Viernes 20 de enero de 2017,
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Gotas de rehabilitación y esperanza

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Tres alcohólicos del programa de rehabilitación esperan en la puerta de Casa Belén

TEGUCIGALPA.- En la colonia Belén, un antiguo núcleo de prostitución en Tegucigalpa, la capital de Honduras, se encuentra una casa del mismo nombre que, como le dije al padre Ramón, el alma máter de esta iniciativa, “no es peloteo, pero hasta ahora es el proyecto que más me ha gustado de todos“.

Incluye galería fotográfica del reportaje

En el año que lleva funcionando, por Casa Belén han pasado decenas de alcohólicos, vulgarmente conocidos como “bolos”, a los que el padre Ramón y los voluntarios cambian gotas de alcohol y desesperación por gotas de rehabilitación y esperanza.

Todos padecen exclusión social, pues a pesar de tener familia, su entorno les ha desahuciado y se ha desentendido de ellos. Algunos son buenos profesionales de la carpintería, por ejemplo, pero el alcohol les ha sumido en un profundo laberinto del que intentan salir con las charlas que reciben en Casa Belén de lunes a viernes.

En Casa Belén ofrecen comidas a cambio de que los alcoholicos acudan a charlas para curar su dependencia y los analfabetos aprendan a leer y escribir
[…] cómo se afanaba en escribir una y otra y otra vez la “e” chupando el lápiz antes de cada intento, y de las increíbles ganas que tiene de dejar de ser analfabeta

El proyecto me pareció fantástico, pero yo me preguntaba cómo convencer a una treintena de alcohólicos desahuciados de que deben acudir a una charla para rehabilitarse… “Con la comida”, me contestó el padre Ramón. Y así es, en Casa Belén se sirven entre 60 y 90 comidas diarias, tanto para este grupo como para los adultos que de 13 a 15 horas, cada día, acuden para aprender a leer y escribir.

Estuve con ambos grupos, y también en la consulta médica que por 50 lempiras (dos euros) atiende a todo el que lo necesita. Lo primero que hice después de conocer las instalaciones fue bañar a una niña de cuatro años que tenía una fiebre de 38,7ºC. Y, más tarde, ayudé a servir la comida a los dos turnos que se organizan.

Después de almorzar (ya sé por qué la comida de Casa Belén tiene tanta fama) y de saborear el cafecito y las galletas que sacaron en mi honor porque era el 26 de julio (Santa Ana), me apunté a la escuela de adultos. Mientras que Otto, el profesor, enseñaba algunas consonantes a los más avanzados, yo me quedé con Vilma Lisbeth Sánchez, una mujer que aún está aprendiendo las vocales.

No me podía creer que confundiera la “e” con la “i” y la “o” con la “u”. De hecho yo le decía “e” y ella contestaba “i”. Nunca me había dado tanta cuenta como ahora del increíble patrimonio que es saber leer y escribir, pues ni siquiera recuerdo cuándo o cómo aprendí, pero desde luego que es algo básico y fundamental para cualquier persona.

Siempre me acordaré de Vilma Lisbeth, de los ejemplos que le puse (a de árbol, e de estrella, i de isla, o de oso y u de uva), según lo que vi que se enseña a los niños de cinco años, de cómo se afanaba en escribir una y otra y otra vez la “e” chupando el lápiz antes de cada intento, y de las increíbles ganas que tiene de dejar de ser analfabeta. Impresionante.

 

El Reportaje en imágenes

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Ana bañando a una niña de cuatro años que tenía 38,7 de fiebre
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Después de la charla o antes de la clase, todos reciben un plato de comida y agua

 

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Dos cocineras preparan el almuerzo para entre 60 y 90 personas, según el día

 

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El padre Ramón (camisa de cuadros) supervisando las obras de ampliación de Casa Belén

 

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La fachada de Casa Belén, situada en el barrio del mismo nombre

 

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Vilma (camiseta roja) y su compañera están aprendiendo a leer y escribir

 

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Una treintena de alcohólicos asiste diariamente a una charla

 

 

 

 

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Sobre el autor

3 Comentarios

  1. Anónimo 10/04/2009 en 15:12

    Buen trabajo
    Me parece increible lo que haceis y estoy hablando para irme alli un tiempo, espero que pueda ser. En cuanto a lo de las fotos me parece importante que se hagan, el mundo debe conocer lo que alli hacen y que así más personas puedan ir a pasar un tiempo trabajando por los demas

  2. Anónimo 14/08/2007 en 19:17

    No se, Ana, no son monos. ¿Como puedes ponerte a pensar en fotos mientras bañas a una niña con fiebre? Es del todo antinatural tambien que digas “ana bañando”, “ana con los niños”, etc. Conste que es una critica constructiva y que ole tu voluntad y tu buena intencion, pero creo que puedes ser un poco mas sensible y humana.

  3. Anónimo 08/08/2007 en 8:30

    sigue asi
    hola Ana, soy Javi -con el que hablaste en Madrid- . Me alegra mucho comprobar que Marta y tú estáis bien y aprovechando el teimpo fantásticamente. No me pierdo ni una crónica, y además es un material muy útil para futuros voluntarios. Seguid así. Un abrazo muy grande a todos alli.

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