Jueves 29 de septiembre de 2016,
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Fomentar la guerra es un negocio

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El negocio de los fabricantes de armas, para así venderlas y matar seres hambrientos, para que se mueran antes y después caer en el olvido: dinero negro ganado que nuestros ojos ven y nuestros oídos escuchan todos los días del Señor

Hay mucho de verdad cuando decimos –se dice–: qué es necesario hacer y qué no es necesario hacer en una guerra; que es un crimen valerse de la represalia sobre la población civil; que es un crimen matar niños/as indefensos; que es un crimen bombardear hospitales, donde están agonizando cuerpos heridos mortalmente y fluye sangre roja y viva por sus abiertas heridas hacia la muerte; que es un crimen arrojar bombas sobre escuelas, que sirven de refugio para mujeres con sus hijos: momentos vividos durante el ardor bélico de las contiendas entre los pueblos del mundo, y cuando nuestra mente no piensa los suficiente para comprender los ‘crímenes’ que cometemos en tiempo de guerra…

Todo lo reseñado anteriormente son hechos abusivos, desproporcionados, inhumanos, salvajes, dantescos, que no van a influir en el desenlace de cualquier batalla: la siempre mal llamada y consentida, muchas veces, guerra. Y es que partimos siempre de la base, sin duda, de que “fomentar la guerra es un negocio de los fabricantes de armas, para así venderlas y matar seres hambrientos, para que se mueran antes, y después caer en el olvido: dinero negro ganado que nuestros ojos ven y nuestros oídos escuchan todos los días del Señor”.

Pero ‘la guerra’ es otra cosa. Ésta es una contienda a muerte entre adversarios, que existe desde que el mundo es mundo. Porque la guerra conlleva cambios sociales bruscos, que han de influir más tarde, y a las pruebas me remito, tanto en los militares como en los civiles: traumas psíquicos, trastornos mentales, depresiones, falta de acomodación a la vida normal de las personas, situaciones violentas en los entornos familiares, etc., etc.

La población civil también sufre las consecuencias de la guerra, que se manifiestan con la aparición de distintos trastornos psicopatológicos, ya que los civiles aguantan los bombardeos, violencia y malos tratos si la ciudad en la que habitan se ve invadida por el enemigo, penalidades, pérdida de seres queridos, calamidades económicas, etc.

En esta terrible fotografía de ‘Niña huyendo quemada’ por el Napalm (Guerra de Vietnam, 1965-1975), o también conocida como ‘Niña de Vietnam’, el fotógrafo, Nick Ut, pinta el miedo y el terror, que se ve y se toca, y que lleva dentro de su corazón esta pobre niña llamada Phan Thi Kim Phuc. La imagen fue enviada y al día siguiente fue portada en diarios de todo el mundo. Fue considerada ‘Foto del Año’ del World Press Photo de 1972, y en 1973 recibió el Pulitzer. También ha recibido otros importantes premios de fotoperiodismo. ¡Ésto es la guerra!

Los Estados Unidos de América es un país que, respirando armas para matar por los cuatro costados –de norte a sur y de este a oeste–, siembran de muerte el mundo entero, pues es el primer productor y exportador de éstas: las armas, muchas veces, sólo sirven para matar. Matar por matar: es la triste realidad con la que nos encontramos todas las mañanas, aún con el café humeando de caliente, y abrimos cualquier periódico que nos echamos a las manos. Y ellos, los norteamericanos, al levantarse y leer diarios, sin duda están respirando armas para matar que siembran la muerte en el mundo entero. (Confucio, y en sus Diálogos, manifestó: “El Gobierno es bueno cuando hace felices a los que gobiernan y atrae a los que viven lejos”.)

No hay que olvidar que, aquellos que compran sus armas [a EE.UU.], llegan a ser sus mejores amigos, y que estos últimos y los primeros prueban las armas –su eficacia–, sobre seres humanos

Es paradójico el comprobar que, siendo el año 2009, próximo pasado, la fecha que marcó la crisis económica que actualmente aún estamos viviendo, los norteamericanos han gastado muchos dólares en la compra de armas, que muchas veces sólo sirven para matar y que las carga el diablo, como reza el famoso y antiguo dicho, aunque personalmente, entiendo que las cargamos las personas de carne y hueso. Y es que el espectacular aumento de venta de éstas, se debe, en principio, a la sensación de inseguridad que están sufriendo los ciudadanos norteamericanos en sus propias carnes: el generador del horror que producen las armas vive en EE.UU., y se lee en sus caras, fomentado y desarrollado por tantas alarmas contraterroristas, que conllevan en el interior de sus corazones… muertos de miedo (lo cual es natural).

Porque el presupuesto de guerra de los Estados Unidos de América es el que ocupa la cota más alta del mundo, y este país posee (vuelvo a insistir en decirlo) una muy próspera –la mayor del mundo–, industria armamentista. No hay que olvidar –ni por un momento–, que, aquellos que compran sus armas, llegan a ser sus mejores amigos, y que estos últimos y los primeros prueban las armas –su eficacia–, sobre seres humanos. Y, sin embrago, estos buenos y entrañables amigos americanos del norte proclaman a los cuatro vientos e invitan al ‘desarme mundial’. Uno no lo entiende, y el señor Obama –44º presidente de los Estados Unidos–, tampoco: paradojas de la vida. Barack Obama sabe muy bien que el horror exportado, las armas, siempre tienen billete de ida y vuelta.

Para una gran parte de nosotros –los lectores–, el periodismo de investigación y los corresponsales de guerra están constituyendo una especie de balanza de control frente a los abusos del poder. Y es que los medios de comunicación se han tenido que encargar últimamente del trabajo ingrato –desagradecido, diría yo–: denunciar con pruebas fehacientes supuestos delitos de corrupción para que los tribunales de justicia obren en consecuencia. Uno piensa que los periodistas –cronistas de guerras–, no están en posesión del ‘don’ de la inefabilidad, pero rectifican cuando equivocan: la prensa juega limpio.

Mariano Cabrero es escritor


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Sobre el autor

(...)He nacido en Madrid, 8 de Noviembre de 1938. Estoy casado y con dos hijos. Soy esscritor, poeta y ensayista. Funcionario de La Administración del Estado(escala Ejecutiva), jubilado, pero con unas ansias enormes de seguir escribiendo para aprender de los demás. Informar, tratar de ilustrar y entretener forman parte de mi bagaje cultural, que renuevo a diario. Y en todo momento trato de transmitir tranquilidad y esperanza a la sociedad actual: todo dentro de una ética periodística adecuada a cada momento. Busco como articulista el informar cuanto antes lo que acontece a mi alrededor. Lo demuestro con mis humildes obras( hijos propios salidos de mis sueños): "Periodismo: ¡Difícil profesión!" (1995) y "Mi compromiso con el periodismo" (1998). Intento penetrar en el difícil mundo de la poesía, y lo lleva a cabo con silencios, diálogos con muertos y con la exaltación del amor a la mujer: el ser más maravilloso sobre la tierra. Trato de demostralo con mis libros de poemas : “Reminiscencias de mi juventud, Poemas" (1994), "Miscelánea de muertes, sueñosy recuerdos, poemas" (1995), "La realidad de mis silencios, poemas" (1997) y "La travesía de la vida, poemas" (2001).Siempre escribo para aprender de los demás, de sus críticas, de sus consejos...He tratado de no mentir, más uno lo haría en dos casos muy concretos: a) para salvar la vida de un ser humano, y b) para elogiar la belleza de una mujer –parto de la base de que para uno existen tan sólo mujeres menos guapas, pues toda mujer tiene su encanto...-.

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