11 de enero de 2001, donde además se leen actos de puro gansterismo, repito por tercera vez un párrafo de una de tantas noticias sobre el Palau de la Música:

Antonio Fernández.- 09 de julio de 2010 (06:00h), en elconfidencial.com:
“La Santa Espina. Así era el nombre clave de una cuenta en Suiza que algunos empresarios españoles conocían muy bien. Por ejemplo, Javier de la Rosa. El emporio de KIO, que entonces manejaba el financiero catalán, había enviado dinero a la cuenta cifrada a nombre de La Santa Espina. Al final, resultó que detrás de tan sonoro nombre estaba Jaume Camps, diputado de Convergència i Unió (CiU) y ex miembro del Consejo Consultivo de la Generalitat (similar al Consejo de Estado del Gobierno central)”.

30 años de corrupción a gran escala gracias a un sistema político que permite enquistarse a puros rufianes

E insisto, en este juicio donde Hacienda, ¡esperpéntica escena del teatro del absurdo!, reclama vía impuestos su parte de las ganancias de un generalizado latrocinio desde el poder, no aparece nadie significativo de ese poder, simplemente porque no se ha profundizado ni en las cuentas suizas ni en los pagos en España.

Oímos a Rajoy en el Pleno por el debate del Estado de la Nación pedir unas elecciones anticipadas, que a buen seguro no solucionarán ni la catastrófica situación económico-financiera española, ni menos barrerá de la política un modo de hacer y enriquecerse fiel herencia del franquismo.

Y de nuevo la pregunta, ¿para cuándo, pues, elecciones primarias en los partidos, listas abiertas, y que los elegidos no deban el voto a sus líderes sino a sus votantes? Barrer y limpiar la política.

Por cómo me desea un comentarista, que si soy de 1940, por suerte, ¿para él?, el abuelo durará cuatro telediarios, dice ¿un aviso?, desearía ver antes de morirme una verdadera y efectiva ‘democracia’ en España, que si presumo no arreglará nada, cuanto menos, repito por enésima vez, levantará las alfombras del Ayuntamiento de Barcelona, y sabré el por qué de mis tres años preventivo en La Modelo, 1980, y los que siguieron causa-efecto de lo mismo, la ‘Gran Corrupción’.


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